CAMPO Y “CAMPITO” DE LA OPOSICIÓN EN BOLIVIA

 

Publicado en “El Desacuerdo”, quincenario paceño, el domingo 1 de septiembre 2013

Es preciso escudriñar a la oposición boliviana como un campo (a lo Pierre Bourdieu), esto es, como una red de relaciones entre posiciones partidistas que se definen por su situación actual y su potencial en las pugnas por el poder. Es necesario partir de una obviedad que hace años no era tal: el campo de la oposición está conformado por varias organizaciones que, aparte de cuestionar los actos del gobierno, disputan el protagonismo en la crítica al MAS para constituirse en alternativa política. Podríamos decir que intentan vencer a sus rivales en el campo de la oposición para “abrirse campito” en el espacio político y lograr réditos electorales. En ese camino, los comicios generales de 2014 constituyen un proceso decisivo porque las fuerzas opositoras empiezan a definir sus estrategias en torno a esa contienda electoral. Este texto alerta sobre la necesidad que tienen los opositores de mirar más allá del 2014, de avizorar el horizonte del 2019 al mismo tiempo. (En este texto no incluimos el proceso electoral del primer semestre de 2014 en el nivel subnacional, no obstante es evidente que las estrategias partidistas tienen que, obligatoriamente, diseñar un plan que contemple la expansión territorial y las alianzas para los comicios departamentales y municipales).

Antes es importante mencionar que, como dice Pasquino, la calidad de la democracia también depende de la capacidad de las fuerzas opositoras, no solamente de la virtud del gobierno o de la interacción entre oficialismo y oposición. Más aún, el politólogo dice que la democracia depende “sobre todo” del primer elemento pero exagera, es italiano. No obstante pone el dedo en una llaga porque plantea que el papel de la oposición es doble: evitar que “el gobierno malgobierne” y mostrar aptitud para ser “gobierno alternativo”. Táctica y estrategia, pues. Una oposición propositiva, no solamente reactiva, ni testimonial. De esa labor depende la posibilidad de alternancia en el poder; no del cumplimiento de un supuesto imperativo vinculado a la calidad democrática, sino como resultado del accionar de la oposición y su capacidad para ocupar un espacio propio en la escena política y ejercer su derecho al disenso planteando alternativas a la ciudadanía.

Así, analizamos las fuerzas de oposición sin subordinar nuestra mirada a sus promesas o pretensiones. Se trata de Unidad Nacional (UN), Movimiento Sin Miedo (MSM) y el flamante Movimiento Democrático Social (MDS).

Reconfiguración

El campo de la oposición ha sufrido notables transformaciones en la segunda gestión gubernamental de Evo Morales. La principal fuerza opositora se diluyó antes de tener identidad propia porque Convergencia Nacional, que obtuvo el segundo lugar en las elecciones de 2009, no participó en los comicios subnacionales del año siguiente. Era una suma de los restos de CONALDE y varios optaron por actuar independientes en sus regiones, como la agrupación del gobernador Rubén Costas que, hace meses, promovió la formación de MDS con otras fuerzas regionales. Se trata de la reconfiguración de fuerzas regionales en torno a una nueva coalición electoral que pretende consolidarse como partido político nacional.

 

Por otra parte, UN participó en las últimas elecciones presidenciales con menor éxito que en 2005, no obstante en los comicios de 2010 obtuvo interesante apoyo en los municipios de Cochabamba y El Alto. O sea, se consolidó sin potenciarse en el parlamento. La novedad de esos comicios subnacionales fue la conversión del MSM en partido opositor puesto que su participación electoral fue precedida de una ruptura con el MAS. En 2010 obtuvo el segundo lugar nacional y victorias en La Paz y Oruro. Es un partido antiguo (1999) pero sobrevivió a la crisis política de la década pasada merced a su apoyo a Evo Morales en dos contiendas presidenciales. También sobrevivió a la ruptura con el MAS y trascendió la circunscripción electoral paceña.

Recursos de poder

UN tiene a disposición la estructura empresarial de su jefe, en cambio, MSM y  MDS disponen de recursos institucionales merced al control de la alcaldía de La Paz y las gobernaciones de Santa Cruz y Beni, respectivamente. Si MDS carece de cuadros políticos experimentados, los dos partidos afincados en La Paz se nutren de políticos profesionales de pasado mirista; en el MSM además existe una recuperación de la tradición organizativa de izquierda con formación de cuadros y notable presencia de jóvenes. Estos elementos pueden producir articulaciones positivas o barreras insalvables.

 

A mi juicio, a estos elementos debe añadirse el tema de liderazgo porque será un factor decisivo en las estrategias electorales bajo el supuesto de que una visión política no debe limitarse a la contienda de 2014 sino debe vislumbrar las posibilidades en el aparentemente lejano 2019.  Prospectiva, dicen. Las fuerzas de oposición saben (0 deben entender) que en las elecciones generales de 2014 apuntarán a fortalecer su presencia parlamentaria para evitar que “el gobierno malgobierne” y para constituirse en alternativa política… en 2019. Para ello, además, deberán conquistar mayor cantidad de gobiernos departamentales y municipales  en 2015 y demostrar que pueden “biengobernar”.  No tendrán al frente a Evo Morales, que no es poca cosa si piensan en posibilidades de victoria. Por eso, el asunto del líder adquiere importancia.

En este cuadro, UN enfrenta problemas porque, en los próximos comicios, Samuel Doria Medina tendrá su tercera participación como candidato y no se vislumbra un recambio con miras a 2019. Así las cosas, su desafío es forjar una figura de renovación generacional si no quiere limitarse a la reproducción de historial. Este problema está resuelto en el MSM porque el jefe, Juan Del Granado, puede ser candidato en 2014  y, luego, ceder su puesto a Luis Revilla, figura política que tiene baño de urnas y legitimidad de desempeño como alcalde. Menos previsible es la conducta de MDS pero su gestación muestra elementos interesantes, sobre todo por la rearticulación de la élite política cruceña que le permite disponer de diversas figuras (Rubén Costas, Germán Antelo, Oscar Ortiz) para las contiendas de 2014 y 2019, mientras forja una organización nacional asentada en fuerzas locales.   

Discursividad política

En la segunda gestión del MAS, de manera coetánea a la recomposición en el campo opositor se produjeron cambios en el espacio de discursividad política. Pese a los conflictos con derrota (vgr. gasolinazo y TIPNIS), el MAS sigue ocupando el centro del escenario político merced a la articulación hegemónica de nacionalismo e indigenismo en su discurso. Los partidos de oposición han aceptado la hegemonía del proyecto oficialista concretado en el Estado Plurinacional. El MSM asume críticas desde posiciones de izquierda  y plantea la “reconducción del proceso de cambio”. Si UN antes rechazaba la CPE, ahora apunta a criticar las políticas públicas. Si los opositores más acérrimos de la ex “media luna” denunciaban las tendencias autoritarias e indigenistas del MAS, ahora exigen un nuevo pacto fiscal o apoyan al movimiento indígena de tierras bajas. Es un avance para entrar en la liza pero no es suficiente para actuar con certeza y abrirse un “campito”.

 

 

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