GRAVE COSA SER EKEKO EN ALASITAS

Así como ahora, hace algunos años escribí unos textos breves que fueron publicados en los periodiquitos que, desde el 24 de enero de todos los años, circulan en la Feria de Alasitas en la ciudad de La Paz (Bolivia).

Son textos dedicados al Ekeko que pretendieron ser escritos desde su pedestal como si fuera posible que él sea un sociólogo sufriendo los avatares de la coyuntura política. No fue posible, pero les dejo estos intentos de texto, estos in/textos.

Para los neófitos, el Ekeko es el dios de la fortuna, la prosperidad y la fertilidad (http://www.eabolivia.com/bolivia/5891-ekeko-dios-de-la-fortuna.html). Es la deidad aymara de la Feria de las Alasitas cuya característica principal es la compra/venta de productos artesanales en miniatura que son ritualmente ofrecidos/solicitados al Ekeko para que se conviertan en objetos reales (http://www.bolivian.com/alasitay2k/alacita.html).

En lo que sigue transcribo los textos escritos desde 2001 con (casi) el mismo título: Grave cosa ser Ekeko. La mayoría fueron publicados en el diario La Razón, soy columnista desde hace quince años. Alguno de ellos salió en Página Siete y no me acuerdo si alguna aventura de mi personaje El Rock’alla salió en algún periodiquito de comics. Tal vez, quién sabe. Si alguien lo encuentra, me lo saluda.

Para acompañar la lectura de estos textitos, les invito a escuchar la música y el verso de Manuel Monroy Chazarreta, el Papirri, que en Quito debe estar armando su mesita para festejar el viernes a la distaaaaancia:http://www.youtube.com/watch?v=rWoiDAEPjsE

Atte. Fernando Mayorga, en las vísperas de la Feria de Alasitas.

Imágenes en blanco/negro en “Alacita o Alasitas, Alasita o Alacitas”, un admirable texto de Huáscar I. Vega L. (http://www.bolivian.com/alasitay2k/alacita.html)

 

MENOS GRAVE SER EKEKO   (Publicado en enero de 2014)

Es menos grave ser Ekeko en era espacial y territorio Dakar, pero igual me siguen pidiendo más y cada vez más. ¿Qué se creerán no? ¿Que volveré y haré millones? ¿No saben que soy Tunupa, y no Tupac? ¿Acaso piensan que el Estado Plurinacional desplazó al mercado neoliberal? Nones. Uyustus. Andan juntitos como muñeca negra de labios hinchados y enano bigotudo con pucho prendido. Lo que sucede es que hace diez años mis seguidores querían abundancia en plena escasez y no se daban cuenta que yo era famoso pero no hacía milagros. Hoy tengo miles de milloncitos de reserva y bonos bonitos, soy más famoso que antes y hasta quieren que reemplace al Papa Noel (por colonial) para que mi reinado se extienda de enero a diciembre; pero la gente me sigue pidiendo milagros. No sabe que para eso están las deidades que multiplican pan y vino. Lo mío es más complicado porque tengo que poner en tamaño real aquellos pedidos comprados en miniatura.

La gente no entiende aquello que escribió Schumacher (no el esquiador) en su libro: small es beautiful, lo pequeño es hermoso, lo chiquito es súper. Es como si hubiera escrito pensando en mí porque dice que se trata de organizar “la economía como si la gente importara”. Y pues sí, la gente me importa. Sin embargo, como estamos en un año electoral se aparecerán muchos candidatos con pinta de ekeko y dizqué interesados en la gente, pero saben que si me emulan por mero cálculo y sin convicción no conseguirán votos de verdad, solamente voto de alasitas.

SU VERDADERO TAMAÑO   (Publicado en enero de 2011)

Dos días después de la celebración del primer aniversario de la fundación del Estado Plurinacional se inauguraron las Alasitas en Chuquiago Marka Registrada. La fiesta de la abundancia en miniatura, el deseo de vivir bien por obra y gracia del Ekeko, un amuleto del don, ese intercambio sin condiciones, excepto el cumplimiento de unos ritos  para que se cumplan ciertos deseos. ¿Cuál es el motivo para que este poco humilde escribidor relacione ambos acontecimientos? Simplemente que nada es casual en la vida ni en la muerte/suerte sin blanca. Invoco la figura de hombrecito con sombrero y bigotes en estos días de post- “gasolinazo”, “azucarazo” y cada vez más carajazos, puesto que considero que la política volvió a su lugar, a su verdadera dimensión, esto es, a mostrar los contornos de una realidad que estuvo soterrada por efecto de las malas lecturas interpretativas de la oposición y del oficialismo.

La cantaleta del advenimiento de un Estado “totalitario” (desgarro de la oposición) o Estado “integral” (alarde del oficialismo) les hizo suponer, a ambos dos, que la transición estatal concluyó en la anulación de la conflictividad social (ese es el delirio del totalitarismo y del integrismo) pese a que los rezagos históricos y las fallas estructurales siguen están, como dicen algunos paceños. Esa coincidencia pese a las supuestas diferencias analíticas muestra la relación especular entre las miradas de los voceros del partido de gobierno y  de los analistas de las fuerzas de oposición. Esa operación mimética se repitió en la caracterización del accionar gubernamental y su disponibilidad de mayoría en (casi) todos los niveles de la política institucional como el avance incontenible de una fuerza (casi) imposible de frenar, de contener. Esta errónea visión, tan reiterada por la oposición cada vez que se producía un acto de arremetida oficialista o se tomaba una medida en contra de un rival del MAS, de una autoridad opositora o de un crítico al nuevo orden establecido, fue asumida como una certeza por los hombres (y mujeres, a mitades) del gobierno. Y se la creyeron, elay, como dicen algunos cruceños.

Tanto se la creyeron que imbuidos de esa fortaleza, los mandamases (y algunas mandamises, menos de la mitad) del gobierno  se lanzaron a lanzar  esa medida conocida como “gasolinazo” y fue como un estriptís porque se puso en evidencia el (supuestamente) inconmensurable poder del gobierno, la (aparentemente) inaudita capacidad del MAS para controlar a las masas, la (dizqué) incuestionable subordinación irreflexiva de las organizaciones sociales al liderazgo de Evo Morales. Y las cosas volvieron a su lugar. Mucho proyecto para tan poco Estado, escaso gobierno para tanta sociedad. Y la sociedad volvió a demostrar unos de sus rasgos peculiares construidos en este ciclo democrático: autonomía en su accionar ciudadano y definición de su conducta por cálculo racional y no por apego a lealtades ideológicas.

Y eso vale no sólo para los ciudadanos y ciudadanas como individuos, quienes votaron por la reelección de Evo en 2009 y, en menor cantidad, por el MAS en abril de 2010, pero rechazaron -y rechazan- las medidas económicas del gobierno. Esta autonomía de acción vale también para la acción colectiva, para la conducta de las organizaciones sociales. Los dirigentes cocaleros manifestaron que acataban la medida gubernamental pero no garantizaban la conducta de sus bases, los  trabajadores mineros desistieron de dialogar con el gobierno y amenazaron con marchar a La Paz. Es obvio que si los “núcleos duros” del oficialismo (como les gusta decir a algunos de sus voceros) eran reticentes a cerrar filas en torno a “su” gobierno, el resto de la sociedad estaba más que dispuesta a la protesta. Y entonces, en estas circunstancias, el presidente retrocedió en su decisión porque su radio de interpelación y convencimiento se redujo de manera considerable, al tamaño de Alasitas pues, a la realidad de nuestra política. Como dijo un pensador, en la época de la modernidad, “todo lo que es sólido se evapora en el aire”; en la era del Estado Plurinacional, antes que algo sea sólido ya se está esfumando y su primer síntoma es el achicamiento. Cosas de la política, caminos de la vida, misterios del corazón, caprichos del Ekeko.

GRAVE SER EKEKO   (Publicado en enero de 2008)

Hace años era grave ser Ekeko, ahora tampoco. Porque cambia, todo cambia para que nada cambie. Porque en nuestro país “todo lo que es sólido se evapora en el aire” -citando una frase célebre-, menos los deseos de abundancia que abundan por estos lares y se supone que es de mi entera responsabilidad hacerlos realidad. Tradición que le llaman y aquí me tienen: con neoliberalismo, con nacionalismo, más de lo mismo, según este servidor. Porque para servir estamos. Aunque si no me miman, no pasa nada; ya saben que sin cigarro sin filtro, traguito de singani y sin mi muñeca negra al costado, no pasa nada.

Un escritor k’ochala escribió alguna vez, en los años sesenta, que vivíamos “el tiempo de las cosas pequeñas” y yo pensaba que me estaba indirecteando, como si fuera mi culpa. Después vino el tiempo neoliberal y la receta fue “achicar” el Estado, y parecía otra alusión a mi pequeña estatura. Ahora que estamos en “revolushón democrática y cultural” las que han disminuido -pero sus ganancias- son las empresas petroleras, y el Boliviano crece frente al dólar gringo y ya no es tan liviano como antes. Están creciendo las cosas, sobre todo la inflación, y ya me estoy bajoneando, porque hasta tengo competencia desde que nuestro presidente anda repartiendo cheques a diestra y siniestra como si él fuera el dios de la abundancia. Hasta envidia estoy sintiendo, porque si yo tengo devotos, él tiene evotos.

Cuando aprobaron la Constitución “en grande” me molesté con el asunto pero después mis ánimos se calmaron porque la aprobaron “en detalle”, porque así me siento más seguro. Y me siento casi una Constitución porque entre ella y yo habemos afinidades puesto que hay que ser un verdadero ekeko para cargar en la espalda treinta y tantas naciones originarias, algunas de tamaño Liliput. No por nada, el “chato” Prada era el más entusiasta de los constituyentes, aunque no sea originario. Mejor es ser original, aunque sea grave siendo Ekeko rodeado de grandes hombres y espíritus pequeños.

GRAVE COSA SER EKEKO     (Publicado en enero de 2004)

Grave cosa ser Ekeko en un momento de inflexión histórica, como dicen los analistólogos, porque nadie sabe lo que quiere y los que quieren piden cualquiera cosita. Grave cosa serlo en estos días, más aún con esta hernia de disco que me aqueja debido a la excesiva carga de pedidos, pliegos, solicitudes y demandas que se han acumulado y están esperando este viernes para convertirse en avalancha. ¡Ni que uno tuviera la talla de Carlos Mesa para aguantar semejante peso¡ Por cierto, el presidente Mesa se vería bien con mi sombrerito y con un Astoria entre los dientes, pero ya sabemos que a pesar de su altura este gobierno es de Alasitas y el Primer Mandatario no tiene mi poder porque ahora mandan los demandatarios y el gobierno -como yo, humilde servidor- tiene que jugar el papel de receptor en una época sin facilitares, sino con dificultadores. ¿Acaso no sabía él que la tregua de 90 días tenía ue ver más con el inicio de Alasitas que con el período de gracia que se le concede a cualquier gobierno? Porque después de Alasitas se viene el Carnaval, aunque a diferencia del pasado todo parece indicar que esta vez jugaremos con agua… de mar.  Y una botellita con agua de mar es la novedad de este año y todos coinciden en ese pedido que se multiplica por miles y no faltará el comerciante que le habrá puesto a mi negrita un rostro montuno, venezolano. Grave cosa cumplir ese pedido pero se me infla el pecho de orgullo porque piensan en mí, total, todos saben que soy más eficaz que el Kofi Annan, el Jimmy Carter, el Hugo Chávez y el Fidel Castro.

Pero si el gobierno es de Alasitas -pequeño pero con ilusiones-, por ahí andan algunos dirigentes políticos que sienten envidia de la estatura de un pigmeo, hobbit o enano. También algunos partidos tradicionales se han achicado pero por suerte no me pueden confundir con esos dirigentitos que andan cargados de fajos de billetes de gastos reservados porque esa platita había sido de tamaño natural. Así que no hay que atufarse. En estos lares todo parece de miniatura, sin embargo, el ansía de justicia es tan, pero tan grande, que podrá ser cosa grave ser Ekeko pero qué orgullo es serlo.

MASCARITAS Y ESPEJITOS   (Publicado en enero de 2001)                

Grave cosa ser Ekeko en plena crisis neoliberal. “Abundancia”, diciendo, todos me piden abundancia sin pensar que lo único que sobra es la escasez. ¿Acaso a mí no me afectó el ajuste estructural? ¿O creen que soy de yeso y no sufro nostalgia por los restos que deja en su andar la pérfida modernización? Ahora, mi negrita es “made in Taiwan” y los puchos que me invitan son “light”, y aunque no me falta un singanito rejuvenecedor, a veces soy víctima de la ley seca, como si fuera uno de esos “wawajailones” de San Miguel. Por suerte, nunca me faltan las hojitas de coca, aunque  sufro al pensar que la erradicación tiene como meta final “coca cero” que es lo mismo que “Ekeko kaput”. Porque, ¿cómo cumplir con tanta promesa y tanto pedido sin calmar la fatiga, duplicar el laburo y honrar a la Pachamama?

Lo peor de todo es que me piden cosas y más cosas como si estuvieramos en jauja, mientras el dólar sigue fuerte –es un Tío Samson- y nuestra moneda se encoge y enflaquece: si debiera llamarse Liviano, en vez de Boliviano. ¿Y así quieren que cumpla sus encargos?, cuando podrían pedirme algo más interesante, aunque casi imposible, como una pausa en la corrupción o un “happy end” con caca cero. Y para colmo de males, algunos me confunden con el Oscar Eid (MIR) o el “ingeñero” Illanes (ADN). ¡Qué mascaritas¡ A ver,  como si yo fuera un turco con sombrero borsalino y cargado de cargamentos o un ministro sin cartera pero con chequera. Si sólo falta que diga, como ellos, que para cumplir los milagros que me piden es necesario “capitalizar la capitalización” y esperar que “no nos mamen” en el tema del gas.

Así las cosas, estoy pensando seriamente en visitar Urkupiña –¡qué espejito¡- para pedirle una ayudita a la Mamita, si es que los bloqueos campesinos lo permiten, si me alcanzan los saldos de mi Bonosol y siguen las fiestas pagano-religiosas “hasta las últimas consecuencias”. Porque, a estas alturas, sólo puedo ofrecerles un poquito de “capital social”.

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