De razones e idolatrías, el fútbol en su laberinto

Publicado en El Desacuerdo, domingo 12 de julio, día de la final

Recuerdo que allá por 1974 tuve que entrar a una función de tanda en el cine Capitol para ver un resumen de la final entre Alemania y Holanda. Fue en un noticiero europeo que se mezclaba con las propagandas de las próximas películas. Había ido con una inquietud deportiva pero, después del gol de Berti Vogts y la vuelta olímpica germana, me quedé, por si acaso, en mi butaca y fui atrapado por una extraordinaria película, Sleuth, con sir Lawrence Olivier y Michael Caine. No sólo de fútbol vive el hombre, me dije, aunque algunos no soportaríamos la vida sin fútbol. Cuarenta años después, por suerte puedo seguir todo el torneo, mirar en reprisse algún encuentro duplicado en horario y apoyar  a varios equipos, generalmente a los novatos contra los tradicionales –corrección, a todos los novatos menos a los yanquis– a medida que suceden las fases siguientes de la copa del mundo. Y si alguien no puede ver por señal abierta o por TV cable, es suficiente ingresar a rojadirecta.com y, zas, gol.

Nadie duda que Brasil 2014 es el mejor mundial de todos los torneos que pudimos ver en directo y completamente. No es poca cosa sentarse más de 5.000 minutos frente a la pantalla (y todavía faltan semifinales y vuelta olímpica cuando escribo estas líneas) y constatar que, a lo sumo, tres partidos fueron aburridos. Y si los noventa minutos de cada partido no fueron suficientes, sumamos a la retina una dosis de intelecto viendo cada noche un programa analítico en ESPN con Roberto Perfumo y el Ruso Verea y continuamos la rutina nocturna disfrutando con De Zurda con Víctor Hugo Morales y Diego Armando Maradona, ese sorprendente programa que nos regaló, por ejemplo, un par de paredes platónicas entre Diego y Rivelinho.

Y de tanto mirar, como dice el bolero, ¿qué vale la pena recordar? Porque, como escribió Soren Kierkegaard, la vida sólo puede ser entendida mirando hacia atrás, aunque deba ser vivida mirando hacia adelante –o sea, hacia algo que no existe. Y como ese misterio se dilucidará el domingo 13 en el Maracaná a las 15:00, cuando los equipos finalistas entren en cancha, en estas líneas intento entender el tiempo transcurrido, no perdido. Y dejo de lado la mirada convencional para evaluar el transcurrir del torneo. Casi todos apuntan a repetir los goles. Desde que se puso de moda el “¿para qué te traje?”, también abundan los bloopers, y quienes pregonan el juego limpio pero son pulp-fiction reiteran el mordisco de Lucho Suárez y el rodillazo del colombiano Zúñiga.  Ni hablar de las gestas nacionalistas de las comunidades imaginadas como un solo corazón palpitante porque, excepto la selección coreana que fue recibida con pastillas en señal de repudio, los derrotados/eliminados fueron recibidos como héroes, desde Chile hasta Argelia. Así que prefiero mirar hacia otro lado y resaltar detalles, no gestas ni negocios.

Messi es el jugador argentino que menos corre en el campo de juego. Solamente 33 kms. en cinco partidos. Casi tanto como un arquero. Es un analista, no un velocista atolondrado como Di María. Se encuadra en el tipo ideal weberiano de la acción social basada en cálculo racional con arreglo a fines. El asunto es evitar que Lionel se desconcentre, nadie debe enjuiciar su conducta ni provocarle suspicacia, como aquellos “murmullos” en el Camp Nou que le irritaron y fueron motivo suficiente para que -este año- el Barcelona perdiera los títulos en disputa. Tal vez por eso,  Ezequiel Lavezzi, sin querer queriendo, le echó un chorro de agua al DT Sabella para que no se le ocurra dar instrucciones en la cancha, porque para eso está el 10. Y Alejandro Sabella se dio cuenta de que la selección argentina no necesita estratega sino psicoanalista, así que hizo mutis por el foro y se dedicó a leer el seminario número 10 (obvio) de Jacques Lacan, titulado La angustia.

Otro psicoanalista fue un referente de Van Gaal, D.T. holandés, para encarar la tanda de penales contra Costa Rica. Si el seleccionado centroamericano era Pura Vida, el team naranja pecaba de duda ajena y escepticismo mediático por culpa del delantero Robben y sus caídas teatrales reconocidas por él mismo como un engaño. Así, para evitar otra farsa tuvo que acudir a la ciencia y, entonces, el DT optó por el ajedrez y recuperó una sentencia escrita por Freud en La iniciación del tratamiento: “si analizamos el noble juego del ajedrez, no tardaremos en advertir que sólo las aperturas y los finales pueden ser objeto de una exposición sistemática exhaustiva, a la que se sustrae, en cambio, totalmente la infinita variedad de las jugadas siguientes a la apertura”. Por eso, Van Gaal optó por ese inédito cambio de arquero en el  minuto 118 para que ingrese Krul, un gigante más parecido a La Montaña -ese malvado de Juego de Tronos-, que a  la Araña Negra o al “loco” Gatti. Basta con aumentar una letra a ese apellido para tener una película de aventuras (Krull) que por ser inglesa fue un fracaso de taquilla. Lo que no fracasó fue la decisión del DT holandés que utilizó una jugada inventada por el maestro Paul Charles Morphy (allá por 1880) que consiste en dar jaque mate usando dos piezas secundarias: el alfil y la torre. En este caso, fue una torre llamada Krul.

 

 Y ya que estamos haciendo rebotar el balón en el área chica, es decir, transitando los meandros del psicoanálisis, es preciso resaltar que la desesperación de Felipe Scolari se agudizó con la lesión de Neymar Jr., porque otra vez un número 10 (el del seminario lacananiano La angustia) viene a la mente, en este caso al inconsciente colectivo, porque el trauma por el “maracanazo” en 1950  es colectivo e intergeneracional en la tierra de Lula. Que sea colectivo es normal, empero no deja de asombrar que afecte a personas que no habían nacido cuando ocurrió aquel acontecimiento. Tal vez por eso se alegraron en demasía con la sanción al Pistolero Suárez por su famosa mordida que, según el historiador Gerardo Caetano, se puede entender leyendo Los que fracasan al triunfar, de Freud. Para Uruguay fue motivo de luto y bronca, para Brasil un alivio, inconsciente y colectivo. El asunto del trauma tiene sus aristas y tal vez explique porqué el DT del scratch tiene un “doble” que le remplazó en algunas entrevistas y los periodistas ni cuenta se dieron, quizás porque son entendidos en la materia pero están obnubilados por la imagen. No creo que sea usurpación de funciones, tal vez es una estrategia de Felipao -en caso de derrota de su equipo- para que la furia de la hinchada se estrelle contra Vladimir Palomo, su doble,  mientras el DT se refugia en el califato de ISIS, ese flamante estado confesional donde el fútbol será prohibido por occidental y pagano.

 

 El DT alemán, Joachim Low, no es reconocido por su lucidez para realizar los cambios de jugadores que mejoran el juego de su equipo en el segundo tiempo, sino porque practica la mucofagia, una conducta provocada por alguna fijación oral en la infancia por carencia de atención y cariño. Tal vez a su equipo le falta cariño pero le sobra atención. Todos suponen que la selección germana es una expresión terrenal de la Razón Pura kantiana y que todo está tan fríamente calculado en su comportamiento que, hasta cuando el talentoso Thomas Muller hizo el ridículo en un tiro libre tropezándose y siguiendo la jugada como si nada, algunos periodistas dijeron que ese acto (fallido) estaba debidamente planificado. ¿Porque son alemanes? Porque son alemanes muchos suponen que están destinados a ganar, una reflexión típicamente hegeliana de carácter teleológico que fue mundanamente resumida por Gary Lineker, el empirista goleador inglés: “El futbol es un deporte que se juega entre dos equipos de once jugadores y casi siempre ganan los alemanes”. No obstante, desde 1990 no se cumple ese aserto, demostrando que las verdades, sobre todo en fútbol, son relativas, así que es mejor no especular con los resultados. La única certeza que tengo es que los campeones darán la vuelta olímpica y los espectadores tendremos que llenar de alguna manera este vacío existencial que se avecina después del pitazo final.

 

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