En el ojo de la tormenta. A propósito del Tribunal Supremo Electoral

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Retorno a este sitio después de quince meses de ausencia con  mi columna quincenal publicada ayer domingo, 23 de septiembre de 2018, en La Razón

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) está en el ojo de la tormenta. Nada nuevo. Lo estuvo en ocasión del referendo del 2016 cuando las fuerzas opositoras al Movimiento al Socialismo (MAS) pusieron en duda la transparencia de ese evento hasta la emisión oficial de los resultados que dieron la victoria al No. En la víspera eran frecuentes las acusaciones de “fraude” y algunos grupos incitaban a tomar las instalaciones departamentales del Órgano Electoral Plurinacional. Inclusive, ya con datos oficiales, algún miembro de un “colectivo” cuestionó la veracidad del padrón electoral con alusiones a una inverosímil influencia extranjera. Y si uno se remonta a la elección de los vocales del TSE podrá advertir que las “acusaciones” sobre su filiación oficialista eran moneda corriente. Estas adquirieron más resonancia en ocasión de la aprobación de la Ley de Organizaciones Políticas (LOP) y la convocatoria a elecciones primarias. Es evidente que el MAS retomó la iniciativa política e impulsó la aprobación de esa ley para su puesta en vigencia en las próximas elecciones –desoyendo la sugerencia del TSE sobre su paulatina implementación. El oficialismo hizo prevalecer su mayoría y aprobó la LOP, la cual fue calificada por alguna “plataforma” como “ley maldita”. Las críticas al TSE se orientaron a cuestionar su independencia porque elaboró el calendario de  las elecciones primarias en cumplimiento de la norma, como corresponde.

Estos días las críticas opositoras se multiplicaron debido al rechazo del registro de Sol.bo como partido porque no cumplió los requisitos en  un tercio de los inscritos. Es decir, el TSE aplicó la norma, como corresponde, empero su accionar fue denostado porque ese dictamen favorecería –salto mortal triple- al oficialismo. El líder de esa organización acusó, obviamente, “de manipulación política del MAS en el TSE” y recibió varias muestras de apoyo (y uno que otro comentario burlón de sus rivales en la oposición) con el mismo sello de inexactitud, como el caso de Carlos Mesa que dijo que la decisión del TSE es una “arbitrariedad incomprensible” y que “no contribuye a la credibilidad de las primarias”. Una afirmación que carece de sentido pero muestra la intención de sembrar más sospechas sobre el comportamiento del TSE.

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Considero que esta suspicacia se debe a dos factores. Primero, a una estrategia discursiva de la oposición enfocada en debilitar la figura de Evo Morales y usar argumentos de fraude en caso de una victoria oficialista, puesto que dudo que quienes hablan de dictadura, tiranía, autoritarismo y totalitarismo estén convencidos de la pertinencia de esos adjetivos. En segundo lugar, a la incomprensión sobre el carácter del control multipartidario. Como se sabe, existen dos tipos de frenos y contrapesos al órgano Ejecutivo: el control multipartidario por parte del órgano Legislativo que, en este caso, es irrelevante porque el MAS tiene mayoría calificada en ambas cámaras; y el control contramayoritario por parte del órgano Judicial –a través del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP)- y del órgano Electoral que tienen prerrogativas para restringir el accionar del gobierno cuando se torna arbitrario. Sin embargo, esas prerrogativas corresponden a sus ámbitos de acción y, en ese sentido, es errónea la presión de las fuerzas opositoras sobre el TSE para que rechace la inscripción de Evo Morales como candidato en las elecciones primarias puesto que su habilitación depende de la sentencia del TCP.

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El TSE está en el ojo de la tormenta debido a esta  incomprensión y es deseable que salga indemne de esta coyuntura crítica para garantizar la continuidad del proceso electoral y la propia estabilidad de la democracia que, como quisiera más de alguno, puede naufragar en un mar de incertidumbre.

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FILEMÓN ESCÓBAR EN LA HISTORIA

 

Publicado en La Razón, 11 de junio 2017

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En mayo de 1986, la mina San José ardía por los debates en el plenario de la Federación de Mineros. Filemón Escóbar sostenía la Tesis de Catavi que apuntaba a defender la “coyuntura democrática” para frenar las posturas radicales que proponían derrocar el gobierno de Hernán Siles, acorralado por fuerzas opositoras (MNR y ADN) que controlaban el parlamento. En ese mundo sindical donde los oradores se respaldaban con citas a Lenin y Trotsky, Filemón afirmaba que el enemigo principal no era el reformismo de la UDP sino el fascismo. Y que había que preservar la democracia como el escenario privilegiado para la actuación política de los sindicatos, a los que concebía como “órganos de poder”.  Venció, con Simón Reyes, a Juan Lechín Oquendo que era respaldado por fracciones radicales de izquierda. La interpretación de Filemón acerca de la democracia rescataba la tradición minera de participación política en contraste con posturas insurreccionales que fracasaron en las “jornadas de marzo” de 1985. Fue el preludio de la victoria electoral de Banzer, la elección presidencial de Víctor Paz y el inicio del “ajuste estructural” que provocó la debacle del proletariado minero.

Su concepción de “coyuntura democrática” distinguía a Filemón de sus detractores –eran legión, y estos días se pusieron una máscara hipócrita de admiración– puesto que, al margen de considerarla una fase de transición al socialismo, ponía a la democracia en el centro de la política. Era un tránsito de la revolución a la democracia, expuesto en su libro “Testimonio de un militante obrero” (1984). La democracia en el centro. Por eso Filemón estaba sonriendo en la plaza San Francisco cuando los mineros y los alteños tomaron La Paz en octubre de 2003. La insurrección derivó en sucesión presidencial porque el MAS era la principal fuerza política opositora y su apuesta era el cambio del modelo neoliberal y la derrota de los partidos tradicionales respetando la institucionalidad democrática. Esa coyuntura democrática concluyó en victoria nacional-popular.

Su noción de “coyuntura democrática” iba de la mano con su visión de los sindicatos como “órganos de poder”. Los sindicatos, en su vertiente campesina, habían conformado un  “instrumento político” (MAS) que tuvo victorias electorales desde 1997  y provocó la transformación política más profunda de nuestra historia con la victoria de Evo Morales en 2005. Ese resultado también tiene como protagonista a Filemón que hizo un giro discursivo en 1985 cuando acompañó en binomio presidencial a Genaro Flores, líder del katarismo: “la clase obrera ya no es la vanguardia, debe ir detrás de los indios”. Cuatro años después fue elegido diputado por Cochabamba, sobre todo con el voto de los cocaleros. Ese tiempo realizaba en el Chapare una labor de formación política y sindical. Ahí reforzó su relación con Evo Morales e impulsó la opción por una vía democrática cuando los campesinos cocaleros eran sometidos a una brutal represión y discutían la creación de “grupos de autodefensa”. Así surgió el liderazgo sindical de Evo Morales, dirigiendo la resistencia en Chimoré, y se tradujo en adscripción a la democracia cuando fue elegido diputado uninominal en 1997. La creación del “instrumento político” y su victoria electoral en 2005 era una confirmación indirecta de la Tesis de Catavi. Estas fueron enriquecidas con otro giro discursivo, cuando Filemón publica “De la Revolución al Pachakuti”, donde condensa sus ideas acerca de la complementariedad entre opuestos (k’aras e indios). Ese libro fue publicado en 2008, no obstante esa directriz fue impulsada por Filemón desde años antes y, en cierta medida, se expresa en la conducta política de Evo Morales que en varias oportunidades, desde 2005, avanzó hacia el centro para concertar en busca de equilibrios políticos y sociales. Las ideas de Filemón fueron decisivas para que la izquierda se identifique con la democracia, el cambio político se sustente en los sindicatos y los protagonistas sean campesinos e indígenas. Ese es su legado. Y merece respeto. Estas líneas fueron escritas horas después de su fallecimiento y son un homenaje a su personalidad y su trayectoria.

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Manuel Castells visita Bolivia

Texto publicado en Animal Político de La Razón, 12 de febrero 2017 

A principios de este siglo, se publicó un libro cuyo título podría ser parte del candente debate actual y, además, extendido a todos los rincones del planeta. Su título era provocativo (y es) porque se preguntaba: ¿Es sostenible la globalización en América Latina? (FCE-PNUD-Bolivia/FCE, Santiago, 2003). Es un libro que contiene ensayos de intelectuales de varios países de la región y que fueron compilados por Fernando Calderón en dos volúmenes. No solamente ensayos, también presenta debates de los autores con un invitado especial: Manuel Castells, renombrado sociólogo español. En ese diálogo participaron varios colegas locales: Gustavo Fernández, Natasha Loayza, Hugo José Suárez, Roberto Laserna, Armando Ortuño y Alicia Szmukler. Esta obra se inicia con un Prólogo escrito por Manuel  Castells y concluye con unas –nunca tan pertinentes- Inconclusiones bajo el título: “América Latina en la era de la información: cambio estructural, crisis, actores sociales, procesos de transformación”. Ese balance es un diálogo vibrante entre Fernando Calderón y Manuel Castells y concluye de manera tajante: “Habrá que analizar antes que buscar consignas”. Una consigna cuya vigencia es innegable en estos días.

¿Por qué  resalto esa conversación entre un sociólogo boliviano y un sociólogo español? Porque Manuel Castells visitará Bolivia a mediados de marzo y es una estupenda noticia porque se trata de uno de los intelectuales más importantes del pensamiento sociológico, junto con Anthony Giddens, Jurgen Habermas y Alan Touraine.  Si usted lector(a) tiene interés en conocer su trayectoria y saber que se trata del autor más citado en el mundo en temas de comunicación social puede husmear en Internet. Y también se enterará que hizo su doctorado con Alain Touraine y tanto se destacó que a los veinticinco años fue profesor en la Universidad de París e, igual que el sociólogo francés, puso su mirada en América Latina. Y también puede conocerlo en otra arista si busca en Youtube, por ejemplo, un par de entrevistas que le hizo Pablo Iglesias en el programa español “Otra vuelta de tuerca”. Proporciono estas pistas para visitar sitios y redes porque a ese tema nos acercamos, un tema que está indisolublemente asociado a la obra de Castells.

En los años setenta hizo contribuciones significativas a la sociología urbana desde una perspectiva marxista renovando el debate sobre el espacio citadino y la acción de los movimientos sociales. En nuestro medio universitario se sigue asociando su nombre a esa vertiente de análisis. Sin embargo, en la segunda parte de la década de los años noventa del siglo XX,  Manuel Castells publicó una trilogía que constituye una referencia teórica ineludible para reflexionar la época actual… y el futuro. Esa trilogía titulada: La era de la Información.  Economía, sociedad y cultura fue publicada en español  en 1999 y los subtítulos de cada volumen son por demás demostrativos: La sociedad red (volumen 1), El poder de la identidad (volumen 2) y Fin de milenio (volumen 3). Por cierto, en el segundo tomo dedica un capítulo a Conciencia de Patria (CONDEPA), ese fenómeno socio-comunicacional y político que cimbró la democracia boliviana a fines de los años ochenta.

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A partir de esta trilogía, traducida a más de veinte idiomas y cuya importancia fue comparada con Economía y sociedad  de Max Weber, varios términos usados por Manuel Castells se convirtieron en parte del sentido común para explicar la realidad social. Por esa razón es importante rescatar su visión que caracteriza nuestra época como La Era de la Información:

“Es un periodo histórico caracterizado por una revolución tecnológica centrada en las tecnologías digitales de información y comunicación, concomitante, pero no causante, con la emergencia de una estructura social en red, en todos los ámbitos de la actividad humana, y con la interdependencia global de dicha actividad. Es un proceso de transformación multidimensional que es a la vez incluyente y excluyente en función de los valores e intereses dominantes en cada proceso, en cada país y en cada organización social. Como todo proceso de transformación histórica, la era de la información no determina un curso único de la historia humana. Sus consecuencias, sus características dependen del poder de quienes se benefician en cada una de las múltiples opciones que se presentan a la voluntad humana.”

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En la actualidad es moneda corriente hablar de redes sociales y la  importancia de las TIC en todas las esferas de la vida. Sin embargo, pocos autores han realizado un examen riguroso de la complejidad de este hecho social y en sus múltiples dimensiones, además desde una perspectiva comparada que involucra casos de (casi) todo el planeta. Así, en La sociedad red: una visión global, obra editada por Manuel Castells y publicada en español en 2006 presenta estudios de caso sobre internet y globalización, algunos en coautoría, referidos a Silicon Valley y Finlandia; a China, Rusia e India;  o Cataluña y Detroit. A temas como educación, descentralización y salud. Y  a las transformaciones en la política, la identidad y los movimientos sociales. Es una indagación acerca de la sociedad post-industrial o, en sus términos, “sociedad informacional”. Este último atributo es decisivo en su pensamiento sociológico porque Estado-red y Sociedad-red se caracterizan por el predominio del informacionalismo, esto es, una forma de organización de lo social basada en la generación, procesamiento y transmisión de información como “fuentes fundamentales de la productividad y del poder, merced a un cambio radical en las condiciones tecnológicas”. No es solamente la “sociedad de la información” que algunos pretenden sintetizar en las TIC. Es algo más importante. El informacionalismo es un modo de desarrollo: “un paradigma tecnológico basado en el aumento de la capacidad de procesamiento de la información y la comunicación humana, hecho posible por la revolución de la microelectrónica, el software y la ingeniería genética”.

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Es evidente que es un tema crucial para discutir el perfil de un modelo de desarrollo alternativo, sobre todo en países –como Bolivia- que tienen que emprender tareas de industrialización llevando a cuestas la herencia primario-exportadora. Más aun en una fase del capitalismo caracterizada por las dudas respecto al sentido de la globalización después del Brexit y su impacto en la Unión Europea y del ascenso de Trump a la presidencia en Estados Unidos.  Precisamente ese es el tema que expondrá Manuel Castells en su visita a La Paz: “¿Es reversible la globalización?” No es la primera vez que visita nuestro país. Lo hizo a principios de los años noventa en contacto con un centro de investigación cochabambino (CERES) y también fue nombrado, en 1998, Doctor Honoris Causa por la UMSA. En esta oportunidad, su visita cobra singular importancia por la coyuntura internacional y por el proceso de transformaciones que vive el país desde hace más de una década.

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Referendos en Bolivia: democracia directa y participativa

Hace varios años, con Benjamín Rodríguez, mi amigo aurorista y colega sociólogo, escribimos un libro que versaba sobre la disputa entre el presidente Evo Morales y los prefectos de la denominada “media luna”. Una pelea que se dirimió en 2008 con un inédito referendo por revocatoria de mandato. Fueron los años de “gobierno dividido”, “proceso constituyente” y “pugna vertical de poderes”. Por circunstancias que no vienen al caso mencionar, los resultados de aquella investigación quedaron archivados. Una pena, puesto que era (y es) el único estudio dedicado a ese peculiar evento de aquel intenso momento de polarización política. Por suerte, el Órgano Electoral Plurinacional desempolvó ese texto y el libro fue publicado en diciembre de 2015 con el título: Democracia participativa y crisis política.  Análisis de los resultados del Referéndum Revocatorio de Mandato Popular 2008.

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Un par de meses después, a principios de 2016, se realizó el  primer referendo para una reforma constitucional parcial. Su emblema: 21F. Los resultados de esa consulta definieron el curso del proceso político y plantearon nuevos desafíos investigativos: “control contramayoritario”, “democracia intercultural” y “redes sociales digitales”. Con Benjamín (el tiempo es circular, dizqué) escribimos otro libro para analizar esa consulta. También fue a instancias del Órgano Electoral Plurinacional, que lo publicó con el título Urnas y democracia directa. Balance del Referendo Constitucional 2016.

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Ahora los comparto en PDF para su atenta y generosa lectura.

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Democracia (im)pactada

En octubre de 2016 se presentó el libro de José Luis Exeni Rodríguez: Democracia (im)pactada.  Coaliciones políticas en Bolivia 1985-2003. Tuve el placer de escribir el prólogo. Lo comparto. Como se dice, y lo digo en serio, es una lectura necesaria.

Democracia ( im) pactada

PRÓLOGO/  Fernando Mayorga

La victoria de Evo Morales con mayoría absoluta en diciembre de 2005 cerró un ciclo político que se había inaugurado en 1985 bajo el signo de los acuerdos congresales para definir la titularidad del poder mediante la formación de coaliciones parlamentarias y/o de gobierno. Fue la primera vez –desde la transición democrática en 1982– que un candidato presidencial accedió de manera directa al poder obteniendo la mayoría absoluta de votos y su organización política –Movimiento al Socialismo, MAS– ganó más de la mitad de los escaños en disputa. Una ecuación que se repitió en dos oportunidades y extendió la permanencia de Evo Morales al mando del gobierno por quince años. Antes, en el lapso transcurrido entre 1985 y 2003, la democracia boliviana tuvo como rasgo decisivo un esquema de multipartidismo moderado que se tradujo en un presidencialismo de coalición sustentado en alianzas parlamentarias que eligieron mandatarios –en segunda ronda– y apuntalaron la gestión gubernamental con el control del poder legislativo. Ese esbozo político e institucional fue definido como democracia pactada; su hechura y los avatares de su decurso constituyen el tópico central de este libro. Su intelección como proceso y las peculiaridades de su funcionamiento en cada configuración gubernamental –tomando en cuenta escenarios, actores, estrategias, discursos y reglas, entre otros aspectos– es un valioso aporte para la comprensión de la democracia boliviana en ese período. Y para reflexionar sobre su decurso en el siglo XXI.

La generalidad de las interpretaciones acerca de la primera victoria de Evo Morales alude a la crisis de ese esquema político –democracia pactada y presidencialismo de coalición–, sin embargo los argumentos esgrimidos son de carácter genérico o se justifican por el posterior decurso de la disputa electoral y política. Un decurso que se caracterizó por la supremacía electoral del MAS en tres eventos sucesivos (2005, 2009 y 2014) y se ha traducido en la configuración de un sistema de partido predominante, no obstante el peculiar formato organizativo del “instrumento político” del oficialismo y la levedad de los partidos opositores que ponen en cuestión la pertinencia del concepto de sistema de partidos. Con todo, esa caracterización –esbozada en la tipología de Giovanni Sartori, Partidos y sistema de partidos, Alianza Universidad, Madrid, 1992– es correcta puesto que su elemento distintivo es la existencia de competencia electoral aunque no hubo competitividad por la debilidad de las fuerzas política que ocupan el campo opositor, cuyas siglas y candidatos presidenciales variaron en los sucesivos comicios. De esa manera, el multipartidismo moderado fue desplazado por el predominio oficialista en el ámbito legislativo y el presidencialismo de coalición fue sustituido por un presidencialismo mayoritario. Sin embargo, el MAS –y es un aspecto crucial– tuvo que enfrentar un nuevo mapa institucional de reparto y ejercicio del poder político puesto que en aquel domingo de diciembre de 2005 no solamente se produjo la primera elección presidencial directa, también ocurrió otro hecho inédito: la elección de prefectos departamentales mediante voto popular. Es decir, se inauguró la distribución vertical del poder, una faceta que se formalizó con la incorporación del régimen de autonomías territoriales en la Constitución Política del Estado Plurinacional y la consiguiente elección directa de gobernadores e instauración de gobiernos autónomos departamentales. Así empezó a esbozarse un escenario político/institucional más complejo puesto que, hasta entonces, la disputa se limitaba a la distribución horizontal del poder, es decir, a las relaciones entre el poder ejecutivo y el parlamento, precisamente los nexos que caracterizaron a la democracia pactada. Y este es uno de los rasgos que distinguen la democracia pactada y el proceso de cambio, vocablos manidos para designar/distinguir los ciclos políticos –y fases estatales- que tienen como momento de inflexión la huida del último presidente de la democracia pactada y el ascenso del líder del proceso de cambio.

Es evidente que cada época elabora mitos y sus protagonistas pretenden proporcionar un nuevo sentido al acaecer histórico mediante la elaboración de una narrativa verosímil que proporcione legitimidad al orden estatal vigente. La democracia pactada es el pasado de un proceso político que, en 2005, ingresó en una nueva etapa, empero ese vocablo sigue operando como un ideologema del discurso sobre la democracia.  Algunas visiones normativas asocian este vocablo al pluralismo, a la alternancia y al Estado de derecho, y lo promueven como alternativa al presidencialismo mayoritario y como rechazo al sistema de partido predominante. Ideologema que, sin embargo, oculta las diferencias y diluye los matices existentes entre los gobiernos que se conformaron entre 1985 y 2003 porque la democracia pactada no fue abordada como un objeto de estudio sino esgrimida como un modelo por sus epígonos o estigmatizada por sus detractores. Aparte de la caracterización genérica de democracia pactada –y sus símiles: presidencialismo parlamentarizado o parlamentarismo híbrido– no existen indagaciones teóricas ni balances de gestión política para auscultar las razones de su debacle, tampoco se realizaron análisis comparados para escudriñar sus diversas facetas en las gestiones gubernamentales que corresponden a ese ciclo político. Este libro compendia esas necesidades y proporciona una brújula para recorrer el pasado y evaluar enseñanzas. Un avezado intelectual señaló que “el punto de vista crea el objeto” pero quizás olvidó precisar que un punto de vista es resultado de un proceso intelectual que presupone una mezcla de capacidad reflexiva, destreza metodológica y rigor conceptual. Precisamente, este libro es un ejemplo de virtuosa combinación.

Escrito en 2003 y defendido, con todos los honores, como tesis para optar al Doctorado en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO/sede México), el texto de José Luis Exeni reflexiona sobre la democracia pactada prestando atención a las coaliciones políticas que la caracterizaron y  que, a juicio del autor,  son “acaso el resultado mejor logrado del proceso de democratización y de reforma político-institucional en Bolivia pero constituyen, al mismo tiempo,  el eslabón más débil para la consolidación y persistencia del régimen democrático”. Este libro expone un balance de casi veinte años de vigencia de un modelo político que es evaluado con la perspectiva que proporciona su agotamiento, la antesala de su derrumbe; porque el autor inicia su investigación con los hechos dramáticos del denominado “febrero negro” de 2003 –enfrentamientos entre policías y militares, movilizaciones sindicales, ataque de manifestantes a edificios públicos y destrozo de sedes partidistas– que, por entonces, representaba “el momento más crítico y vulnerable del régimen boliviano desde que, en 1985, se iniciara un prolongado período de estabilidad política y construcción institucional con atractivo  nombre: democracia pactada”.

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Con la crisis de la democracia pactada se devaluaron algunos parámetros de la reflexión académica y ciertos referentes para la acción política como, por ejemplo, la gobernabilidad.  Justamente, en una obra escrita en 2000 y publicada en 2005, José Luis Exeni realizó una intelección sobre la noción de gobernabilidad enmarcada en la compleja relación entre medios de comunicación masiva y orden democrático que contiene una afirmación inquietante: “la palabra gobernabilidad es una palabra fea” (MediaMorfosis. Comunicación política e in/gobernabilidad en Democracia, Ediciones FADO y Plural editores, La Paz, 2005: 127, cursivas del autor).  Similar búsqueda parece haber guiado su lectura sobre el proceso político y las interacciones partidistas porque, en este caso, el objeto de sus disquisiciones teóricas es la democracia pactada que se convirtió en una “mala palabra” en el léxico político local; sobre todo después de la victoria de Evo Morales con mayoría absoluta, en diciembre de 2005, que volvió innecesario el procedimiento parlamentario para definir la titularidad del poder que, desde mediados de los años ochenta, parecía formar parte de la naturaleza de las cosas.

La mirada convencional sobre la democracia pactada empezó a cambiar desde fines del siglo pasado porque fue emparentada con el mero cuoteo de espacios de poder y el uso del “rodillo parlamentario”; así, el pacto político se convirtió en sinónimo de prebenda y corrupción, de pragmatismo y negación de principios; en radical contraste con las valoraciones previas que exaltaban sus logros y la concebían como una vía adecuada para la estabilidad política –la gobernabilidad, precisamente– y la reforma institucional –de tipo incremental. Las diversas interpretaciones acerca de la democracia pactada son susceptibles de simplificarse –utilizando una percepción ya convencional– en la antinomia: “apocalípticos” o “integrados”, es decir, entre posturas que hincaban el diente con similar entusiasmo en los aspectos rescatables o cuestionables de los pactos y/o alianzas; aunque es importante destacar que las definiciones o valoraciones se referían a diversos momentos del proceso político y/o privilegiaban distintos factores por razones metodológicas. Las evaluaciones positivas de la democracia pactada apuntaban a resaltar: estabilidad política, modernización institucional, formación de gobiernos estables y consenso en torno a la política económica; por su parte, las evaluaciones negativas incidían en: interés pragmático, intercambio clientelar, ausencia de pluralismo ideológico y déficit de representación política. “Integrados”, que veían en las coaliciones partidistas el compendio de las virtudes del sistema político. “Apocalípticos”, que las concebían como un instrumento que atentaba contra la democratización y solamente servían para reproducir el poder político y económico.

Un par de citas ilustran esta disyunción:

“Considero que el pacto político es el elemento esencial de la modernización del  sistema político boliviano porque… responde de manera eficaz a los problemas derivados de un sistema de partidos que excluye la posibilidad de mayorías absolutas… Este sistema combina, por lo tanto, la institución del presidencialismo con un sobresaliente sesgo parlamentarista que obliga a acuerdos parlamentarios para la conformación de gobiernos sólidos” (René Antonio Mayorga, “Gobernabilidad: la nueva problemática de la democracia”, en ¿De la anomia política al orden democrático?, CEBEM, La Paz, 1991:263).

“Se ha configurado una especie de oligopolio político de cinco partidos parlamentarios que rotan en coaliciones variantes en el ejecutivo, gobernando el mismo proyecto político-económico. En la medida que todos ellos participaron y participan en el ejecutivo y en el ejercicio del negociaciones por cuotas y espacios de poder políticos… Las mismas elecciones son un momento de renovación y ajuste del oligopolio, en las que no están en juego desde hace rato posibilidades poder político del estado y la administración, se cubren entre sí… Esto forma parte de las de elección de programas, proyectos, modelos de desarrollo, incluso candidatos” (Luis Tapia, “Subsuelo político”, en Pluriverso. Teoría política boliviana, Muela del Diablo, La Paz, 2001).

Sin duda, lecturas parciales pero no equívocas; la tarea pendiente era una evaluación sesuda de sus múltiples facetas e implicaciones. La interpretación de José Luis Exeni pone las cosas en su lugar porque Democracia (im)pactada. Coaliciones políticas en Bolivia 1985-2003 evalúa los claroscuros del proceso político que transcurre entre 1985 y 2003 resaltando los aportes y las limitaciones de una fórmula política utilizada para definir el acceso al  poder gubernamental -y el manejo estatal- mediante la conformación de coaliciones mayoritarias parlamentarias y/o de gobierno. Una tarea que el autor encara con rigor y precisión adoptando una perspectiva teórica que deshilvana el objeto de su indagación a partir de delimitar los modelos de coalición, sus lógicas prevalecientes y los cálculos estratégicos de los actores relevantes. Su punto de partida es la inevitable disquisición acerca de la mejor forma de gobierno, en el plano teórico, y el interminable debate sobre el presidencialismo latinoamericano y los supuestos riesgos que conlleva si se combina con un sistema multipartidista fragmentado y/o polarizado. En ambos casos, el autor revisa, ordena y juzga la producción académica sobre los temas en cuestión y concluye con una serie de criterios cuya actualidad es pertinente para sondear el decurso de la democracia boliviana; sin posturas normativas, con recomendaciones certeras.

Las sugerencias son consecuencia de su balance porque no es suficiente un presidencialismo con multipartidismo moderado y sustentado en coaliciones mayoritarias, también es preciso que las coaliciones políticas sean estables, eficaces en la gestión gubernamental y, también, capaces de concertar con otros actores relevantes. Estos criterios guían el análisis de las cinco coaliciones que sustentaron, de manera sucesiva, a los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989), Jaime Paz Zamora (1989-1993), Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), Hugo Banzer Suárez-Jorge Quiroga Ramírez (1997-2002) y Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) y permiten entender la trama general de ese ciclo político, así como conocer la peculiaridad política de cada gestión gubernamental.

En la mirada comparativa de los cinco gobiernos de presidencialismo de coalición es necesario poner de relieve uno de los aportes sugerentes de este libro. Se trata de la distinción entre las diversas modalidades que adoptó la democracia pactada entendida, también, a partir de una lógica de cooperación entre actores estratégicos que contrasta con la enemistad que caracteriza su comportamiento cuando existe una situación de polarización ideológica. Esa lógica de cooperación se  impuso al compás de la implementación de una reforma estatal que enlazó democracia representativa y neoliberalismo económico propiciando una tendencia centrífuga en el sistema de partidos que, adicionalmente, fue incentivada por reglas constitucionales –como el Artículo 90 que establecía que, ante la ausencia de fórmula ganadora con mayoría absoluta en las urnas, el congreso debía elegir entre los candidatos más votados– y pautas de cultura política –por ejemplo, el “trauma de la ingobernabilidad” provocado por la experiencia del primer gobierno de la transición democrática que culminó con la renuncia del presidente y la convocatoria anticipada a elecciones generales en 1985.

Sobre la base de esa convergencia centrípeta, la democracia pactada se manifestó en tres ámbitos o bajo tres modalidades con la presencia de distintos actores políticos y la adopción de diversas pautas de interacción entre los partidos con presencia parlamentaria, también en las relaciones entre el ámbito político y la sociedad. Así, José Luis Exeni distingue entre pacto, concertación e intercambio. Entre el “pacto” que caracterizó la conformación de las coaliciones parlamentarias y/o de gobierno; la “concertación” referida a los acuerdos parlamentarios entre oficialismo y oposición; y, finalmente, el “intercambio” que involucró al sistema de partidos y actores de la sociedad civil en asuntos relativos a políticas públicas. Obviamente, los objetivos y consecuencias de cada modalidad de interacción política fueron disímiles, así como los procedimientos adoptados en cada coyuntura crítica. En el primer caso, los pactos implicaban negociaciones entre socios partidistas que controlaban el parlamento y el poder ejecutivo; en el segundo caso, los acuerdos entre oficialismo y oposición se realizaron mediante la organización de encuentros cupulares entre jefes de partidos relevantes; y, en el tercer caso, la definición o revisión de políticas públicas se dio a través de la organización de espacios de diálogo entre actores sociales y partidos políticos.

Esta distinción permite evaluar de manera apropiada las distintas facetas y gamas de la democracia pactada. Gamas y facetas que también resultan útiles para evaluar las características que adoptó la gobernabilidad democrática en la última década. Por ejemplo, en el primer gobierno de Evo Morales (2006-2009) se produjo una situación inédita por la conjunción de una situación de gobierno dividido –por el control de la cámara alta por parte de una coalición opositora– y una figura inédita de división vertical de poderes –con la presencia de una mayoría de prefectos adversos al presidente–. Esta combinación provocó una aguda polarización en el proceso político que, después de muchos avatares, concluyó con la aprobación de un nuevo texto constitucional en 2009 que, entre otras cosas, establece la elección presidencial directa con mayoría absoluta en primera vuelta –o relativa, si hay una diferencia de diez puntos porcentuales entre el primero y el segundo más votados– o en segunda vuelta en las urnas. De esta manera, la  lógica de pactos partidistas en el ámbito parlamentario fue remplazada por la eficacia del voto ciudadano en la elección de las autoridades políticas.

Así, el balance de José Luis Exeni acerca de la democracia pactada permite distinguir las experiencias positivas y negativas del pasado para encarar el desafío permanente de la ampliación de la democracia sin debilitar su cualidad hegemónica, aquella que la convierte en la mejor forma de gobierno. Una idea que se refuerza con la interpretación que el autor propone sobre un período político mediante un recorrido analítico matizado con claridad conceptual, precisión metodológica y exquisito estilo narrativo. Un libro que invita a reflexionar críticamente sobre la democracia y estimula una lectura placentera del análisis político.

Cochabamba, 15 de agosto 2016

Democracia en América Latina 2016

El número 109 de revistausp (Universidade de São Paulo) está dedicado a  La democracia en América Latina.
Comparto el índice y el PDF para ojear su contenido.

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Dossiê democracia na américa latina

Apresentação / Bernardo Sorj
Representação político-eleitoral no Peru: fragmentação e construção partidária (2001-2016)
/ Aldo Panfichi e Juan Dolores
Globalização, América Latina e os desafios para a democracia /Angelina Peralva
Democracia na América Latina: mudanças e persistências / Fernando Mayorga
Dilemas e desafios da democracia na América Latina. Deterioração ou renovação?/
/ Isidoro Cheresky
Encontros e desencontros: balanço do estado da prática democrática na América Latina
/ Javier Couso
Democracia na América Latina: da inovação institucional ao velho problema do equilíbrio
entre os poderes / Leonardo Avritzer
A democracia no México / Rubén Aguilar Valenzuela

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Un boliviano en Cambridge

Una noticia que nos alegra y conmueve. Un orgullo para la academia boliviana, sobre todo para el ámbito de la sociología. Comparto la entrevista que le hicieron en la UNSAM (!pero no encuentro las fotos de Hugo José Suárez en otra época!). Si quieren conocer su aporte al pensamiento social latinoamericano visiten este sitio y ojeen un excelente trabajo realizado por Sergio Villena, otro boliviano latino/centroamericano: http://sociologialatinoamericana.ucr.ac.cr/2015/11/06/fernando-calderon/

 

 

FERNANDO CALDERÓN FUE DESIGNADO TITULAR DE LA CÁTEDRA SIMÓN BOLÍVAR DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE

El sociólogo boliviano, que dirige el Programa Innovación, Desarrollo y Multiculturalismo (PIDEM) de la UNSAM, será profesor de la universidad inglesa durante el año académico 2016-2017. “Soy un latinoamericanista de cerebro y de alma”, asegura en esta nota.

Por Alejandro Zamponi | Fotos: Pablo Carrera Oser

El director del Programa Innovación, Desarrollo y Multiculturalismo (PIDEM) de la UNSAM, Fernando Calderón, fue elegido como titular de la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. El sociologo de la UNSAM es el segundo profesor de la Universidad distinguido con el cargo —el primero fue el politólogo Guillermo O’Donnell— que también ocuparon los premios nobeles de Literatura Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, el expresidente de Brasil y sociólogo Fernando Henrique Cardoso y la ensayista Beatriz Sarlo.

“Bolívar decía que Bolivia significaba ‘ansia inconmensurable de libertad’. Lo que más me fascina es que la cátedra se llame Simón Bolívar y esté en Cambridge”. Calderón, quien dictó clases en varias universidades de América Latina, Europa y Estados Unidos, dice: “Esto es muy especial porque la cátedra es en honor a Bolívar y yo soy bolivariano desde que nací, no sólo por boliviano, sino porque soy un latinoamericanista de cerebro y de alma”, asegura orgulloso el especialista, que estará vinculado a la escuela de sociología más importante de Inglaterra. Además de dar conferencias, preparará un libro y probablemente un seminario para jóvenes investigadores en el Centro de Estudios Latinoamericanos de esa Universidad.

“Esta invitación es el resultado del trabajo docente y de las investigaciones que he dirigido a lo largo de mi vida. El equipo al que pertenezco desde hace ya cuatro años está en la UNSAM, por lo que esta distinción es también un reconocimiento al rol de la Universidad y a la red latinoamericana de universidades con la cual hemos hecho una investigación en 11 países”, que será publicada bajo el título Navegar contra el viento. Latinoamérica en el informacionalismo.

La Cátedra Simón Bolívar de Estudios Latinoamericanos fue creada en 1968 por la Universidad de Cambridge. Una vez por año, recibe a un intelectual o artista destacado, propuesto por las unidades académicas de esa universidad más estrechamente vinculadas con el área de trabajo del candidato.

 

Una vida latinoamericana

La vocación latinoamericana de Calderón se origina en la admiración de su padre hacia la figura de Bolívar, pero fueron los sucesivos viajes y trabajos realizados en la región los que terminaron de forjarla. Finalizó su formación de grado en el Chile de Salvador Allende y permaneció allí hasta que el presidente socialista fue derrocado. Entonces, en 1974, emigró a la Argentina. Tras la muerte del presidente Perón, el joven sociólogo partió a México. “De varios lados me fui asustado, pero de ningún lugar como de la Argentina, porque vi lo que se venía”, relata. Ya de vuelta en Bolivia, obtuvo una beca de cuatro años y viajó a Francia, donde compartió un tiempo con la comunidad de intelectuales latinoamericanos exiliados. Allí realizó su doctorado con los sociólogos Alain Touraine y Manuel Castells. En México, trabajó en el libroRaza y clase en las sociedades post coloniales junto con otros investigadores destacados, como los mexicanos Roger Bartra Murià y Arturo Warman Gryj, el jamaiquino Stuart Hall y el británico John Rex.

Su visión de Latinoamérica se nutrió también de su experiencia como secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), asesor de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y asesor regional para América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), además de ser coordinador de varios informes de desarrollo humano de esta última institución.

“En términos de intensidad de sentimiento, mis viajes fueron más influyentes que la lógica estrictamente académica porque una cosa es charlar el drama argentino con un argentino y vivir en Buenos Aires, y otra cosa es leer un buen libro de un argentino como Juan Carlos Portantiero. Juntar el ejercicio intelectual con la experiencia de vida ha sido constitutivo”, sostiene desde su oficina ubicada en el segundo piso del edificio de Ciencias Sociales, en el Campus Miguelete.

Al conversar sobre los motivos que lo impulsaron a regresar a la Argentina Calderón aclara: “Tengo una vocación y una historia latinoamericana. Conozco un poco y he tenido la suerte de vivir y trabajar en varios países de la región y el Caribe. Mi señora es argentina, tengo un hijo boliviano-argentino y otros bolivianos-chilenos-españoles. Tengo un corazoncito argentino, pero en la medida en que soy latinoamericano, y sobre todo sin dejar de ser nunca boliviano”.

 

“Estamos viviendo el tiempo de la kamanchaca

Al analizar la situación de la región, Calderón plantea que “América Latina no aprendió a navegar contra el viento”. “No pudimos combinar innovación con producción y distribución. Es el drama de todos los países de la región: no hay ciencia y tecnología si no hay una base de equidad”, sostiene.

La conversación con el sociólogo boliviano remite constantemente a viajes y a amistades con intelectuales latinoamericanos, europeos o norteamericanos. Esos intercambios le dan otro peso a su palabra, que apela a la lengua andina para expresar la singularidad de su mirada: “Hoy estamos viviendo el tiempo de lakamanchaca. La palabra es quechua-aimara y significa ‘la niebla que baja y no deja ver’”, explica el sociólogo. Y continúa: “La kamanchaca es una niebla viva: si te mueves puedes tener serios problemas, pero, si no te mueves, también. Es un momento raro, kafkiano. Hace poco estuve en Chile y allí había una kamanchacacomplicada. En Brasil, ni les cuento. En Europa, no saben dónde están y no solo por los atentados; perdieron la brújula. Yo siempre digo que hay que estudiar sur-sur, pero ahora hay que volver a analizar qué pasa en Europa. Están en un momento de cambio histórico y no encuentran salida. Estados Unidos tiene otro piso porque ha podido salir de la crisis capitalista-financiera, aunque con un costo social brutal. Y todo esto afecta América Latina”.

Al indagar sobre el trasfondo conceptual sobre el que se construye esta afirmación, Calderón se refiere a la complejidad creciente de las sociedades contemporáneas: “Hay una crisis generalizada de credibilidad en el sistema político y una crisis de la democracia. Esto tiene que ver con la complejización de la sociedad, que no alcanza a expresar su naturaleza en los sistemas políticos, salvo en la forma de los movimientos, que de todos modos no están institucionalizados y no son suficientes para reemplazar el sistema de democracias representativas (que, por su parte, tienen serios problemas de ejercicio de sus propios mandatos liberales). Ese divorcio es el que produce esta kamanchaka”.

Calderón se apoya en las conclusiones de su trabajo más reciente —que produjo desde el grupo de investigación en la UNSAM— para afirmar que “el capital financiero informacional, que ha subordinado la economía real, es parte de esa crisis porque no construye legitimidad política para su poder y está más deteriorado que nunca. Si uno le preguntara a la opinión pública norteamericana cuánto confía en el Morgan, que es uno de los cinco bancos más importantes, constatará que nadie cree en él. Han perdido credibilidad, pero han reganado poder”.

Fernando Calderón y equipo

La idea de que estamos ante una crisis puede rastrearse desde los sociólogos clásicos en adelante. Sin embargo, consultado acerca de si es la primera vez que el mundo experimenta esta ‘niebla que baja’, Calderón afirma: “Cuando cayó Allende, sentí que era la kamanchaca total; cuando se murió Perón, también. No es solo incertidumbre, son espíritus que gozan con el riesgo de la gente. El tema es qué queda una vez que se va la kamanchaca. Por eso la academia es tan importante, para pensar esto que estamos viviendo, aunque son más rápidos los cambios que nuestra capacidad para interpretarlos. Pero, además, la kamanchaca no es uniforme, es desigual, se vive de una manera aquí, de otra manera allá. Entre los medios de comunicación y el capital financiero internacional hay que ver qué se encuentra”.

Consultado sobre los proyectos de investigación que el PIDEM lleva adelante hoy, Calderón cuenta: “Hemos pasado del bosque al árbol. Antes estudiamos la región, ahora estamos estudiando empresas concretas en cada país. Queremos ver cómo funcionan algunas firmas paradigmáticas de la Argentina y de otros cinco países latinoamericanos, sus procesos de transformación productiva e innovación, cómo se vinculan con la comunidad, la ecología, el Estado. Buscamos analizar en detalle el árbol y sus raíces, algo que no resulta fácil. Para eso, fue de mucha utilidad la lectura de un clásico estudio de Alain Touraine y Torcuato Di Tella que se llamaSindicato y comunidad”.

En este sentido, Calderón resalta que, en momentos fuertes de cambio, es importante mirar críticamente tanto a los clásicos como a las experiencias históricas más radicales.