DOMITILA CHUNGARA Y EDUARDO GALEANO

Memoria de Domitila Chungara

Publicado en La Razón, 25 de marzo 2012

En abril aconteció la revolución boliviana de 1952 que decretó la reforma agraria, la nacionalización de la minería y el voto universal. Sesenta años después, en abril de 2012, murió Domitila Barrios de Chungara y la democracia boliviana se vistió de luto. Domitila fue una mujer de coraje que nació a fines de los años treinta en Potosí. Se formó como dirigenta porque era esposa de un trabajador minero y, madre de siete hijos, formó parte del Comité de Amas de Casa del Distrito Siglo XX. En junio de 1967 sobrevivió a una masacre perpetrada  por los militares contra los proletarios mineros en  junio de 1967 y una década después,  junto con cuatro mujeres, inició una huelga de hambre contra la dictadura. Fueron secundadas por sacerdotes, luego por universitarios, y en pocos días eran miles los huelguistas en las ciudades que exigían elecciones y provocaron la derrota de la dictadura militar en 1978. Así empezó este ciclo de la democracia boliviana que este año festeja tres décadas de vigencia, el ciclo más largo de nuestra historia política. Gracias a doña Domitila.  Ella fue conocida mundialmente por su participación en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada en México en 1975, porque fue la única mujer de la clase trabajadora que asistió a ese evento. También tuvo difusión mundial su libro: “Si me permite hablar. Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia”, editado por Moema Viezzer y publicado por Siglo XXI de México en 1978, que sintetiza su historia de vida y la lucha de las amas de casa de las minas bolivianas por la democracia y la justicia.

En memoria de doña Domitila recuerdo un evento literario que fue un feliz encuentro vital ocurrido hace veinte años. Tuve la suerte de ser un puente entre dos amigos del alma y así describo lo que sucedió esa noche que ingresamos al auditorio de la universidad pública en Cochabamba (Bolivia) para dar inicio a un evento excepcional. La gente estaba impaciente porque se trataba de la primera visita de Eduardo Galeano a Cochabamba, y eran enormes las ganas de escuchar su voz pausada, registrar sus gestos humildes y conocer sus historias que cuentan nuestras historias latinoamericanas.

Una de esas historias está en Memoria del fuego y es un relato de la huelga de hambre que impulsó Domitila con sus compañeras y es titulado “Cinco mujeres”, donde ella dice diciendo: “El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos dentro”. Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Catavi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste:  —Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura. El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son 1.500 los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, 3.000, 10 mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y 23 días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto. Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar” (Eduardo Galeano, Memoria del Fuego III. El siglo del viento, Siglo XXI, México, 1996).

Por eso, cuando Eduardo Galeano paseaba esos días por los valles de Cochabamba anotando sus recuerdos en unos cuadernos diminutos no me extrañó que me preguntara por Domitila. Y la pregunta fue como una esas frases que inventa el escritor uruguayo y ya no las escribe en una servilleta, porque para eso están sus cuadernitos centimétricos que le han regalado para que el viento no borre las palabras mientras vuelan. Y le cuento a Galeano que ella, Domitila, vive en la provincia de Quillacollo y tiene a su cargo una escuela de formación sindical. Lo que no le dije es que desde ese instante empezamos a buscarla para que asista a su conferencia en la universidad.

A las seis de la tarde, cuando ingresamos al auditorio le aviso a Eduardo: “Ahí está ella, en la última fila, ocultando su cabeza de nuestra mirada ¿quieres que le invite a la mesa?” “No”, me responde, “ese placer será mío”. Y cuando el silencio de la expectativa ahogaba la sala, Eduardo Galeano agarró el micrófono, se puso de pie y casi susurrando dijo: “Un pajarito me ha contado que aquí está mi amiga Domitila”. Ella seguía intentando ocultar su rostro detrás de las cabezas de los estudiantes, pero no pudo aguantar la emoción cuando Galeano exclamó: “Ven, te estamos esperando”.

Se puso de pie en medio de aplausos y se acercó a la mesa para  fundirse en un cálido abrazo con su amigo uruguayo. La calidez de Eduardo   Galeano convirtió ese recinto en una fiesta y él empezó a contar sus historias de las historias del mundo y, de rato en rato, mientras leía sus fragmentos de libros se quedaba mirando a Domitila Chungara, sonriendo con ella como si estuvieran celebrando esa coincidencia. Recordamos a doña Domitila con tristeza, y ojalá alguien más le haya dado tanto cariño, tanto respeto, como lo hizo Eduardo Galeano esa noche en Cochabamba.

Versión en italiano (traducción de Michelle Presutto)
Domitila, il coraggio, la democrazia 
Publicado en La rivista il Mulino, 3/12, 17 agosto 2012

Nell’aprile del 1952 iniziò la rivoluzione boliviana, che diede impulso alla riforma agraria, alla nazionalizzazione del settore minerario e al suffragio universale. Sessant´anni dopo, nell’aprile 2012, è morta Domitila Barrios de Chungara e la democrazia boliviana si è listata a lutto. Domitila era una donna coraggiosa, nata alla fine degli anni Trenta a Potosí. Ebbe la possibilità di formarsi come dirigente in quanto moglie di un minatore e, madre di sette figli, fece parte del Comitato delle casalinghe delle miniere. Nel giugno del 1967 sopravvisse al massacro perpetrato dai militari contro i minatori e, dieci anni dopo, insieme ad altre quattro donne, avviò lo sciopero della fame contro la dittatura. Ricevettero dapprima l’appoggio dei sacerdoti, poi degli universitari e, in pochi giorni, furono migliaia gli scioperanti che esigevano libere elezioni, riuscendo a provocare la caduta della dittatura militare, nel 1978. Ebbe così inizio la democrazia boliviana, che quest’anno festeggia tre decadi, la fase più lunga della storia politica del Paese.

Pensando a lei, mi sovviene un aneddoto legato a un evento letterario, un felice incontro avvenuto più o meno vent’anni fa. Ebbi la fortuna di far incontrare due cari amici ed essere testimone di quello che accadde la magica sera in cui entrammo nell’auditorium dell’Università pubblica di Cochabamba. Il pubblico era impaziente poiché si trattava della prima visita di Eduardo Galeano, vi era una voglia enorme di ascoltare la sua voce posata, di registrare i suoi gesti umili e conoscere le sue storie, che raccontano le nostre. Una di queste si trova nella Memoria del fuoco: è il racconto dello sciopero della fame attuato da Domitila con le sue compagne ed è intitolato Cinque donne: «Qual è il nemico principale? La dittatura militare? La borghesia boliviana? L’imperialismo? – dice Domitila – No, compagni. Io desidero dirvi questo: il nostro nemico principale è la paura. Ce l’abbiamo dentro».

Per questo non mi meravigliai quando Eduardo Galeano, che in quei giorni passeggiava per i dintorni di Cochabamba annotando i suoi ricordi in minuscoli bloc notes, mi chiese di Domitila. Dissi a Galeano che Domitila abitava nella provincia di Quillacollo, dove gestiva una scuola di formazione sindacale, e aggiunsi che da quel momento avremmo iniziato a cercarla perché potesse assistere alla sua conferenza all’Università. Alle sei del pomeriggio, quando entrammo nell’auditorium, avvisai Galeano: «Lei è lì, nell’ultima fila, e nasconde la testa ai nostri sguardi, vuoi che la inviti al tavolo?». «No», mi rispose, «questo piacere sarà mio». E mentre in sala regnava un silenzio carico di attesa, Eduardo Galeano prese il microfono, si alzò in piedi e, quasi sussurrando, disse: «Un uccellino mi ha detto che in sala c’è la mia amica Domitila». Lei continuava a cercare di nascondere il volto dietro le teste degli studenti, ma non riuscì a trattenere l’emozione quando Galeano esclamò: «Vieni, ti stiamo aspettando».

Solo allora si alzò in piedi in mezzo agli applausi e si avvicinò al tavolo per sciogliersi in un tenero abbraccio con l’amico uruguayano. Il calore di Eduardo Galeano trasformò quell’occasione in una festa: iniziò a raccontare episodi della sua vita e, di quando in quando, mentre leggeva brani dei suoi libri, rimaneva a guardare Domitila Chungara, sorridendo con lei. Oggi ricordiamo doña Domitila con tristezza: magari qualcuno potesse averle dato tanto affetto e tanto rispetto quanto Eduardo Galeano quella sera a Cochabamba.

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3 pensamientos en “DOMITILA CHUNGARA Y EDUARDO GALEANO

  1. Mara Bravo dice:

    Cuando a finales de 1980 escuché por primera vez hablar de Domitila Barrios de Chungara, mi ignorancia acerca de la diferencia entre república democrática, federal, monarquía, autarquía, y dictadura era profunda, no conocía más allá de lo que reproduce la educación tradicional que enseña a repetir pero no a pensar en los contenidos que marcan una curricula, Había sido bien aleccionada para responder al curriculum oculto de mis profesores, por eso, al conocer la relevancia que puede llegar a tener una persona en los procesos histórico-sociales fue para mi revelador.
    Quien me hablaba de este personaje lo hacía convencido, me hace pensar ahora a treinta años de distancia, que un discurso tiene vida propia como dijera Michel Foucault en el Orden del discurso (1974), pues en un momento dado se desvincula del que lo pronuncia y toma una fuerza y carácter individual, el actor deja de ser el emisor, quien se convierte en protagonista es el discurso mismo. con todas las potencialidades que encierra. “Si me permiten hablar” se convierte para mi, en ese momento (1980), en el discurso que deja de ser mensaje para convertirse en sujeto y objeto al mismo tiempo para ser estudiado a partir de sus implicaciones. “Si me permiten hablar” es la denuncia de la diferencia, La diferencia entre las personas que desde la comodidad de un escritorio escriben acerca de una realidad que está muy lejana y por eso, reducen en la mayoría de los casos con categorizaciones y conceptos que no dejan ver las verdaderas consecuencias de la realidad que sufren los grupos vulnerables.
    El discurso pronunciado en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer en México en el año de 1975, que se convirtió después en un libro, era el que exaltaba en ese entonces, ese mi interlocutor que pretendía hacerme reflexionar a partir de dicho discurso-defensa-discusión, quién era yo en ese momento… y si, me hizo observarme me reconocí una empleada bancaria que trabajaba como mecanógrafa toda la mañana para después correr a la universidad, en mi ropa formal de oficinista, entaconada y arreglada desde los cánones de la pequeña burguesía. Me costó mucho trabajo reconocer la importancia de Domitila Barrios, sobre todo, porque en ese entonces la búsqueda de fuentes de información confiables no era tan sencilla como lo es ahora con el internet, y aún ahora es difícil encontrar el discurso llano, tal cual fue pronunciado en ese año Internacional de la Mujer de 1975, que se dio en forma de reclamo para contrastar las realidades de las mujeres latinoamericanas entre las viven la realidad de la pobreza y las que hablan de ella.
    Lo cierto es que este artículo llega en el preciso momento en el que en mi país, vuelve la represión bajo el argumento de la defensa del estado de derecho, cuando la pauperización de los grupos vulnerables es mayor, cuando la clase media está siendo violentada por las consecuencias perversas de un modelo económico que como dice Giddens en su libro La tercera Vía (1998), privatiza los beneficios pero socializa las deudas.
    Mi país ha sido secuestrado por el miedo, el miedo a la represión, a la privación de la libertad, a la guerra sucia… un miedo que paraliza la acción ciudadanía que debería estar reclamando en las calles, demandando a las instituciones creadas por la misma sociedad que cumplan con sus objetivos, no que se vuelvan en su contra, pero como dijera Weber en la Ética protestante, estamos frente a un sistema institucional burocratizado que se ha convertido en una “jaula de hierro” que acomete contra el individuo en todas las esferas de la vida pública y privada. Que pertinente y que valioso el modelo ejemplar de Domitila Barrios, quien en su lenguaje sencillo es capaz de demostrar el valor de las mujeres no sólo en la economía doméstica, por lo que aporta sumando todos sus roles, sino a la economía de las naciones que siguen descalificando la importancia de la labor de las amas de casa en el sostenimiento de una economía. La importancia también de la acción no violenta para demandar cambios estructurales en las relaciones sociales, económicas y políticas de una nación pues se convierte en promotora del cambio con la huelga de hambre.
    Hoy las fuerzas de la policia federal flanquean las puertas de acceso a nuestra máxima casa de estudios, la UNAM se ve rodeada para evitar que los estudiantes salgan a manifestar su repudio a la represión y encarcelamiento de sus compañeros… hoy la exigencia de que se encuentre a los culpables de los disturbios del 1 de diciembre y se libere a los estudiantes y profesores encarcelados es acallado como en los años de la guerra sucia por los medios de comunicación que atentan contra el artículo 6º de nuestra carta magna, que en resumen defiende el legítimo derecho a manifestar de manera libre las ideas sin ser objeto de sanción o inquisición, y de tener acceso a la información de manera pública y veraz.
    Ojalá en mi México tuviéramos muchas Domitilas que defendieran su papel de madres, que demandaran mejores condiciones laborales para sus maridos, que defendieran el legítimo derecho de sus hijos a vivir en un país en paz, que tuvieran el valor de a través de la no violencia activa reclamar un México mejor.
    Que descanse en paz Domitila Barrios.

  2. El compañero Eduardo se fue de este valle de lágrimas; posiblemente, en la morada de nuestro Maestro y Señor ya debió encontrarse con su amiga y luchadora social Domitila, ambos, coincidentes en el pensamiento revolucionario de los nadies, de los ninguneados, de los de a pie, en procura de un día alcanzar definitivamente la libertad, la igualdad y una democracia real.
    Paz en tu tumba compañero Eduardo e ilumínalos a la gente que nos mira de arriba a abajo pretendiendo hacernos sentir inferiores.

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