INCERTIDUMBRES TÁCTICAS

En octubre se publicó mi último libro: Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía, editado por Plural con auspicio del PIEB y CIUDADANÍA.

Por eso comparto con ustedes en mi blog (pioresnada) algunos materiales:

– el Prólogo escrito por Fernando Calderón;

– un texto de Andrés Laguna publicado en Ramona y en su blog en busca del tiempo recuperado;

– un artículo de Rocío Annunziatta expuesto en el Seminario Internacional Escenarios post-electorales. Democracia, representación política y participación ciudadana en América Latina organizado por PNUD y CLACSO; 

– un par de notas periodísticas sobre la presentación de mi libro en la Vicepresidencia del Estado con la participación de Ximena Soruco y Álvaro García Linera. 

A ellos/as y a Vivian Schwartz, Carlos Camargo, Daniel Moreno, Godofredo Sandóval, José Antonio y Bernardo Quiroga les agradezco su apoyo y vocación para promover el debate sobre el proceso político boliviano. Intenso y desafiante.  De yapa, un par de entrevistas sobre el tema, sobre todo un diálogo con Ricardo Aguilar en Animal Político, excelente suplemento de La Razón, el diario que acoge mis columnas periodísticas cada quince días desde hace quince años.

PRÓLOGO de J. Fernando Calderón G.

El libro de Fernando Mayorga es parte de una colección que se inició en el 2003 y es a la vez la culminación de 10 años de trabajo de investigación y reflexión sobre la dinámica política boliviana contemporánea. Constituye, desde mi punto de vista, un referente fundamental para quien desee entender las transformaciones que ocurren en un país que sobresale en el contexto internacional por su creatividad sociocultural y política.

También, como corresponde a un trabajo serio, es un texto problemático que plantea límites y dudas sobre la realidad estudiada. Posiblemente por esto, el mismo Fernando tituló sus libros como: Avatares, Encrucijadas, Antinomias, Dilemas e Incertidumbres. Se trata de un proceso analítico por los corredores y laberintos de la nueva realidad política; y de la soledad del analista, también.

¿Dónde anida el sentido del cambio político? Es una de las preguntas fundamentales que recorre el texto. Para el autor parece ser que en la formación de una democracia intercultural. Esta sería la respuesta a la crisis de la democracia liberal que generó el proceso político boliviano. Respuesta tanto a la crisis e inflexión histórica nacional, como a la crisis generalizada a escala global de la democracia representativa. Desde Estados Unidos y Europa hasta América Latina, con la honorable excepción del Uruguay, en todas partes los partidos políticos tienen serios problemas de representación y de legitimidad.

La “vía democrática boliviana” es una experiencia novedosa, polémica y polemizante. Mayorga analiza cómo se vinculan una democracia comunitaria con otra representativa, otra participativa y yo agregaría otra plebiscitaria. Parece un laberinto institucional complicado.

Lo que aspiro en este Prólogo breve es a problematizar el libro desde una perspectiva más sociológica, consciente de que todo es política pero también de que la política no es todo.

¿Cuáles serían los fundamentos sociológicos de los cambios políticos en curso?

Trataré de colocar tres reflexiones derivadas de los planteamientos de Fernando Mayorga. La primera se refiere a la tesis sobre la continuidad y el cambio en el tiempo histórico, y trataré de indagar sobre los sujetos del cambio. La segunda, al “modelo boliviano” de desarrollo emergente. La tercera reflexión es sobre el lugar de Bolivia en la globalización.

Para entender la experiencia actual, parece fundamental situarla en el largo plazo. Tiene que ver con Charcas, la dominación colonial y los levantamientos de la época, pero también con la larga, diversa, complicada y conflictiva construcción social de la institucionalidad de la nación boliviana y de sus múltiples nacionalidades en el espacio original de Charcas. El actual Estado Plurinacional de Bolivia es un país con historicidad intensa y extraña. Las Fuerzas Armadas, por ejemplo, nacen de las guerrillas regionales de la Independencia, y Juana Azurduy de Padilla fue primero guerrillera y luego coronela a medias. O sea, en Bolivia la sociedad hace las instituciones y probablemente allí radique tanto su fortaleza como su debilidad. Fortaleza, porque muestra la capacidad de acción y creación colectiva. Debilidad, porque las instituciones no alcanzaron a ser eficaces y legítimas con la propia sociedad que les dio origen. En nuestro país, la ley difícilmente se cumple, hubo demasiados golpes de estado frustrados a lo largo de la historia y predomina una cultura política para-institucional. La ausencia de “minorías consistentes” explica en gran medida los límites institucionales del país, pero también las experiencias de explotación y dependencia que vivió. Pasó con la Revolución del 52 y también con la democracia reiniciada hace 30 años, para mencionar sólo dos hitos recientes.

En este ámbito hay problemas constantes como la estratificación de clase de origen colonial o la persistente cultura de “la negación del otro”. Son cuestiones que se han ido modificando y parece que hoy resultan fundamentales para auscultar las genuinas chances de una democracia intercultural.

A este propósito hace años concluimos con Jorge Dandler y otros colegas (ver La fuerza histórica del campesinado, CERES-UNRISD, 1984) la tesis de que el campesinado boliviano y andino era un sujeto de cambio político y cultural, que sus prácticas históricas no sólo habían modificado sus propias condiciones sino la de otros actores sociales y del propio Estado, e insistíamos en que su papel en el futuro sería fundamental. Es sobre esa experiencia histórica y cultural que estaría asentado el crucial protagonismo de campesinos, pueblos indígenas y originarios que impulsan el proceso de cambio actual. Pero, ¿qué características y probabilidades tienen y cómo entenderlos en una sociedad predominantemente urbana y global? Me parece que en vincular este tipo ideas descansan las chances genuinas de una democracia intercultural novedosa, proceso a veces confuso que sólo recién comienza.

Pero, ¿cuál es la actual matriz de actores sociales que impulsan el cambio? ¿Qué opciones de desarrollo son congruentes con esta búsqueda democrática y cuán sustentables son en una sociedad global del riesgo?

Desearía detenerme sólo en un actor por el carácter estratégico que tiene en el proceso de cambio: los campesinos colonizadores, particularmente del Chapare en la Amazonía boliviana. Sin ellos no se explica ni la asincronía del proceso de cambio ni el liderazgo de Evo Morales.

Los colonizadores son el resultado del agotamiento del minifundio en el occidente del país así como de las políticas impulsadas por el Estado del 52. Se trata de migrantes, sobre todo campesinos, de distintos ámbitos culturales y sociales andinos, de regiones con importantes rasgos de comunidad, como el Norte de Potosí, o de regiones donde la pequeña propiedad agraria tenía ya una larga persistencia histórica, como la de los valles cochabambinos. Pero también son el resultado de las crisis y los fracasos económicos en distintos momentos históricos, como por ejemplo la crisis del estaño y las reformas estructurales de los 80, y de la atracción inercial que ejercen la economía y el precio de la coca. Como sea, en su diversidad, son fundadores de una nueva configuración multicultural y social. Sus capacidades de sobrevivencia y desarrollo se inician con el acto mismo de su inserción tropical. Tienen que enfrentar una naturaleza dura y agresiva en condiciones muy precarias y producir arroz, plátanos, coca, etc. Al principio se suponía que en la diversidad productiva estaba la victoria económica y con ellos se tenía que enfrentar la agresividad de los mercados y de los intermediarios. Con el tiempo sólo la coca fue rentable y les permitió sobrevivir y a veces acumular al precio de la semi-legalidad y de enfrentamientos con el Estado y con la DEA. Las diversas políticas alternativas relativamente fracasaron. Y todo ello, como se sabe, está asociado con el poder del mercado internacional de la cocaína y de unas sociedades desarrolladas consumistas y en alguna medida en decadencia moral.

Sin embargo, lo que deseo resaltar es que con todas estas experiencias se formó un espíritu estoico y astuto, una clase dura, forjada en la resistencia de todo tipo; no una clase social “líquida”, sino sólida, y que se organizó en sindicatos como forma de vida local y, más adelante, gracias a la Ley de Participación Popular, municipal. La unidad y la creatividad permitieron la sobrevivencia.

A diferencia del sindicalismo minero de “masa aislada”, el sindicalismo campesino colonizador es más abierto y plural, sus relaciones con el exterior están sustentadas en relaciones campesinas de complementariedad con las comunidades de origen y en algunos casos, como en los valles de Cochabamba, con economías familiares diversificadas y complementarias. Sus relaciones con comunidades indígenas originarias de la Amazonía han sido a menudo ambivalentes y mutuamente suspicaces. Su presencia política en las calles de Cochabamba y La Paz fueron cruciales en el proceso político boliviano reciente. Se trata, pues, de una clase y un sindicato duros, con orientaciones ideológicas campesinistas y revolucionarias radicalizadas pero con prácticas concretas flexibles, con alta capacidad y habilidad para articular demandas maximalistas con resultados específicos. Es posible conjeturar que sobre ellos descansa, aunque no únicamente, la fuerza política del Movimiento al Socialismo (MAS), las alianzas sociales diversas y mutantes, la fuerza política del gobierno y la del propio Presidente Morales. ¿Quién hubiese pensado que campesinos pobres migrantes iban a hacer complejas alianzas sociales, entre otras, con intelectuales de clase media, con organizaciones vecinales de la ciudad de El Alto y con empresarios cruceños, así como negocios y sociedades con transnacionales del gas y el petróleo? “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…”, como dice la salsa caribeña.

La cuestión es si este actor, sus aliados y las nuevas elites políticas, con su identidad, sus conflictos y orientaciones, podrán plasmar una democracia intercultural como la que argumenta Mayorga.

En relación con el “modelo de desarrollo” que sustentaría la democracia intercultural tengo la hipótesis de que la conjugación entre una orientación estatal y otra comunitarita, que predominó en los primeros años y que derivó en una nueva Constitución, ahora se inclina hacia la primacía de la primera sobre la segunda. El “modelo” tiene cada vez más como epicentro el Estado, el Ejecutivo y el rol carismático del Presidente Morales. Desde allí se articulan sus componentes básicos: por una parte, una gestión macro y microeconómica eficaz y eficiente, acorde con las prácticas internacionales, con niveles de ahorros extraordinarios y planes de inversión nunca antes vistos en la historia económica del país. Por otra parte, una política económica cada vez más desarrollista que descansa en una economía de exportaciones primarias y fuertes inversiones en la integración nacional desde infraestructuras de diverso tipo (camineras, de equipamiento, etc.) hasta inversiones en comunicación satelital. La presentación que hizo el Ministro de Finanzas en 2005 ante financiadores internacionales contempló planes de inversión hasta de 35.000 millones de dólares. Finalmente, tanto la gestión económica como las políticas desarrollistas se complementan con políticas populistas de integración y legitimidad nacional-popular en base a inversiones sociales y movilizaciones políticas. No se bajó solamente los niveles de pobreza, sino que se fomentó el empoderamiento y la autoestima de mayorías indígenas y comunitarias tradicionalmente discriminadas y negadas por el poder social y cultural prevaleciente en largos períodos de dominación, aunque no en todos.

Es en este ámbito que se plantean las posibilidades de una democracia intercultural que para Mayorga, con razón, supone una comunidad de ciudadanos. Sin negar importantes avances, y dada la diversa y compleja realidad boliviana, es lícito preguntarse si ésta tiene las chances de ser plenamente abarcativa. ¿Cómo se integran a ella las diversas minorías, que no son pocas? ¿Cómo se incluyen las libertades personales? El análisis que hace Fernando del conflicto del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure) es particularmente revelador de tensiones, debilidades y ambigüedades que acompañan este proceso político-cultural.

Por otro lado, si bien la legitimidad electoral es evidente, ¿cuán evidente es la calidad de la representación del sistema de partidos? ¿No será que el MAS es legítimo porque descansa en la figura carismática del líder y que más bien se experimenta una curiosa coincidencia entre legitimidad electoral subordinada a la legitimidad del líder, por lo menos hasta el momento?

La política continúa con fuerza en las calles. Bolivia es uno de los países con mayor nivel de conflictos sociales en la región. Parece que hoy se experimenta una pugna distribucionista vinculada a una revolución de expectativas que el mismo proceso generó y que los partidos de gobierno y de la oposición no alcanzan a procesar institucionalmente.

En síntesis, da la impresión que la interculturalidad democrática descansaría en una suerte de contradicción entre pluralismo político y hegemonía estatal.

El pluralismo político intercultural necesariamente es conflictivo e inclusivo, pero también inconcluso, pues toda democracia necesita renovarse constantemente. No es solamente responsabilidad del gobierno y la oposición, sino de la sociedad toda, de su capacidad de acción y autonomía; ella es la única garantía de una interculturalidad democrática sostenible. En este sentido, la única hegemonía democrática posible en un país como Bolivia sería la de un pluralismo político que, a mi juicio, es también la mejor pero no la más fácil manera de progresar democráticamente. En este marco, las nociones de “vivir o convivir bien” o la de “comunidad de ciudadanos” cobrarían un sentido diferente. Claro está, por otra parte, que así como la sociedad boliviana registra una notable fuerza creativa y deliberativa entre diferentes que buscan la igualdad, también tiene rasgos facciosos, clientelares y paternalistas, que limitan, cuando no destruyen, los mismos procesos de cambio que crearon.

Respecto a la situación de Bolivia en las dinámicas regionales e internacionales me parece fundamental asumir que los cambios experimentados son parte de una enorme y compleja mutación de los procesos de globalización y que afecta de distinta manera al conjunto de la región. En alguna medida la crisis del “modelo neoliberal” latinoamericano fue un antecedente de la crisis global actual que, por cierto, incluye una crisis de la convivencia multicultural. Hoy más que nunca resulta fundamental pensar globalmente. Por ejemplo, los cambios en la economía y la política en China tienen ya un impacto directo en la economía y política regional y nacional. Un orden multipolar está emergiendo con probables transformaciones importantes en la institucionalidad internacional. Cómo situarse frente ese orden parece ser una cuestión crucial.

Mayorga empieza a analizar esta nueva complejidad. Analiza comparativamente el sistema y el régimen político boliviano en relación con los países andinos y allí desliza comparaciones y conclusiones importantes. Sin embargo, a mi parecer, en la dinámica política y socioeconómica boliviana esos países son tan importantes como los del cono sur, particularmente Brasil y Argentina. En buena medida la interdependencia con estos últimos países y sus respectivos procesos políticos son cruciales para la dinámica política y económica boliviana. Sus conflictos y cambios afectarán con más fuerza que en el pasado.

¿Cuál es el futuro posible de la democracia intercultural? La verdad es que no se sabe. Lo que se sabe y se vislumbra en las argumentaciones de Fernando Mayorga es que el futuro de la democracia intercultural dependerá de si se expande hacia un pluralismo político o si se profundiza hacia una lógica estatista que reedite, finalmente, formas de dominación patrimonial y corporativa. El futuro nunca se supo de antemano, pero recordemos a Borges cuando decía: “Ya somos el pasado que seremos…”.

Buenos Aires, 20 de mayo 2014

Incertidumbres tácticas. Estampas nacionales

Andrés Laguna Tapia.  Texto leído en la VIII Feria del Libro de Cochabamba. Publicado en Ramona, artefacto cultural que se publica en el diario Opinión de Cochabamba.

Quiero comenzar agradeciendo a todos por su presencia y atención, pero en especial a Fernando Mayorga por invitarme a comentar su Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía. Tal vez está demás decir que es un honor y un placer tener la oportunidad de reflexionar en torno a la obra de uno de los intelectuales más importantes y lúcidos del país, pero creo que vale la pena recalcarlo.

A lo largo de mi vida profesional y académica mis preocupaciones esenciales y mis mayores esfuerzos han sido dedicados a reflexionar sobre el cine y la literatura, con especial énfasis en las obras realizadas en Bolivia. A través de la lectura de ciertas expresiones culturales, lo que he pretendido ha sido entender mínimamente a nuestro complejo y contradictorio país. Guardando las grandes distancias, intuyo que ese es uno de los gestos que me une a Fernando Mayorga y que justifican mi presencia esta noche. Ambos le hemos dedicado nuestra vida profesional y académica a intentar dilucidar qué es lo boliviano, esa pregunta que todo boliviano que se considera boliviano debería intentar resolver –parafraseando a Jaime Sáenz-.

Tal vez algún desorientado podría asegurar que hay una distancia importante que divide a los fenómenos políticos del arte. De ser así, cabría recordar que en nuestro país la gran mayoría de las expresiones creativas están contaminadas por lo político. Esa afirmación puede extenderse a todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Es casi una obviedad, hasta un lugar común: En nuestro país, casi todo el mundo fundamentalmente habla de dos cosas: fútbol y política. Pero muy pocos lo hacen como Fernando Mayorga. Lamentablemente, por cuestiones de tiempo, espacio y coherencia no haré gran referencia del fútbol, aunque seguramente no podremos evitar que su espectro se manifieste. Específicamente, hoy corresponde compartir mis reflexiones sobre Incertidumbres tácticas, sobre un texto que trata diferentes aspectos de la democracia boliviana contemporánea.

Sabemos que Fernando Mayorga ha investigando las dinámicas sociopolíticas del país desde hace muchísimos años y, basta con leer el subtítulo de la obra, para deducir que esta es la continuación de su valorado trabajo de largo aliento. Incertidumbres tácticas se concentra en un periodo que todavía ha sido poco estudiado con rigor y ecuanimidad: la segunda gestión de Evo Morales y del Movimiento al Socialismo. Es decir, sobre la reconfiguración del país después de la Asamblea Constituyente, sobre la dramática transformación de las relaciones entre el Estado y los pueblos indígenas, sobre la democracia intercultural, sobre la ciudadanía intercultural y sobre el curioso proceso de autodestrucción de las fuerzas opositoras al gobierno (con ese prolongado harakiri que en la más reciente campaña electoral llegó a tener proporciones hilarantes).

Haciendo uso de su carácter de intelectual completo, como lo hizo en su libro Encrucijadas. Ensayos sobre democracia y reforma estatal en Bolivia, Fernando Mayorga vuelve a utilizar imágenes que parecen fruto de lo casi casual para explicar al país. Las estampillas, los sellos postales, le sirven como gran barómetro de los movimientos ideológicos del Movimiento Al Socialismo, valga la redundancia. Hubo un tiempo en el que la estampita con la imagen de Evo Morales ataviado de indígena valía más que la otra, en la que viste alta costura andina y la banda presidencial. En las nuevas versiones, los precios han cambiado de manera radical. Eso es signo, en la lectura de Mayorga, de que el peso del nacionalismo se ha impuesto al del indigenismo. Jugando con el bello verso de Mallarmé, me animo a asegurar: una tirada de estampillas jamás abolirá el azar. Pero, sin dudas, en ellas encontramos pautas para entender los tiempos que estamos viviendo. Fernando Mayorga apunta algo absolutamente lúcido, el MAS dominó, articuló, los dos ejes discursivos del campo político que constituyen el sustento del nuevo modelo estatal: “Por un lado, el nacionalismo como antípoda del neoliberalismo y expresado en el retorno de la centralidad estatal en la economía. Por otro lado, el indigenismo como rechazo a la homogeneización cultural y que se manifiesta en la inclusión de identidades –y la representación de las demandas- indígenas y campesinas del Estado Plurinacional” (Mayorga, 2014: 34-35).

Esos dos ejes discursivos, como señala Fernando, se vieron gravemente cuestionados en las grandes crisis que ha vivido el gobierno de Evo Morales hasta la fecha, desencadenadas por el decreto del gasolinazo –en diciembre de 2010-, por las protestas en torno alTIPNIS y por las elecciones judiciales, ambos hechos de 2011. Es decir, a partir de esos momentos, se comenzaron a generalizar algunas ideas problemáticas. Primero, el nacionalismo del MAS es fundamentalmente desarrollista y lo que está construyendo es una suerte de capitalismo de Estado. Segundo, lo que es más grave, su distancia de los pueblos indígenas es manifiesta. Por primera vez, ese “sujeto plurinacional” que nos promete la nueva Constitución se plantea como la gran imposibilidad nacional, pues, como lo señala Fernando Mayorga, implica un conglomerado de “naciones originarias”, “pueblos indígenas” y campesinos, condiciones que un sujeto solo es incapaz de contener.

Si el objetivo de textos como Incertidumbres tácticas es despertar dudas y cuestionamientos en los lectores, en el párrafo anterior radican las que más me acosan. Fernando hace referencia a la “deconstrucción del movimiento indígena” por parte del Estado, encarnado por el segundo gobierno de Evo Morales. Entendiendo que para el autor este es un gesto de deshacer, de desarticular, de desarmar, de desmontar al hecho político. En ese sentido, la concepción de la deconstrucción que nos propone el texto, más que a la de Jacques Derrida, se próxima a la noción de destrucción, de demolición de lo erguido para construir sobre los escombros un nuevo proyecto. Esto hace que me plantee ciertas preguntas de difícil respuesta: ¿Hay, en el segundo gobierno del MAS, un intento de reconstrucción del movimiento indígena que complete al gesto de la deconstrucción? Es decir, ¿se pretende una reescritura del movimiento indígena nacional? ¿Dónde está la ética en la relación entre el gobierno y los movimientos indígenas? Cuando Fernando Mayorga hace referencia a una “deconstrucción del movimiento indígena”, de lo que está hablando es de una paulatina, disimulada, estratégica, táctica, pero genuina destrucción. Lo que me interesa recalcar es que Fernando Mayorga sugiere que la construcción de un Estado Plurinacional, que se entiende tiene su razón de ser en la condición multiétnica del país, ha terminado llevando al MAS a divorciarse de los movimientos indígenas y a desarticularlos, a eliminarlos como sujetos políticos de relevancia.

En otro pasaje del libro se lee, que el: “estilo político de Evo Morales combina retórica radical y decisiones moderadas” (Mayorga, 2014: 70). Eso no me parece muy grave, tiene algo del folclore nacional. Lo verdaderamente preocupante es cuando tiene un discurso políticamente correcto pero actúa desde la realpolitik. Justamente, una de la cuestiones centrales de Incertidumbres tácticasestá relacionada con esta cuestión. Fernando ensaya una definición de la democracia intercultural: “una propuesta de ampliación y combinación de diversas formas institucionales de representación y participación que se gestaron en el transcurso de la historia y en determinados espacios socio-culturales para cumplir una meta del desempeño del Estado para responder a las necesidades y demandas de la sociedad” (Mayorga, 2014: 99). En principio, el concepto parece aprueba de balas, quién podría cuestionar la pertinencia de algo como la democracia intercultural. Justamente, gente como Fernando. Pues además de señalar sus consabidas dificultades administrativas a la hora de ser aplicada, el gran peligro de la democracia intercultural radica en que esta puede devenir en otra forma de homogenización, de normalización. Aquí mis preocupaciones personales se exacerban, pues cuando el Estado recurre a las mismas artimañas que United Colors of Bennetton, uno debe comenzar a sospechar. Cuando lo que se busca es construir un discurso en el que de manera manifiesta se dice que a pesar de que somos diferentes, en el fondo, en esencia, somos iguales, lo que se está buscando es asimilar a las distintas singularidades culturales del país al discurso unificador del Estado. Ese principio liberal, totalizante, que reza que todos somos iguales ante la ley, puede ser un arma de doble filo para un Estado que en principio quería reconstruirse a partir del reconocimiento, no de la asimilación de las diferencias. Ese slogan de la “unidad en la diversidad” queda muy bien en un letrero o como mensaje subliminal de una campaña publicitaría, pero resulta preocupante y problemático como discurso reconfigurador del Estado.

Después de la lectura de Incertidumbres tácticas, aunque no estoy seguro de que ese haya sido la intención de Fernando, mis reparos hacia la democracia y a la ciudadanía con rasgos multiculturales cada vez son mayores, pues me resultan estrategias, tácticas, de las dinámicas de dominación de parte del Estado. Y eso me lleva a confirmar que todo ejercicio de poder político implica una violencia, a veces velada, a veces explícita. Volviendo a lo que apuntaba antes, principalmente, los bolivianos hablamos de fútbol y política dos actividades mediadas por diferentes tipos de violencia. Lo que no quiere decir que no sean actividades esenciales para nuestra vida, que son apasionantes, por eso mismo son pistas para entendernos. Siguiendo esa misma senda, tampoco creo que sea casual que el título de este libro incluya en plural la palabra “táctica”, que viene del griego taktike: “arte de disponer y maniobrar las tropas”. Es un arte para la guerra, para la violencia. Está demás recordar la importancia que tiene la táctica en el ejercicio político así como para la práctica del fútbol. Lo que  no debería sorprender es que un amante de uno sea un gran lector del otro. Y viceversa.

Con frecuencia la vertiginosidad de las dinámicas sociales, de las que hacemos parte, impide que reflexionemos sobre ella, sobre sus complejos elementos, que leamos de manera crítica las incertidumbres tácticas del poder y de los poderosos. Felizmente, hay gente como Fernando Mayorga que lo hace, con el mayor rigor, gran generosidad y lucidez. Con táctica y, seguramente, con incertidumbres. Pues, supongo, la mejor estrategia para leer a la sociedad es intentar ser un maestro de la duda. Aunque lo que más agradecemos los lectores es que el texto nos invite a intentar ser maestros de la duda nosotros mismo. Misión cumplida, señor Mayorga. Muchas gracias.

BOLIVIA Y LA INCERTIDUMBRE DEMOCRÁTICA

Rocío Annunziata.  Doctora en Estudios Políticos por la École des Hautes en Sciences Sociales y en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Texto leído en el Seminario Escenarios post-electorales en la UAGRM, Santa Cruz de la Sierra.

La lectura del último libro de Fernando Mayorga, Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía (Plural, 2014) confirma que Bolivia se ha convertido en el gran laboratorio para la teoría política contemporánea.

Para expresar la complejidad de sus experiencias contemporáneas, su carácter inacabado y experimental, Fernando Mayorga presenta en su libro la idea de que la democracia intercultural constituye una relación y un proceso. Distintas formas de democracia o distintas experiencias democráticas se combinan de diferente modo según los acontecimientos. Y no se trata así de una configuración estática (aunque tenga una traducción normativa) sino de una institución del sentido de esa democracia intercultural que varía según las múltiples combinaciones de sus principios representativos, participativos, comunitarios. Entonces, en este terreno de experimentación democrática que es Bolivia en los últimos años, como proceso y como relación, pero proceso no lineal sino incierto, y relación no estática sino contingente, la teoría política contemporánea tiene un material inigualable para el pensamiento. Vale la pena subrayar algunas de las reflexiones que inspira el autor.

I

El libro nos muestra de manera muy clara cómo ha cambiado o se está transformando la representación electoral, y, en particular, la temporalidad de la representación. La legitimidad de las elecciones ya no garantiza la legitimidad de las decisiones de los gobernantes, y la temporalidad de la representación pasa de ser la de la prolongación de un momento –el electoral- a lo largo del mandato, a una inmediatez que obliga, frente a cada decisión, a reconquistar la legitimidad a ofrecer una nueva escucha de la ciudadanía. El modo en que Fernando Mayorga trabaja sobre los casos del “gasolinazo” en 2010 y del conflicto de TIPNIS en 2011 da cuenta de ello. En el primer caso, el gobierno debió retirar la decisión que había aumentado por decreto presidencial el precio de los carburantes para disminuir la subvención estatal a la gasolina y el diesel, frente a las protestas de la población en varias ciudades. En el segundo caso, el gobierno debió dar marcha atrás con la decisión de construir una carretera atravesando en Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), frente a multitudinarias movilizaciones iniciadas por los pueblos indígenas de tierras bajas congregados en la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), que recibieron la solidaridad de otras organizaciones indígenas y de la opinión pública.

En ambos casos pudo constatarse este fenómeno que no es exclusivo de Bolivia sino que es compartido particularmente por otros países de nuestra región: el momento electoral ya no se extiende de manera evidente o necesaria en la legitimidad de las decisiones. Pero es interesante pensar también este fenómeno en relación con los resultados de las recientes elecciones de octubre de 2014 en Bolivia. El incontestable triunfo de Evo Morales nos demostró que no tendríamos que comprender estas protestas o vetos ciudadanos como el simpe desgaste o fracaso de un gobierno. Algo más está en juego y es que la legitimidad electoral puede ser muy sólida en el origen y puede incluso volver a serlo en una nueva elección, aún luego de fuertes conflictos durante el mandato, pero, sobre todo, se encuentra disociada de la legitimidad de las decisiones.

II

El hecho de que la representación cambie su temporalidad, que ya no se asiente en la duración como prolongación de un momento, sino en la inmediatez como construcción permanente de la legitimidad de las decisiones, nos conduce a repensar el decisionismo, otro de los temas abordados en el libro y elemento central de las democracias contemporáneas.

Fernando Mayorga define como decisionismo presidencial a la centralidad de la figura de Evo Morales en la toma de decisiones del gobierno. Los mecanismos convencionales de la democracia representativa que normalmente deberían contrarrestar este decisionismo presidencial, no estarían funcionando en el escenario actual de Bolivia, afirma el autor. Por un lado, el control multipartidario producido en la relación entre poder ejecutivo y poder legislativo, se encuentra debilitado desde la segunda gestión del MAS por el predominio oficialista en las dos cámaras de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Por otro lado, el  control contra-mayoritario producido por las autoridades estatales que deben velar por la aplicación de la ley y la constitución, se ha visto deslegitimado por el cuestionamiento de las elecciones judiciales de octubre de 2011. Sin embargo, en estas condiciones, sostiene el autor: “…surgieron otro tipo de frenos y regulaciones a la voluntad del órgano ejecutivo. Estos provinieron de espacios ajenos a la institucionalidad política y se expresaron en mecanismo o acciones, que, tentativamente, se definen como control o restricción episódica al decisionismo mayoritario. Se trata de una vigilancia informal y conflictiva por medio de la acción directa de sectores ciudadanos y por la protesta ejercida por grupos organizados en torno a intereses sectoriales. Estas acciones revierten las decisiones gubernamentales o impiden la aplicación de determinadas políticas.” (p. 79). Su cristalización ha sido precisamente la de los ejemplos recién mencionados, el “gasolinazo” y el conflicto del TIPNIS, en los que el gobierno retiró las medidas que había tomado ante las manifestaciones de la ciudadanía.

Fernando Mayorga crea así un concepto enriquecedor para la teoría política que contribuye a la compresión del tipo de control al decisionismo que caracteriza en los últimos años a las democracias de la región, en sintonía con el poder contra-democrático de veto conceptualizado por Pierre Rosanvallon. Pero con este concepto que propone el autor nos abre la puerta también para hacer una reflexión sobre el propio decisionismo.

Solemos entender el decisionismo -y así parece entenderlo por su parte el autor- como una forma unilateral de toma de decisiones, en particular, con respecto a los otros poderes del Estado y otros los actores políticos en general. Pero, ¿qué ocurre que si pensamos a los procesos de toma de decisiones en una perspectiva más amplia o más larga, según la cual la decisión no pueda considerarse efectivamente tomada hasta que no se haya constatado una ausencia de rechazo o descontento? Si partimos de esta perspectiva amplia sobre la decisión y considerando los ejemplos recién mencionados que se tratan en el libro, y en los que las decisiones fueron retiradas, ¿podría sostenerse que hay decisionismo? ¿O podría decirse que hay decisionismo del mismo tipo que en aquellos casos en que los gobernantes mantienen la decisión a pesar del descontento expresado en las calles? Surge así la posibilidad de concebir dos tipos distintos de decisionismo, si comparamos la experiencia boliviana con las experiencias de otros países de la región. El primer tipo podría denominarse decisionismo de iniciativa; en él la decisión se concentra en el líder en el origen del proceso, pero luego no hay negación de la escucha de la ciudadanía y el gobernante está dispuesto a modificar o retirar la decisión. Un segundo tipo podría denominarse decisionismo delegativo; en él la decisión no opera como apertura sino como cierre, no deja espacio a la posibilidad de revisión, y se auto-justifica en la legitimidad electoral con la que se ha accedido al gobierno. El avance en la clasificación latinoamericana de distintos estilos presidenciales en la toma de decisiones podría ser un camino productivo para la mejor compresión de la representación política contemporánea, inspirado por el sugerente concepto de Fernando Mayorga en este libro.

III

Otro aspecto en el cual la experiencia boliviana es novedosa y expresa al mismo tiempo con mayor intensidad tendencias regionales, concierne a los actores de la representación política. La lectura del libro aporta también herramientas en este sentido. La representación parece configurarse crecientemente en una escena post-partidos políticos. En primer lugar tenemos al propio MAS, que nunca se definió como partido político. Pero quizá más significativo es el hecho de la re-definición de las organizaciones políticas con posibilidad de competir electoralmente plasmadas en los textos constitucionales de Bolivia, que incluyen, además de los partidos, las agrupaciones ciudadanas y las organizaciones de las naciones y pueblos indígena originario campesinos.

Bolivia se encuentra de este modo, en un proceso de experimentación de una posibilidad que para la teoría política se presenta aún como desafío conceptual, esto es: ¿cómo imaginar una democracia en la que sin dejar de existir las mediaciones, nuevos actores reemplacen a los partidos en declive, que ya no pueden como en el pasado cumplir ese rol?

En efecto, uno de los debates más interesantes y ricos de la teoría política contemporánea tiene que ver con las nuevas formas de representación ciudadana. Tanto reconocidas en la arena electoral como por fuera de la dimensión electoral de la democracia, y más allá del modo de autorización que es característico de las democracias liberales –por medio del sufragio- estas nuevas formas de mediación y representación pueden basarse en principios diferentes y complejizar la democracia. Así, vemos que no es necesario reducir la representación a su aspecto electoral mayoritario (y por lo tanto agregativo y cuantitativo) sino que también pueden pensarse formas de representación cualitativas (como dice el autor siguiendo a Boaventura de Sousa Santos) o temáticas. Mientras que el voto ofrece un lenguaje común, que simplifica y consensa los argumentos y puntos de vistas, las formas de representación ciudadana pueden permitir que éstos vuelvan a desplegarse. ¿Las nuevas formas de representación, representan poblaciones, discursos, problemas públicos, territorios? ¿Tienen los mismos criterios de autorización y de rendición de cuentas que las formas tradicionales concentradas en los partidos políticos y la competencia electoral? Estos son algunos de los interrogantes más significativos que la teoría de la representación se plantea actualmente, en contextos en los cuales la experiencia concreta todavía dista de ser tan fecunda como la que conocemos a través del libro de Fernando Mayorga sobre Bolivia.

IV

Continuando por este sendero, no puede sino ser apasionante para la teoría política prestar atención a las prácticas de la democracia comunitaria que se fomentan hoy en día en Bolivia y que son también objeto de tratamiento del libro.

Bolivia parece invitarnos a abandonar una concepción de la democracia como conjunto de instituciones fijas o como modelo y a asumir, en cambio, una perspectiva de la democracia como historia y conjunto de experiencias, en la línea de los trabajos de Claude Lefort y de Pierre Rosanvallon. No hay una evolución lineal en las instituciones democráticas, y algunas experiencias del pasado pueden adquirir una nueva significación democrática en el presente.

Esto puede pensarse con respecto a las prácticas de auto-organización, de toma de decisiones y de selección de autoridades de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, particularmente las prácticas recuperadas en los estatutos de las autonomías indígenas, una de las dimensiones de la democracia intercultural boliviana. Si bien el diseño institucional de las autonomías departamentales mediante la elaboración de estatutos avanza lentamente, como advierte Fernando Mayorga, en aquellos en los que se ha iniciado la normativización, se contempla por ejemplo la noción de “usos y costumbres” para determinar las reglas de selección de autoridades indígenas. Pero es sobre todo en las autonomías indígenas en las que se está produciendo un proceso de legitimación de prácticas consuetudinarias diferentes a las de la democracia representativa clásica.  Entre estas prácticas sobresalen la selección de autoridades que no se realizan mediante el voto universal e individual, la existencia de órganos deliberativos o de decisión colectiva con autoridad superior a los poderes ejecutivos y legislativos locales, la rotación de los cargos por zonas. En estos casos, como afirma el autor “…la labor representativa no tiene carácter voluntario ni depende de un cuerpo electoral interpelado por candidatos.” (p. 132). Fernando Mayorga plantea uno de los desafíos más interesantes para el análisis en la combinación de prácticas y principios que desarrolla la democracia intercultural: ¿cómo afectará a la deliberación, a la interacción discursiva, la diversidad en las fuentes de legitimidad de origen de los asambleístas? ¿Cómo convivirán distintos los distintos lazos representativos que se establecen con los ciudadanos según el modo de la elección?

Además de este cruce de prácticas y principios, ¿no podemos decir que se produce un interesante cruce entre el pasado y el futuro de la democracia como historia? La idea de “usos y costumbres” remite al pasado y al carácter ancestral de los pueblos indígenas, pero puede remitir también a la novedad y al porvenir, tanto en la configuración actual re-significada de la democracia boliviana, como en otras democracias susceptibles de comprender y apropiarse del sentido democrático de algunas de estas prácticas. Varios elementos teóricos que podrían extraerse de estas prácticas forman parte, precisamente, de una reflexión muy actual de la democracia sobre sí misma, que revaloriza el consenso como modo de toma de decisiones en determinadas instituciones, y que, sobre todo, enfrenta a la democracia agregativa y condensada en el número y el cómputo, a formas de legitimidad más sustantivas y cualitativas. Es tarea de nuestras sociedades estimar el valor democrático contrastado de cada una de estas prácticas, las diferentes nociones de igualdad y de comunidad que implican, pero si hay una experiencia a la que debemos mirar en todo caso, como nos enseña este libro, es seguramente la boliviana.

V

Con esta multiplicación de prácticas y pluralización de las formas de representación, Bolivia complica su democracia. La democracia se vuelve más complicada, tal como defiende Pierre Rosanvallon, en lugar de más simplificada. Pero esto nos conduce a otra cuestión, sin dudas polémica. La dicotomía simplificación/complicación de las democracias, ¿no puede constituir otra manera de pensar el populismo? ¿Acaso el populismo contemporáneo no se identifica una simplificación de la democracia?

El populismo es otro de problemas que se aborda en el libro. El autor propone el concepto de populismo democrático para dar cuenta de los procesos que han vivido durante los últimos años tanto Bolivia como Venezuela y Ecuador. Su aspecto populista reenvía a los liderazgos carismáticos y a la matriz socio-política centrada en el Estado, rasgos comunes a los tres casos; mientras que su aspecto democrático reenvía al régimen político y a la legitimidad electoral: el presidencialismo vigente de la democracia representativa. El populismo democrático se distingue así, de acuerdo con la tipología construida por el autor, del populismo clásico, que era menos apegado a la democracia representativa, aunque estatista, y del neopopulismo de los años noventa, que si bien se adhería a la democracia representativa era anti-estatista.

No obstante, podemos aquí reparar en una tensión: mientras que cabría decir que el populismo construye un sujeto único mayoritario y condensa los argumentos y puntos de vista (y el populismo contemporáneo lo hace recostándose en la dimensión electoral de la democracia), ¿la experiencia boliviana no se distancia de esta simplificación? ¿Es posible en este sentido diferenciar el caso boliviano de los otros casos regionales trabajados en el libro?

VI

La incertidumbre marca el ritmo de esta obra, desde el título. Pero no para preocuparnos por una falta de rumbo definido, sino para recordarnos que es justamente la incertidumbre el terreno propio de la política democrática. De allí la riqueza de los aportes de su autor para la teoría política de nuestro tiempo, que con su propuesta conceptual apoyada en la original experiencia de Bolivia, contribuye a renovar y revitalizar.

 

Vicepresidente reconoce el sentido crítico sobre la nueva Bolivia en libro “Incertidumbres tácticas”

La Paz, 06 de noviembre (MC).- El vicepresidente Álvaro García Linera destacó la noche de este miércoles el sentido crítico  con el que se hace una explicación teórica y técnica de la nueva Bolivia, en su espectro político, ideológico y coyuntural, en el libro “Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía”, del sociólogo y catedrático boliviano, Fernando Mayorga.

“Felicito a Fernando por la rigurosidad de estos textos e invito a los investigadores sociales a leerlo, es una lectura sociológica del Proceso Cambio, es un texto de reflexión que nos da elementos críticos y autocríticos, elementos que avalan ciertas cosas que se han hecho y elementos que critican otras cosas que se están haciendo; y lo que hace Fernando es intentar ver cómo se articulan y van definiendo las características del Estado y del actual sistema político”, expresó la autoridad en el acto de presentación del texto.

En este marco, invitó a los bolivianos apostar a la lectura del libro con mirada sociológica, esto con el fin de avanzar en la reflexión, crítica y autocrítica de los sucesos contemporáneos en Bolivia y así configurar una visión integral y propositiva en torno a los retos que se viene para el país con el fin de ser mucho más destacado en el mundo entero.

“Es un texto básicamente descriptivo de lo sucedido en los últimos años y tiene la virtud de que no hace teoría, únicamente pues recurre a los acontecimientos y luego pasa a la interpretación”, agregó García Lienra de acuerdo a un boletín de prensa de la Vicepresidencia.

En el acto que se realizó en el hall de la Vicepresidencia del Estado, Fernando Mayorga agradeció por los comentarios emitidos y dijo que la intensión del libro era, justamente, abrir temas de discusión respecto a los diferentes argumentos y críticas expresadas.

Las cinco dimensiones de la nueva Bolivia 

Tras realizar un análisis de la publicación, el Vicepresidente visibilizó cinco ejes importantes postulados por Mayorga: la dimensión indígena del Estado; el tipo de decisionismo presidencial que se da en el gobierno; las características del nuevo sistema de partidos; la forma de construcción en torno a la democracia intercultural; y el liderazgo carismático y el populismo democrático.

El primero, la dimensión indígena del Estado Plurinacional, refleja una descripción de cómo se da la elección de autoridades para la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) y las departamentales, también de las circunscripciones indígenas especiales y demás, y se presenta el análisis de los estatutos de las autonomías indígenas.

No obstante, refutó la utilización de la asociación de indígena con comunitario, “creo que esta es una debilidad no solo de Fernando sino de otros compañeros que desde la sociología o desde la ciencia política hacen una lectura de la realidad”.

La autoridad propuso separar lo indígena como identidad, donde se toma en cuenta a las identidades culturales y a las identidades nacionales, “todo este tema de lo pluricultural y plurinacional” y lo comunitario “como forma civilizatoria” que se refleja en una “forma de organizar la producción y el sistema de vida en su conjunto”, complementó.

En el segundo eje, el tipo de decisionismo presidencial que se da en el gobierno o estilo de  gobierno, Mayorga indica que no existen frenos ni contrapesos a nivel político, pero sí incorpora a las organizaciones sociales como control y regulación de la capacidad decisoria, incluso, la muestra como una fuente para hacer cambiar de decisión del gobierno.

Respecto al tercer eje, qué tipo de sistema de partidos se está construyendo en el país, Mayorga habla de la debilidad de la oposición y usa el concepto de partido predominante para referirse al gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS).

Para García Linera, existe un campo político unipolar, donde el MAS está al centro y “cualquier otra referencia política gira como satélite alrededor de ese polo”.

Mayorga explica, en el cuarto punto, la construcción de la democracia intercultural, donde se tiene la incorporación de la democracia directa y de la democracia comunitaria.

Al respecto, el Vicepresidente señaló que se encuentran descritas en la Constitución Política del Estado y son aplicadas de acuerdo a las leyes establecidas.

En el último eje, relacionado al concepto de liderazgo carismático y populismo democrático, García Linera no objetó la propuesta de Mayorga de que el Presidente Evo Morales representa a un liderazgo carismático “en que se toma no solo en cuenta las virtudes de la persona sino al momento, excepcional, de crisis en el que la gente se ve necesitada de un mesías, de un salvador, que en el ámbito político es un liderazgo carismático”.

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García Linera destaca cinco puntos en torno a la democracia, el populismo y la ciudadanía en Bolivia

PERIÓDICO DIGITAL PIEB • 06-11-2014

Incertidumbres tácticasLa dimensión indígena del Estado, el estilo de gobierno (decisionismo), las características del nuevo sistema de partidos, la forma de construcción o ampliación de la democracia y, por último, el liderazgo carismático y el populismo son los cinco ejes temáticos identificados por el vicepresidente Álvaro García Linera en la compilación de ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía que llevan la firma de Fernando Mayorga.

Más precisamente el libro “Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía”, de Fernando Mayorga, se presentó el miércoles 5 de noviembre en el Hall de la Vicepresidencia, en la ciudad de La Paz. En ese coloquio participó García Linera como comentarista, junto con la socióloga Ximena Soruco, del texto de Mayorga gestado en los últimos años de seguimiento a la segunda gestión del presidente Evo Morales que está caracterizado por la construcción del Estado Plurinacional y el “giro programático” en el proyecto oficialista a partir de la adopción de la Agenda Patriótica del Bicentenario 2025.

García Linera puso énfasis en que se trata de un texto que vale la pena leer porque abunda de la descripción de los sucesos políticos de los últimos años, vinculándolos con aspectos teóricos para derivar en su interpretación. “Sobre el tema de la dimensión indígena del Estado Plurinacional, Fernando claramente describe cómo está estructurada la elección tanto de parlamento plurinacional como de los parlamentos departamentales, habla de las circunscripciones indígenas especiales, de las asambleas departamentales… y por supuesto está el análisis de los estatutos de las autonomías indígenas. Primer punto de debate con Fernando, un debate afectuoso por supuesto, es hasta qué punto asocia indígena con comunitario… Creo que aquí hay una confusión, asociar indígena con comunitario limita y restringe en primer lugar el concepto de lo indígena”, dijo García. Y en segundo lugar minimiza a lo indígena reduciendo su presencia posiblemente hasta a un 10%, cuando el Censo 2012 registró una autopertenencia de 47%.

La autoridad dedicó una parte importante de su ponencia a aclarar la diferencia entre la identidad indígena y la pertenencia a una comunidad, porque considera que apegarse a la lectura de que lo indígena es igual a lo comunitario podría borrar a los indígenas de ciudades como El Alto, o de poblaciones, como las de Omasuyos, donde prevalece la propiedad parcelaria individual de la tierra.

Mayorga problematizó este tema planteando que no considera al movimiento indígena como identidad, cultura o forma civilizatoria, sino como un conjunto de actores con identidad, visión de futuro y con un proyecto para la sociedad. En ese contexto “el movimiento indígena, una vez que ve materializado su proyecto en un texto constitucional, y éste diseña un nuevo marco institucional, que a la vez implica el reconocimiento de derechos colectivos, entra en una relación con el Estado Plurinacional que tiene, por ahora, en relación a los pueblos indígenas de tierras bajas, un efecto de desarticulación”.

La hipótesis de Mayorga es que actualmente no existe el movimiento indígena en el sentido en que existió en el proceso constituyente. “Los derechos colectivos se ejercen en términos territoriales, es ahí donde lo comunitario aparece claro, pero (en este momento) ya no es la relación del movimiento indígena con la sociedad, con otros actores, con el Estado, sino una relación específica particularizada de cada pueblo o comunidad indígena con el Estado en función de la defensa, ejercicio, de sus derechos indígenas territorializados. Por tanto si va a haber una consulta en el TIPNIS, no es con el movimiento indígena, es con los tres pueblos que habita allí”.

La socióloga Ximena Soruco también destacó los ejes temáticos referidos al sujeto plurinacional, a los presidencialismos y a la tensión nacionalismo e indigenismo como puntos necesarios de ser puntualizados.

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Ximena Soruco, entrevistada en Anoticiando ATB: https://www.youtube.com/watch?v=h621K6hn5wk

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Incertidumbres tácticas Periódico Digital PIEB

Mayorga analiza “Incertidumbres tácticas” en tiempos de Estado Plurinacional

PERIÓDICO DIGITAL PIEB • 10-10-2014

La realidad política nacida en 2006 es el centro del análisis de Fernando Mayorga que está próximo a publicar su libro “Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía”, un documento que, según el sociólogo Fernando Calderón, invitado a escribir el prólogo, es “parte de una colección que se inició en el 2003 y es a la vez la culminación de 10 años de trabajo de investigación y reflexión sobre la dinámica política boliviana contemporánea”.

La tesis sobre la continuidad y el cambio en el tiempo histórico, incluidos los sujetos del cambio; el “modelo boliviano” de desarrollo emergente; y el lugar de Bolivia en la globalización son los tres aspectos que el prologuista destaca del pensamiento de Mayorga. Calderón explica que el libro si bien no responde a la interrogante acerca de cuál será el futuro posible de la democracia intercultural, las argumentaciones mueven a pensar que dependerá de si se expande hacia un pluralismo político o si se profundiza hacia una lógica estatista que reedite, finalmente, formas de dominación patrimonial y corporativa.

En esta entrevista con el Periódico Digital del PIEB, Fernando Mayorga explica el porqué de las “incertidumbres tácticas” en la construcción del Estado Plurinacional y los motivos para retomar el concepto de populismo para caracterizar a este momento político.

¿Cómo nace “Incertidumbres tácticas…”?
Recoge diversos ensayos que he elaborado como parte de un seguimiento a la segunda gestión del gobierno de Evo Morales, que se caracteriza por la construcción del Estado Plurinacional y de, lo que yo denomino, un giro programático en el proyecto oficialista a partir de la adopción de la Agenda Patriótica del Bicentenario 2025. Otros ensayos reflexionan en torno a la temática de ciudadanía, en algún caso mirando esto en la región andina, comparando el caso boliviano con otros casos nacionales; finalmente hay un ensayo interpretativo sobre las características que tiene el populismo en América Latina en el siglo XXI, comparando con los rasgos del populismo clásico de mediados del siglo pasado y con el neopopulismo de los años 90. En este análisis del populismo del siglo XXI, al cual defino como populismo democrático, pongo atención a los regímenes refundacionales de Ecuador, Venezuela y Bolivia, y obviamente me concentro en las características del liderazgo carismático de Evo Morales, Hugo Chavez y Rafael Correa, por eso es que este libro tiene que ver con democracia, populismo y ciudadanía.

Al principio del primer gobierno de Evo Morales se hablaba de varios conceptos, desde capitalismo andino en términos económicos hasta el vivir bien, en este caso usted está reflexionando sobre la expresión fáctica en términos políticos…
Correcto, es un seguimiento al proceso político, más desde una perspectiva analítica y sin partir de presupuestos normativos. En cierta medida el balance que hago del segundo gobierno del MAS, y de las perspectivas de despliegue del proyecto de construcción del Estado Plurinacional, se condensan en el título del libro: “Incertidumbres tácticas”. Quiere dar cuenta de que en términos programáticos el proyecto del MAS es un proyecto hegemónico puesto que se ha resuelto la contradicción entre Estado y mercado y también la contradicción entre centralismo y regiones, esto a través del retorno del protagonismo del Estado a la economía y el lento avance de las autonomías departamentales e indígenas. Entonces hay certeza estratégica en sentido de que todos los actores políticos, sociales y económicos giran en torno a este proyecto del MAS, se articulan o se adaptan de distinta manera; lo que está en discusión o que resulta incierto es el camino que va a seguir en términos de aplicación de políticas públicas, o sea la parte táctica es la que aparece como incierta puesto que el gobierno va tomando decisiones, en algunos casos, de manera pragmática y no como resultado de un plan elaborado y diseñado. A esto se refiere esta idea de “incertidumbres tácticas”.

La categoría de populismo también retorna, antes se apelaba al socialismo del siglo XXI, ¿usted retoma este concepto (populismo) principalmente centrado en la figura de los líderes de estos tres procesos?
Durante muchos años he evitado utilizar el término populismo en mis análisis porque existe un uso prejuicioso de esa palabra, no solamente en el mundo académico, particularmente en el discurso político el populismo está asociado a la demagogia, al clientelismo, a la manipulación. Entonces es un intento de plantear un abordaje a este tema a partir de consideraciones sociológicas y politológicas, que definen al populismo como un estilo de acción política donde juega un papel central la figura del liderazgo carismático. A partir de eso intento caracterizar el populismo en este siglo, particularmente en estos tres países, pero comparando con los rasgos de ciclos populistas anteriores en América Latina.

La idea básica es que el populismo clásico de los años 50 del siglo pasado, con expresiones muy llamativas, como el peronismo por ejemplo o el cardenismo, tenían como característica principal el fortalecimiento del Estado y el rol del Estado como actor protagónico, pero al mismo tiempo la democracia representativa era un elemento marginal o débil. En el segundo ciclo populista que corresponde a esta época democrática y que sobre todo se expresa en los gobiernos de (Carlos) Menem en Argentina, de (Alberto) Fujimori en Perú, Collor de Mello en Brasil, este llamado neopopulismo se asienta y reivindica la democracia representativa pero cuestiona al Estado y por eso más bien impulsa políticas de privatización de carácter neoliberal, entonces si el populismo clásico era fuerte en lo estatal y débil en el democrático, el neopopulismo era fuerte en lo democrático y débil en lo estatal. En cambio en este tercer ciclo, que denomino de populismo democrático, tenemos Estados fuertes en la economía y en la sociedad, y al mismo tiempo son regímenes que se asientan en la democracia representativa, que además se amplían a la democracia participativa, aunque tienen como elemento problemático el ser liderazgos muy fuertes en partidos de gobierno que concentran el poder, y esto tiene elementos negativos respecto a la vigencia del pluralismo democrático. Este trabajo está dentro de una caracterización del populismo desde una perspectiva más bien teórica.

Fernando Mayorga: El MAS ha dado un ‘giro programático’

A propósito de su nuevo libro de ensayos, ‘Incertidumbres tácticas’, Fernando Mayorga habla de la configuración política boliviana en la segunda gestión de Evo Morales. A partir de los ejes que encuentra también explica el presente del campo político.

Fernando Mayorga.

Foto: Ángel Illánes.

ANIMAL POLITICO, Entrevista de Ricardo Aguilar Agramont

9 de noviembre de 2014, La Paz

El Movimiento Al Socialismo (MAS) ocupa el centro del campo político discursivo, afirmó hace un tiempo el sociólogo Fernando Mayorga. Esta idea —que atraviesa los ensayos de su nuevo libro Incertidumbres tácticas— fue contradicha por el vicepresidente Álvaro García Linera en su artículo publicado en este suplemento el domingo 2, tras sacarse por unos momentos su vestimenta de mandatario y portar la del académico.

A partir de los ejes que propone el libro de Mayorga, Animal Político conversó con el sociólogo sobre el “giro programático” que está dando el MAS, la recomposición del sistema de partidos y la “deconstrucción” del movimiento indígena; todos temas abordados a fondo en su texto recientemente publicado por Ciudadanía, el PIEB y Plural Editores.

— En su libro dice que las elecciones podían ser una oportunidad para la reconfiguración del sistema de partidos…

— Fueron una oportunidad perdida con un saldo negativo lamentable, porque el partido que había hecho mayores avances en una institucionalización fue el MSM (Movimiento Sin Miedo). El 12 de octubre pierde su sigla. Queda el Partido Verde, el primer partido, aún en ciernes, de la era plurinacional; luego, Unidad Demócrata (UD), una coalición conformada por Unidad Nacional —el partido de mayor antigüedad junto al MAS— que tiene una limitación institucional al ser sostenida por un jefe y su empresa, aliada al partido regional más reciente, el Movimiento Demócrata Social, organizado en la estructura de Verdes de Santa Cruz, juntos tienen una bancada con derrotero incierto.

— Entonces, ¿qué queda del sistema de partidos?

— Lo que yo llamo un sistema de partidos hegemónico. Ya habían rasgos y la elección de 2014 consolida este formato.

— ¿En qué consiste?

— Sigo a Giovanni Sartori. Es una clase de pluralismo, es decir, hay un multipartidismo moderado, donde hay competencia, pero no competitividad, o sea, no pueden ganar al favorito. Este autor dice que tienen que haber por lo menos tres victorias del partido de gobierno. En Bolivia hablamos de 15 años de presencia del MAS, que es lo que equivale a la democracia pactada.

— Más de un tercio de todo el periodo democrático…

— Además, en este formato las tres victorias son con mayoría absoluta y la distancia entre el primero y el segundo es de más de 25 puntos. Ése es un partido predominante.

— ¿Dónde queda acá el “valor” de la democracia multipartidaria ensalzado en los 90?

— Como todas las cosas, hay cosas buenas y malas. Lo que es común a los dos modelos (el multipartidario de los 90 y el actual) es el presidencialismo, solo que antes era presidencialismo de coalición de partidos que le daban al Presidente dos tercios. Ahora tienes un presidencialismo de mayoría, no se necesita de pactos. La diferencia está en que la interacción ya no es entre partidos. Antes, lo negativo era el cuoteo y lo positivo la búsqueda de equilibrios programáticos. En el presidencialismo de mayoría hay una cúspide decisional y las interacciones son dentro de la coalición del partido de gobierno, que es una coalición distinta: inestable y flexible. El MAS tiene una frontera difusa con el mundo sindical popular que se manifiesta en la figura condensada del líder.

— ¿Lo negativo del presidencialismo de mayoría?

— Lo negativo es que hay una concentración de recursos institucionales y se exacerba el decisionismo presidencial.

— Que es de lo que se quejan muchos.

— Sí, la oposición y razonablemente otros sectores, pero ahí viene la peculiaridad de la democracia, del proceso político y la sociedad boliviana. Hay dos formas de control al Órgano Ejecutivo, una es el control multipartidista en el Congreso, la segunda es la contra-mayoritaria, o sea de los otros órganos de poder, particularmente del Tribunal Constitucional. Acá hay cuatro órganos que están muy devaluados.

— Además se puede dudar que exista un Tribunal Constitucional…

— Porque están en juicio y el Electoral tiene una imagen negativa. En el pasado, el Órgano Electoral frenó decisionismos gubernamentales. Hoy o en la siguiente gestión de gobierno no va a haber capacidad de control multipartidario ni control contra-mayoritario.

— En varios de sus ensayos habla del control ciudadano.

— Lo que hubo en la segunda gestión de Morales fue un control episódico a través de la acción de la ciudadanía, es decir, que la sociedad le dice: no.

— ¿TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure) y gasolinazo?

— Ésos son los más evidentes, pero hay ejemplos como la jornada de ocho horas de los médicos.

— ¿Hace cambiar al MAS estos eventos?

— Hablo de la hipótesis de un giro programático del MAS, porque a partir de la lectura del TIPNIS y del gasolinazo cambia la coalición de gobierno y cambia la metodología de su agenda, pasan a las cumbres sociales y amplían su interpelación. La elección de octubre es la ratificación de una decisión hecha dos años antes, abriéndose el MAS a profesionales, clase media y empresarios. De ahí salió la agenda patriótica que es la expresión de ese giro programático. Ya no está el discurso refundacional, ni el que dice que todo en el pasado fue colonial. No es Agenda “Plurinacional”, sino “Patriótica”, y el horizonte es el pasado: la fundación de la República: vamos a celebrar la tan criticada República.

— En su libro también habla de la declinación del discurso de la descolonización.

— En las políticas públicas. No soy propenso a decir que están renegando de sus principios, o que no hay relación entre el discurso y práctica, en primer lugar porque el discurso nunca es singular y segundo porque las decisiones no se toman en solitario y, tercero, porque desde el título (“incertidumbres tácticas”) considero cualquier proceso como continuidad histórica y como contingencia. Evo Morales avanza al centro en una entrevista en plena Asamblea Constituyente al decir: “Originarios somos todos, unos milenarios, otros contemporáneos”.

— Sobre su afirmación del MAS como centro político y discursivo,  el Vicepresidente se refirió a su interpretación, negando una ‘derechización’.

— El centro es geométrico. No tienes hegemonía si no tienes el centro, no ganas sino cautivas al votante medio. Si te pones en un extremo pierdes. Presenté un balance de las elecciones en Santa Cruz en un seminario en que habían como 60 personas de la clase política e intelectual boliviana. Fue interesante la reacción sobre mi afirmación del giro programático del MAS. Unos hablaron de traición y otros de que no hubo ningún giro. Yo nunca dije de cuántos grados ha sido el giro, puede ser de 10 grados; de 180, radical; o de 360 y se vuelve al mismo lugar. ¿Quién puede decir cuál era el proyecto original del MAS?

— ¿La Agenda de Octubre de 2003?

— Los que dicen eso se creen los portavoces de esa agenda y le dicen al MAS: traición. Entonces, ¿cuál era el proyecto original?, ¿el texto de la Constitución del Pacto de Unidad?, ¿la Constitución aprobada en Oruro o la aprobada en el referéndum? Ir al centro, de la izquierda, obviamente es derechización. Los otros (opositores de derecha), van hacia el centro desplazándose a la izquierda.

— En eso coincide con el artículo de García.

— Eso tiene que ver con la capacidad hegemónica y en eso coincido. Se pueden discutir los matices, porque ahí está la riqueza. Se puede discutir la cuestión de “derechizado” respecto de qué, depende en qué puntos. Hay gente para la que el acercamiento con los empresarios es un escándalo, dicen que han impuesto su agenda al MAS; otros dicen que el Gobierno se ha deglutido hasta a los empresarios cruceños… Todo Estado tiene que buscar integración territorial y cohesión social, para eso, mientras más sectores represente, mejor. Sin eso no se puede cumplir la Agenda Patriótica, que tiene objetivos precisos y cuantificables: reducción de la extrema pobreza, acceso universal a servicios básicos y seguridad alimentaria.

— Escribe en su libro sobre eso y dice que el MAS ha dejado lo utópico.

— Lo deja por lo pronto y asume tareas concretas como las mencionadas. Hay algunas que las puede hacer el Estado en coordinación con otras instancias de la sociedad. Para servicios básicos y reducir la pobreza va a necesitar la coordinación con municipios y gobernaciones.

— ¿Va a tener que descentralizarse?

— Tendrá que propiciar el régimen de autonomías, debo suponer que para la seguridad alimentaria va a necesitar una colaboración público-privada. En esa lógica, no es un gesto pragmático de las elecciones de octubre, sino una consecuencia de rediseño de la agenda gubernamental al adoptar la Agenda Patriótica. ¿Por qué? Porque como nunca, después del gasolinazo y el TIPNIS, la popularidad de Morales había caído a 30% y un año, después sube otra vez a 50%.

—En esa reconfiguración ve la deconstrucción del movimiento indígena, ¿qué queda de éste?

— Esto no es una traición del MAS, sino un efecto político de un rediseño institucional. Cuando se aprueba la Constitución, las demandas del movimiento indígena se concretizan en derechos colectivos con la libre determinación en sus territorios. Entonces, el Estado tiene que velar por esos derechos. Si hay problemas, hay una negociación bilateral con pueblos específicos, por tanto ya no hay movimiento.

— ¿CIDOB y Conamaq?

— Existen formalmente, pero ya no como movimiento social.

— Eso los debilita en caso de negociación.

— Así sucedió en la IX marcha.

— De abogado del diablo, ese debilitamiento parece deliberado…

— No, no es un plan. ¿De qué manera materializas el ejercicio de derechos colectivos si no es así, en sus territorios?, ¿a quiénes consultas obras en el TIPNIS, al movimiento indígena o a los que viven ahí? Había movimiento indígena porque había una demanda de alta agregación: la Asamblea Constituyente, que no es poca cosa y que se ha materializado con la nueva Constitución. Ahora hay demandas de baja agregación. Entonces, cambia la figura.

— ¿Eso cambia al MAS?

— Yo hablo de una construcción minimalista, tiene un avance incremental. Por ejemplo, ¿qué pasa con la consulta previa como derecho colectivo cuando se aprueban la leyes orgánicas y la Ley de Régimen Electoral dice que las consultas no son vinculantes? Hay un límite al ejercicio de los derechos de los pueblos, porque no puede haber contraposición entre soberanía del Estado y capacidad de autodeterminación de ningún sujeto colectivo, ahí es el Estado. ¿Derechización? No sé si será así, para mí es un giro. En la constitución del Pacto de Unidad se decía autogobierno y ahora se pone libre determinación. No digo que esté mal o bien, sino que habrá que ver cómo encontrar puntos de equilibrio. Ése es el desafío, la “incertidumbre táctica”. Así se va construyendo de manera contingente.

— Con estos ejes de su lectura, ¿cómo se vienen las elecciones subnacionales?

— Ahí se va a terminar de configurar el panorama político, cuando se defina la distribución vertical del poder, pues la horizontal (en la Asamblea) ya se definió sin posibilidad de control multipartidario. Se verá si se va a repetir un carácter monocolor o habrá un freno; de una manera centralista o por negociaciones entre oficialismo y oposición en el sentido de intereses comunes. Esa segunda forma sería la más interesante. La elección de marzo de 2015 va a terminar de darnos las características del sistema de partidos aunque ya no tenga ningún efecto en el Legistativo, pero sí, por ejemplo, en la viabilidad de la coalición de UD, lo que no es poca cosa.

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Un pensamiento en “INCERTIDUMBRES TÁCTICAS

  1. roltell@supernet.com.bo dice:

    Gracias Fer,

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