Marzo, división vertical y después

Publicado en mi columna dominical en La Razón, 12 de abril de 2015

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Marzo-division-vertical-despues_0_2250974945.html

Un rasgo novedoso del “proceso de cambio” en Bolivia es la configuración de un complejo escenario político debido a la combinación de dos lógicas de distribución de los recursos institucionales de poder que inciden en el proceso decisional, o sea, en “el arte de gobernar”. A la convencional distribución horizontal que define las relaciones entre el Ejecutivo y el Parlamento se sumó —desde 2005— una distribución vertical del poder que define el nexo entre el presidente y las autoridades departamentales. Antes la distribución del poder se limitaba al ámbito parlamentario y se definía bajo el fantasma de la ingobernabilidad, incentivando la formación de coaliciones mayoritarias (la denominada “democracia pactada” vigente entre 1985-2003) en respaldo del presidente. La elección de prefectos en 2005 mediante voto popular sentó las bases de una división vertical de poderes que, con la implementación de las autonomías departamentales desde 2010, se institucionalizó como un rasgo del Estado Plurinacional.

Utilizo esa distinción para evaluar los resultados departamentales del último domingo de marzo, no obstante la elección de un tercio de gobernadores se definirá en segunda vuelta. Por ahora, cuatro gobernadores son oficialistas y dos opositores. Excepto en Santa Cruz, el MAS tendría mayoría en las asambleas departamentales, y es probable que la mayoría de los gobernadores sean de la oposición, aunque ese vocablo solo sirve para designar a los rivales del MAS, no caracteriza a un actor específico, menos una coalición.

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Es suficiente contraponer a Rubén Costas y a Félix Patzi para distinguir posiciones opuestas (liberalismo y comunitarismo) en la crítica al masismo. Algo similar ocurre con Adrián Oliva en Tarija y Damián Condori en Chuquisaca. En fin, la oposición será un tema de análisis en otra ocasión, por ahora me interesa destacar la nueva configuración del campo político comparando la distribución horizontal y vertical del poder en las tres gestiones de Evo Morales. Desecho el inútil ejercicio de comparar los resultados de las elecciones subnacionales de marzo de 2015 y de los comicios generales de octubre de 2014, porque no sirve para debatir acerca de la hegemonía del MAS; eso vale solamente como distracción en los mass media y las redes sociales. Y en charlas de café.

La primera gestión del MAS -entre 2006 y 2009- se caracterizó por una intensa polarización política que se expresó institucionalmente en la coexistencia de dos figuras complejas: gobierno dividido y pugna vertical de poderes, porque el Senado era controlado por la oposición y se formó una coalición de prefectos hostiles al presidente. Esa pugna concluyó con el referéndum revocatorio. En cambio, entre 2009 y 2014, el MAS tuvo mayoría calificada en la Asamblea Legislativa y el control de siete gobernaciones. La segunda gestión de Evo Morales fue la fase de despliegue de la capacidad hegemónica del MAS bajo un gobierno que concentró los recursos de poder institucionales. Se fortaleció el decisionismo presidencial porque se debilitaron los controles de tipo multipartidario (carencia de pluralismo en el Legislativo) y de tipo contramayoritario (subordinación de otros órganos del Estado al Ejecutivo). También se acrecentó el centralismo por la precariedad de los gobiernos departamentales y el lento avance en la elaboración de estatutos autonómicos.

La tercera gestión del MAS presenta una combinación inédita, porque en octubre de 2014 se reprodujo la mayoría oficialista en la Asamblea Legislativa, y en marzo de 2105 se forjó una interesante división vertical de poderes. Es decir, no se repetirá la polarización conflictiva de la primera gestión (aunque en algunos departamentos, como La Paz, habrá “gobierno dividido”); tampoco se reiterará la supremacía oficialista de la segunda gestión (pese a que el MAS ganó casi dos tercios de alcaldías). Los resultados de los comicios subnacionales configuraron escenarios políticos pluralistas más proclives a la interacción política y a la colaboración intergubernamental. Además, la Agenda Patriótica 2025 puede incentivar acuerdos entre Gobierno central y gobernadores opositores, incluyendo a los alcaldes ajenos al MAS que vencieron en la mayoría de las ciudades capitales. Si se añade la realización de referéndums para aprobar cinco estatutos departamentales, es dable suponer que el “proceso de cambio” ingresará en una nueva fase en la construcción del Estado Plurinacional, siempre y cuando las políticas prevalezcan sobre la política y la calidad de la gestión se imponga a la racionalidad instrumental en los manejos gubernamentales.

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