Referendos en Bolivia: democracia directa y participativa

Hace varios años, con Benjamín Rodríguez, mi amigo aurorista y colega sociólogo, escribimos un libro que versaba sobre la disputa entre el presidente Evo Morales y los prefectos de la denominada “media luna”. Una pelea que se dirimió en 2008 con un inédito referendo por revocatoria de mandato. Fueron los años de “gobierno dividido”, “proceso constituyente” y “pugna vertical de poderes”. Por circunstancias que no vienen al caso mencionar, los resultados de aquella investigación quedaron archivados. Una pena, puesto que era (y es) el único estudio dedicado a ese peculiar evento de aquel intenso momento de polarización política. Por suerte, el Órgano Electoral Plurinacional desempolvó ese texto y el libro fue publicado en diciembre de 2015 con el título: Democracia participativa y crisis política.  Análisis de los resultados del Referéndum Revocatorio de Mandato Popular 2008.

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Un par de meses después, a principios de 2016, se realizó el  primer referendo para una reforma constitucional parcial. Su emblema: 21F. Los resultados de esa consulta definieron el curso del proceso político y plantearon nuevos desafíos investigativos: “control contramayoritario”, “democracia intercultural” y “redes sociales digitales”. Con Benjamín (el tiempo es circular, dizqué) escribimos otro libro para analizar esa consulta. También fue a instancias del Órgano Electoral Plurinacional, que lo publicó con el título Urnas y democracia directa. Balance del Referendo Constitucional 2016.

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Ahora los comparto en PDF para su atenta y generosa lectura.

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Un pensamiento en “Referendos en Bolivia: democracia directa y participativa

  1. Jacob Cardozo dice:

    El voto hace a la democracia como la alfabetización a la literatura.
    Solo el voto informado, sopesado en base a criterios fundamentados y equilibrados, y no sesgado por la propaganda de cualquier lado, construye una democracia. Si se vota en base a consignas, por presión, por rechazo, con las hormonas y al-aquete, la acción mecánica de votar no constituye, ni por asomo, una democracia participativa.
    Uno habrá aprendido a leer y escribir , pero eso no lo hace un lector, ni escritor ni pensador. El votante como agente democrático tiene que haber analizado sus opciones de manera acuciosa, penetrante, informada, equiibrada, cerebral para que el agregado de los votos signifique una pronunciación de valor social, de inteligencia colaborativa y colectiva.
    El regreso del autócrata Paz Estenssoro, del dictador Banzer, y votaciones posteriores a las dictaduras militares reflejan que las elecciones fueron pobres y mal concebidas.
    La inteligencia de las multitudes solo se da cuando son expertos en el tema o casi, de otra manera solo es un agregado amorfo.

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