¿Fin de ciclo?

Publicado en mi columna de La Razón, 17 de diciembre de 2015

Hace un par de semanas estuve en Buenos Aires. Un seminario sobre “Las elecciones en América latina y la dimensión poselectoral de las democracias” reunió a varios investigadores en el Instituto Gino Germani, coordinado por Isidoro Cheresky. En el panel dedicado al caso argentino fue predominante una idea general: la victoria de Mauricio Macri se explica más por los errores del kirchnerismo que debido a los aciertos de Cambiemos. El evento concluyó con una mesa redonda realizada en la Universidad de Buenos Aires que, según una crónica publicada en Página 12, se resumió en dos ideas: el desafío de trascender los liderazgos y los límites del modelo económico neodesarrollista. Tuve el placer de compartir esa mesa con Manuel A. Garretón de la Universidad de Chile, Alberto Olvera de la Universidad Veracruzana de México y Carlos “Chacho” Álvarez, ex-vicepresidente argentino.

Las reflexiones giraron en torno a cierta turbulencia que caracterizó a la política latinoamericana en las últimas semanas. La derrota del kirchnerismo en los comicios presidenciales, la previsible victoria de la oposición en las elecciones legislativas en Venezuela, el intento de proceso de enjuiciamiento para la destitución de Dilma Rousseff, las enmiendas constitucionales en Ecuador para incluir la reelección indefinida de Rafael Correa después del próximo período presidencial y, en Bolivia, el referendo para aprobar o rechazar una reforma constitucional parcial que habilitaría a Evo Morales para postular en las elecciones de 2019.  En suma, un cuadro complejo que afectó y afecta a los gobiernos progresistas que formaron parte del denominado “giro a la izquierda”.

Algunos se adhieren a la hipótesis lanzada por circunstanciales analistas mediáticos acerca de un supuesto “fin de ciclo populista”. Considero que es un equívoco porque el cambio afecta –y en otros casos, podría afectar- el manejo del gobierno  pero no existen razones,  ni posibilidades, para un desmontaje de la ampliación de la democracia y del ejercicio de derechos, menos aún para un desmantelamiento de las políticas distributivas y redistributivas impulsadas por los gobiernos denominados “populistas” que impulsaron el protagonismo estatal.

No es viable, tampoco deseable, un retorno a la lógica del mercado; y esta renovación política no muestra figuras fuertes ni organizaciones políticas estables que cumplan lo que exigieron desde la barricada opositora: más y mejor institucionalidad democrática. Es suficiente observar las designaciones judiciales de Macri al mejor estilo de decisionismo presidencial (para no hablar de su bailecito de cumbia que merece un desagravio a Gilda) y las pugnas entre radicales y moderados en las filas de la oposición venezolana en su pugna con el gobierno. Lo que merece una reflexión específica es el rol del vínculo carismático. No es casual que Página 12 haya titulado su reportaje: “El desafío de trascender los liderazgos”,  puesto que el oficialismo venezolano llamó a votar por “el legado de Chávez”, el papel de Cristina Kirchner fue y será decisivo en la política argentina, la figura de Lula es crucial en la defensa de la presidenta brasilera, así como es previsible su candidatura presidencial. Otras rutas eligieron Rafal Correa y Evo Morales pero se ratifica la centralidad de sus liderazgos y la fortaleza de sus proyectos políticos. Tema para otra columna; sin aire navideño ni atmósfera de fin de año, menos de “fin de ciclo.”

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Página/12

DEBATE SOBRE LA ENCRUCIJADA QUE AFRONTAN LOS PROYECTOS PROGRESISTAS EN LATINOAMÉRICA

“El desafío de trascender los liderazgos”

En un encuentro organizado por la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), académicos e investigadores analizaron los cambios políticos planteados en los países de la región y reflexionaron sobre los límites del “modelo económico neodesarrollista”.

Informe: Matías Ferrari.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-287726-2015-12-07.html

El avance del juicio político sobre la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina marcaron el debate sobre los límites de los procesos políticos latinoamericanos para sostenerse y profundizar las transformaciones que introdujeron tras la larga noche neoliberal. Los intelectuales coincidieron en remarcar la “crisis” de los modelos brasilero, argentino y venezolano, y advirtieron que se avecinan tiempos “de cierto riesgo de cambio político” para la región.

“El desafío aún no resuelto para las democracias populares de la región sigue siendo trascender los liderazgos de sus fundadores”, señaló Alvaro Olvera. A partir de la falta de recambio dirigencial, “se plantean el límite electoral y el problema de la sucesión”, reflexionó, y tomó el ejemplo las enmiendas constitucionales que impulsan Evo Morales en Bolivia, para poder ser nuevamente reelegido en 2019, y el presidente de Ecuador, Rafael Correa, cuyo segundo mandato vence en 2017.

Olvera destacó la importancia de las reformas constitucionales que ya tuvieron lugar en Bolivia, en 2009, y en Venezuela, diez años antes. Para el teórico mexicano, este es el rasgo distintivo del eje del ALBA respecto de Brasil y Argentina, porque el proceso constituyente “fundó un nuevo orden social y político” posibilitado por “una democracia plebiscitaria” (en Venezuela se votó 27 veces en 16 años contando elecciones presidenciales, regionales, parlamentarias, y referéndum varios), lo que permitió “barrer con las estructuras conservadoras y recrear el concepto de Estado Nación”.

“Ni Evo ni Correa tienen mucho margen” para reformar la Constitución, advirtió Fernando Mayorga. En el caso de Bolivia, porque “será la primera vez que Evo se enfrente a sí mismo y no a una oposición claramente antagónica”; y en Ecuador, debido al “debilitamiento de la imagen presidencial, sobre todo entre los habitantes de las grandes ciudades”.

“Las democracias de América latina viven momentos de definición, que tienen que ver con sus propias características intrínsecas: los cambios más o menos profundos en cada país fueron posibles a través de elecciones democráticas, y es este mismo límite electoral, constitucional, el que plantea el problema de la sucesión”, definió Olvera.

“Voto fluctuante”

El sociólogo chileno Manuel Garretón comparó el triunfo de Mauricio Macri el 22 de noviembre con la llegada al poder en Chile del también empresario Sebastián Piñera, que ganó las elecciones en 2010 y entregó nuevamente el mando a Michelle Bachelet en 2014, con índices muy elevados de desaprobación. “A Piñera lo acompañó un voto castigo al gobierno de Bachelet. En Argentina pasó lo mismo: no ganó Macri, perdió el kirchnerismo”, opinó. En su exposición, Garretón se refirió a los problemas estructurales que los gobiernos progresistas no resuelven, razón que explica que las oposiciones de derecha puedan acceder al gobierno, cosechando el descontento generado por reivindicaciones sin respuestas. “No podemos hablar de que se completó la democratización política en Chile con una Constitución heredada de la dictadura. Tampoco se superó el modelo diagramado por una minoría: antes del golpe, la educación pública acaparaba el 80 por ciento de matriculados, y después del golpe, la ecuación es al revés y el 80 por ciento estudia en universidades privadas”, subrayó.

En la misma línea, Olvera advirtió “la presencia de un voto fluctuante de protesta, por los propios límites que afrontan las democracias para resolver problemas estructurales”.

Avances y deudas

“La integración fue mucho más ideológica que productiva”, afirmó Chacho Alvarez, que realizó un balance crítico a diez años de la histórica Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, en 2005. Alvarez resaltó la importancia de la Unasur y la Celac “como unidad política”, aunque lamentó “la falta de integración productiva” entre los países. “No se transformó la matriz productiva latinoamericana, y no se logró dotar de independencia a las economías locales respecto de los vaivenes externos”, remarcó.

Para Alvarez, el primer riesgo del fortalecimiento de la derecha es que el proyecto bolivariano pierda “volumen político”. “Lo que resta saber es si América latina podrá ser un actor entre los grandes bloques que se están armando en el mundo –concluyó–. Hay que tener paciencia estratégica.”

 

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