De crisis y diretes. A propósito del TSE

Publicado en mi columna Ni máscaras, ni espejos en La Razón, 28 de octubre de 2018 (http://m.la-razon.com/opinion/columnistas/crisis-diretes_0_3028497130.html)

Estos días abundan los catastrofistas. Aquellos que adoptan la postura más simple para opinar sobre el proceso político sin prestar atención a los matices; quizás porque su intención no es interpretar los hechos, sino lanzar profecías autocumplidas, es decir, definiciones sobre la realidad que al principio son falsas, pero inducen a nuevos comportamientos que pretenden que esa falsa concepción se convierta en una percepción veraz (Robert Merton dixit).

Algo de eso acontece con las opiniones respecto al Tribunal Supremo Electoral y su situación después de la renuncia de la presidenta de ese ente colegiado. En este caso estamos ante una suerte de crisistrofistas que suponen, auguran o desean que se desbarate el proceso electoral encaminado, por ahora, a las primarias. Inclusive un candidato presidencial llegó a declarar que estamos en la antesala de una “crisis de Estado” a raíz de los últimos acontecimientos, una caracterización que solamente puede entenderse como figura retórica, pero no es más que una desacertada hipérbole.

Esta tendencia es frecuente y peca de superficialidad. Los crisistrofistas usan, por ejemplo, el término de “punto de inflexión” para indicar que estamos viviendo la transición del proceso de cambio a… algo todavía ignoto e indecible. Aunque se inspiran en su obra, no retoman el concepto elaborado por Fernando Calderón para dar cuenta de las transiciones políticas en América Latina y que forma parte de una triada: crisis, inflexión y cambio.

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Otro ejemplo: la narrativa de los crisistrofistas empieza y concluye con la idea de “cambio de régimen”, aunque tampoco se aventuran a describir —así sea utópicamente— los contornos del “nuevo” régimen político. También es algo indecible e ignoto. Profecía autocumplida, pues. Para matizar sus comentarios acerca de que el proceso político está en un “punto de inflexión” algunos crisistrofistas acuden al expediente marxista y citan a Antonio Gramsci y su manida frase: “lo viejo que no acaba de morir, lo nuevo que no acaba de nacer”. Lo que no saben es que esa frase es una metáfora de lo que el marxista italiano define como “crisis orgánica”, sin duda algo más serio que los avatares políticos que vive el país desde hace un par de años, puesto que esa noción remite, ora sí, a una crisis estatal, estructural —política y económica—. Y si lo saben, los crisistrofistas no dicen qué significa lo nuevo respecto a lo viejo. Y menos se aventuran a trazar una línea de tiempo, aunque es obvio que su balance está marcado por el calendario electoral.

Esas percepciones agoreras salieron a relucir de manera entusiasta con relación al TSE y esta vez en un formato de epitafio, quizás debido a la proximidad del 2 de noviembre. Lo cierto es que no hay motivos para el pesimismo respecto a la entidad electoral porque siguen en funciones cinco de sus siete integrantes y solamente está pendiente la definición de la presidencia. ¿Acaso los partidos no entregaron sus registros de militantes? Y tal vez vale la pena recordar que, en ocasión de los comicios generales de 2009, la Sala Plena de la Corte Nacional Electoral funcionó con tres de cinco miembros y encaró la confección del padrón biométrico, el empadronamiento en el exterior y la delimitación de circunscripciones especiales indígena originario campesinas. Nada más ni nada menos. El actual TSE realizará tareas análogas para conducir el proceso electoral rumbo a los comicios del próximo año.

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OCTUBRE Y DESPUÉS

Publicado el 14 de octubre de 2018 en mi columna quincenal Máscaras y espejos en La Razón, diario de circulación nacional

El “Día de la Democracia” transcurrió en paz, con ambos bandos -oficialismo y oposición(es)- intentando demostrar que son los sujetos que la encarnan y representan… Con percepciones distintas sobre el pasado; con perspectivas opuestas sobre el presente; y (casi) todos, con la mirada puesta en los comicios generales del próximo año.

En otros textos advertí que el 10 de octubre se cerraba una coyuntura crítica inaugurada el 6 de agosto a raíz de las acciones opositoras en Potosí y los anuncios de movilizaciones lanzados por las plataformas que apuntaban a presionar al Tribunal Supremo Electoral para que “respete el 21F”. En ese lapso, el MAS retomó la iniciativa política y aprobó, con su mayoría legislativa, la Ley de Organizaciones Políticas, acelerando el tiempo político al incorporar la realización de elecciones primarias, obligatorias y simultáneas en enero de 2019. Es decir, nuevas reglas y otro ritmo con consecuencias en las estrategias de los actores políticos, y sobre todo, en las plataformas.

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En otra respuesta al accionar opositor, el MAS convocó a una movilización nacional para conmemorar la recuperación de la democracia como una conquista de las organizaciones sindicales y populares, que fue profundizada por el “proceso de cambio”. Si la oposición apelaba al clivaje democracia/dictadura para convocar a sus movilizaciones en “respeto al 21F”, el oficialismo articuló democracia, justicia social y protagonismo de sectores populares.

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En suma, el 10 de octubre era un momento/escenario de disputa por el significado de la democracia con augurios de polarización y conflictividad. Empero, en la primera semana de octubre ocurrieron dos hechos que dieron otro cariz a las expectativas en torno a esa fecha. El lunes 1, la Corte Internacional de Justicia dio un revés a las pretensiones bolivianas, y cinco días después, Carlos Mesa decidió su postulación como candidato. La derrota boliviana en La Haya fue aprovechada por algunas plataformas para lanzar la consigna rupturista de “renuncia de Evo Morales” como objetivo de las movilizaciones del 10 de octubre.

Este llamado a una radicalización opositora no tuvo capacidad interpelatoria porque, a los pocos días, el ex vocero de la demanda marítima anunció su participación en las elecciones primarias como candidato presidencial del Frente Revolucionario de Izquierda (sic). En su mensaje, señaló “hacer realidad” el resultado del referendo del 21 de febrero de 2016 en las elecciones generales de octubre de 2019; es decir, derrotar en las urnas la intención continuista de Evo Morales, relegando el objetivo de evitar la postulación del binomio oficialista. De esta manera, el accionar de las plataformas se encamina a la política institucional a través de mediaciones partidistas.

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Así, la irrupción electoral de Carlos Mesa desactivó el radicalismo de algunas entidades opositoras, como aquella plataforma vinculada a Jair Bolsonaro u otras agrupaciones que, cabildo paceño de por medio, plantearon la abrogación de la Ley de  Organizaciones Políticas (a estas alturas, una declaración testimonial), y modificaron su pedido de “renuncia de Evo Morales” por una “exigencia” de que el Presidente renuncie… pero a su postulación como candidato en las elecciones primarias del MAS. Esta pulseta tendrá otro momento decisivo a principios de diciembre, cuando el Tribunal Supremo Electoral emita su dictamen sobre los candidatos inscritos. Entonces sabremos si continuará, sin mayores sobresaltos, el andar hacia las elecciones generales del próximo año.

PRÓLOGOL

Mi prólogo al libro Crónicas mundialeras del Dios redondo de Santiago Espinoza y Xavier Jordán. Presentación en la Feria del Libro de Cochabamba, 11 de octubre de 2018.

En la historia del fútbol, los dúos son memorables. El más famoso fue aquella dupla entre Coutinho y Pelé en Santos F.C. Ellos inventaron la tabletinha, pared en diagonal que solamente un albañil cochala puede diseñar con similar perfección. Eran números 9 y 10, como corresponde. Aquí, en los años 70, brillaron dos parejas espectaculares: Tito Avilés y Mario Pariente en Aurora, el equipo del pueblo; Limbert Cabrera Rivera y Milton Teodoro Joanna en Wilsterman, el otro equipo valluno.

Quizás los (jóvenes) autores de este libro no saben de qué estoy hablando –y seguramente, muchos lectores– porque son cosas del pasado (aunque uno de ellos imagina un lance entre Petrolero y Bata ¡en son de protesta!) y tal vez valga la pena recordar a Gareca y Maradona en el Napoli, campeón en los años 90, para que sepan o descubran de qué estoy hablando (por cierto, el único jugador que en este libro es evocado con su mero nombre es Diego, a quien retratan estupendamente con sus “memesiánicas” apariciones en la tribuna). Este libro junta en sus páginas otra dupla futbolera, y letrada: Santiago Espinoza y Xavier Jordán.

Ambos siguieron el Mundial Rusia 2018 paso a paso, partido trás partido y publicaron sendas columnas: Dios es redondo y Crónicas mundialeras. Sus nombres lo dicen (casi) todo. Uno es algo místico, el otro muy profano. Santiago es analítico y mira cada partido como una totalidad, redonda como la pelota (Dios, pues, dice); Xavier es escatológico y usa la intertextualidad para desbordarse, intentando dejarnos en off side cada instante (y casi siempre lo logra).

Ambos exclaman que sufrieron la vacuidad de aquellos (3) días sin partidos porque fueron –fuimos– testigos de un mundial “atípico pero emocionante”, “perfecto en sus imperfecciones”. Coinciden en alabar a Croacia y Bélgica, aunque desde perspectivas distintas, y desprecian a Uruguay y Argentina, de manera similar. Asimismo añoran a la selección boliviana de USA 1994 con una mirada nacionalista típicamente futbolera, de “equipo chico”, que se traduce en frases contundentes: “sucumbir a la sempiterna obligación de perder” o ese taxativo, hablando de Nigeria, Marruecos o México: “no eres grande, carajo, eres de los nuestros”, o bien celebrando la “justicia poética en favor de los perdedores de siempre” o a “los héroes temporales de los olvidados”. No es casual que este libro empiece con un texto dedicado a nuestra selección y su participación en el Mundial disputado ¡hace casi 25 años!, en clave de nostalgia y bolero, y concluya con “el día después” que inicia la larga y tediosa espera de Qatar 2022… porque el resto de la vida no (nos) interesa. Excepto si clasificamos, si sobrevivimos a las eliminatorias

Cada fecha de Rusia 2018 fue motivo de su atento balance y varios partidos provocaron su euforia porque se trataba, a la Roland Barthes, de El placer del texto. Escribir sobre fútbol sin caer en la tentación del uso de cifras insípidas, de elucubraciones tácticas y el cada vez peor “yo opino que…”. Así, sus interpretaciones de cada juego y de algunos equipos estuvieron matizadas de alusiones a la literatura, al cine y a la música, y de vez en cuando a la (filosofía de la) historia con un guiño a Hegel. Por sus páginas desfilaron Charles Dickens, Bryce Echenique, el Marqués de Sade, Alejandro Dumas, George Orwell, obviamente Jorge Luis Borges y Eduardo Galeano, inclusive Paulo Coelho, e inevitablemente Archipiélago Gulag. O bien, Ingmar Bergman, El ciudadano Kane, La ley de Herodes, 2001: Odisea del espacio y 1984. Y en música no ponen límites a sus citas a John Lennon, Cat Stevens, Charly García, Bob Marley, Jaques Brel, Leonard Cohen y hasta Jon Secada (sic), con ese sutil detalle acerca de la creación del saxofón aprovechando que hablan del equipo belga. Y por si faltaba algo: Asterix y Los Pitufos, en homenaje al campeón. No por hacer una caricatura de la Francia de Griezmann sino, indirectamente, para reiterar su homenaje a los talentosos, casi todos chiquitos, como Hazzard y Modric, los más alabados por el estilete de Jordán y la pluma de Espinoza.

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Este libro destila magia, la magia del fútbol, aquella que brota cuando empieza un partido mundialista y comienza a correr el balón; entonces, también corre la tinta de estos escritores que formaron un dúo para hacer paredes. Y se citan, Santiago diciendo “quiero escribir pero me sale basura”, en clara alusión a su colega, y Xavier, literal, llamando pan al pan y Santiago a Espinoza.

Ambos vivieron el Mundial Rusia 2018 con gran intensidad y nos deleitaron diariamente con sus textos. Este libro compila cada jugada de Santiago y de Xavier, y nos invita a seguir disfrutando la vida con este deporte que, cada cuatro años, nos da una “razón para arrodillarse y pedirle al señor fútbol que no se muera”. Eso escribe uno de ellos. Así pensamos todos.

En el ojo de la tormenta. A propósito del Tribunal Supremo Electoral

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Retorno a este sitio después de quince meses de ausencia con  mi columna quincenal publicada ayer domingo, 23 de septiembre de 2018, en La Razón

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) está en el ojo de la tormenta. Nada nuevo. Lo estuvo en ocasión del referendo del 2016 cuando las fuerzas opositoras al Movimiento al Socialismo (MAS) pusieron en duda la transparencia de ese evento hasta la emisión oficial de los resultados que dieron la victoria al No. En la víspera eran frecuentes las acusaciones de “fraude” y algunos grupos incitaban a tomar las instalaciones departamentales del Órgano Electoral Plurinacional. Inclusive, ya con datos oficiales, algún miembro de un “colectivo” cuestionó la veracidad del padrón electoral con alusiones a una inverosímil influencia extranjera. Y si uno se remonta a la elección de los vocales del TSE podrá advertir que las “acusaciones” sobre su filiación oficialista eran moneda corriente. Estas adquirieron más resonancia en ocasión de la aprobación de la Ley de Organizaciones Políticas (LOP) y la convocatoria a elecciones primarias. Es evidente que el MAS retomó la iniciativa política e impulsó la aprobación de esa ley para su puesta en vigencia en las próximas elecciones –desoyendo la sugerencia del TSE sobre su paulatina implementación. El oficialismo hizo prevalecer su mayoría y aprobó la LOP, la cual fue calificada por alguna “plataforma” como “ley maldita”. Las críticas al TSE se orientaron a cuestionar su independencia porque elaboró el calendario de  las elecciones primarias en cumplimiento de la norma, como corresponde.

Estos días las críticas opositoras se multiplicaron debido al rechazo del registro de Sol.bo como partido porque no cumplió los requisitos en  un tercio de los inscritos. Es decir, el TSE aplicó la norma, como corresponde, empero su accionar fue denostado porque ese dictamen favorecería –salto mortal triple- al oficialismo. El líder de esa organización acusó, obviamente, “de manipulación política del MAS en el TSE” y recibió varias muestras de apoyo (y uno que otro comentario burlón de sus rivales en la oposición) con el mismo sello de inexactitud, como el caso de Carlos Mesa que dijo que la decisión del TSE es una “arbitrariedad incomprensible” y que “no contribuye a la credibilidad de las primarias”. Una afirmación que carece de sentido pero muestra la intención de sembrar más sospechas sobre el comportamiento del TSE.

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Considero que esta suspicacia se debe a dos factores. Primero, a una estrategia discursiva de la oposición enfocada en debilitar la figura de Evo Morales y usar argumentos de fraude en caso de una victoria oficialista, puesto que dudo que quienes hablan de dictadura, tiranía, autoritarismo y totalitarismo estén convencidos de la pertinencia de esos adjetivos. En segundo lugar, a la incomprensión sobre el carácter del control multipartidario. Como se sabe, existen dos tipos de frenos y contrapesos al órgano Ejecutivo: el control multipartidario por parte del órgano Legislativo que, en este caso, es irrelevante porque el MAS tiene mayoría calificada en ambas cámaras; y el control contramayoritario por parte del órgano Judicial –a través del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP)- y del órgano Electoral que tienen prerrogativas para restringir el accionar del gobierno cuando se torna arbitrario. Sin embargo, esas prerrogativas corresponden a sus ámbitos de acción y, en ese sentido, es errónea la presión de las fuerzas opositoras sobre el TSE para que rechace la inscripción de Evo Morales como candidato en las elecciones primarias puesto que su habilitación depende de la sentencia del TCP.

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El TSE está en el ojo de la tormenta debido a esta  incomprensión y es deseable que salga indemne de esta coyuntura crítica para garantizar la continuidad del proceso electoral y la propia estabilidad de la democracia que, como quisiera más de alguno, puede naufragar en un mar de incertidumbre.

FILEMÓN ESCÓBAR EN LA HISTORIA

 

Publicado en La Razón, 11 de junio 2017

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En mayo de 1986, la mina San José ardía por los debates en el plenario de la Federación de Mineros. Filemón Escóbar sostenía la Tesis de Catavi que apuntaba a defender la “coyuntura democrática” para frenar las posturas radicales que proponían derrocar el gobierno de Hernán Siles, acorralado por fuerzas opositoras (MNR y ADN) que controlaban el parlamento. En ese mundo sindical donde los oradores se respaldaban con citas a Lenin y Trotsky, Filemón afirmaba que el enemigo principal no era el reformismo de la UDP sino el fascismo. Y que había que preservar la democracia como el escenario privilegiado para la actuación política de los sindicatos, a los que concebía como “órganos de poder”.  Venció, con Simón Reyes, a Juan Lechín Oquendo que era respaldado por fracciones radicales de izquierda. La interpretación de Filemón acerca de la democracia rescataba la tradición minera de participación política en contraste con posturas insurreccionales que fracasaron en las “jornadas de marzo” de 1985. Fue el preludio de la victoria electoral de Banzer, la elección presidencial de Víctor Paz y el inicio del “ajuste estructural” que provocó la debacle del proletariado minero.

Su concepción de “coyuntura democrática” distinguía a Filemón de sus detractores –eran legión, y estos días se pusieron una máscara hipócrita de admiración– puesto que, al margen de considerarla una fase de transición al socialismo, ponía a la democracia en el centro de la política. Era un tránsito de la revolución a la democracia, expuesto en su libro “Testimonio de un militante obrero” (1984). La democracia en el centro. Por eso Filemón estaba sonriendo en la plaza San Francisco cuando los mineros y los alteños tomaron La Paz en octubre de 2003. La insurrección derivó en sucesión presidencial porque el MAS era la principal fuerza política opositora y su apuesta era el cambio del modelo neoliberal y la derrota de los partidos tradicionales respetando la institucionalidad democrática. Esa coyuntura democrática concluyó en victoria nacional-popular.

Su noción de “coyuntura democrática” iba de la mano con su visión de los sindicatos como “órganos de poder”. Los sindicatos, en su vertiente campesina, habían conformado un  “instrumento político” (MAS) que tuvo victorias electorales desde 1997  y provocó la transformación política más profunda de nuestra historia con la victoria de Evo Morales en 2005. Ese resultado también tiene como protagonista a Filemón que hizo un giro discursivo en 1985 cuando acompañó en binomio presidencial a Genaro Flores, líder del katarismo: “la clase obrera ya no es la vanguardia, debe ir detrás de los indios”. Cuatro años después fue elegido diputado por Cochabamba, sobre todo con el voto de los cocaleros. Ese tiempo realizaba en el Chapare una labor de formación política y sindical. Ahí reforzó su relación con Evo Morales e impulsó la opción por una vía democrática cuando los campesinos cocaleros eran sometidos a una brutal represión y discutían la creación de “grupos de autodefensa”. Así surgió el liderazgo sindical de Evo Morales, dirigiendo la resistencia en Chimoré, y se tradujo en adscripción a la democracia cuando fue elegido diputado uninominal en 1997. La creación del “instrumento político” y su victoria electoral en 2005 era una confirmación indirecta de la Tesis de Catavi. Estas fueron enriquecidas con otro giro discursivo, cuando Filemón publica “De la Revolución al Pachakuti”, donde condensa sus ideas acerca de la complementariedad entre opuestos (k’aras e indios). Ese libro fue publicado en 2008, no obstante esa directriz fue impulsada por Filemón desde años antes y, en cierta medida, se expresa en la conducta política de Evo Morales que en varias oportunidades, desde 2005, avanzó hacia el centro para concertar en busca de equilibrios políticos y sociales. Las ideas de Filemón fueron decisivas para que la izquierda se identifique con la democracia, el cambio político se sustente en los sindicatos y los protagonistas sean campesinos e indígenas. Ese es su legado. Y merece respeto. Estas líneas fueron escritas horas después de su fallecimiento y son un homenaje a su personalidad y su trayectoria.

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Manuel Castells visita Bolivia

Texto publicado en Animal Político de La Razón, 12 de febrero 2017 

A principios de este siglo, se publicó un libro cuyo título podría ser parte del candente debate actual y, además, extendido a todos los rincones del planeta. Su título era provocativo (y es) porque se preguntaba: ¿Es sostenible la globalización en América Latina? (FCE-PNUD-Bolivia/FCE, Santiago, 2003). Es un libro que contiene ensayos de intelectuales de varios países de la región y que fueron compilados por Fernando Calderón en dos volúmenes. No solamente ensayos, también presenta debates de los autores con un invitado especial: Manuel Castells, renombrado sociólogo español. En ese diálogo participaron varios colegas locales: Gustavo Fernández, Natasha Loayza, Hugo José Suárez, Roberto Laserna, Armando Ortuño y Alicia Szmukler. Esta obra se inicia con un Prólogo escrito por Manuel  Castells y concluye con unas –nunca tan pertinentes- Inconclusiones bajo el título: “América Latina en la era de la información: cambio estructural, crisis, actores sociales, procesos de transformación”. Ese balance es un diálogo vibrante entre Fernando Calderón y Manuel Castells y concluye de manera tajante: “Habrá que analizar antes que buscar consignas”. Una consigna cuya vigencia es innegable en estos días.

¿Por qué  resalto esa conversación entre un sociólogo boliviano y un sociólogo español? Porque Manuel Castells visitará Bolivia a mediados de marzo y es una estupenda noticia porque se trata de uno de los intelectuales más importantes del pensamiento sociológico, junto con Anthony Giddens, Jurgen Habermas y Alan Touraine.  Si usted lector(a) tiene interés en conocer su trayectoria y saber que se trata del autor más citado en el mundo en temas de comunicación social puede husmear en Internet. Y también se enterará que hizo su doctorado con Alain Touraine y tanto se destacó que a los veinticinco años fue profesor en la Universidad de París e, igual que el sociólogo francés, puso su mirada en América Latina. Y también puede conocerlo en otra arista si busca en Youtube, por ejemplo, un par de entrevistas que le hizo Pablo Iglesias en el programa español “Otra vuelta de tuerca”. Proporciono estas pistas para visitar sitios y redes porque a ese tema nos acercamos, un tema que está indisolublemente asociado a la obra de Castells.

En los años setenta hizo contribuciones significativas a la sociología urbana desde una perspectiva marxista renovando el debate sobre el espacio citadino y la acción de los movimientos sociales. En nuestro medio universitario se sigue asociando su nombre a esa vertiente de análisis. Sin embargo, en la segunda parte de la década de los años noventa del siglo XX,  Manuel Castells publicó una trilogía que constituye una referencia teórica ineludible para reflexionar la época actual… y el futuro. Esa trilogía titulada: La era de la Información.  Economía, sociedad y cultura fue publicada en español  en 1999 y los subtítulos de cada volumen son por demás demostrativos: La sociedad red (volumen 1), El poder de la identidad (volumen 2) y Fin de milenio (volumen 3). Por cierto, en el segundo tomo dedica un capítulo a Conciencia de Patria (CONDEPA), ese fenómeno socio-comunicacional y político que cimbró la democracia boliviana a fines de los años ochenta.

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A partir de esta trilogía, traducida a más de veinte idiomas y cuya importancia fue comparada con Economía y sociedad  de Max Weber, varios términos usados por Manuel Castells se convirtieron en parte del sentido común para explicar la realidad social. Por esa razón es importante rescatar su visión que caracteriza nuestra época como La Era de la Información:

“Es un periodo histórico caracterizado por una revolución tecnológica centrada en las tecnologías digitales de información y comunicación, concomitante, pero no causante, con la emergencia de una estructura social en red, en todos los ámbitos de la actividad humana, y con la interdependencia global de dicha actividad. Es un proceso de transformación multidimensional que es a la vez incluyente y excluyente en función de los valores e intereses dominantes en cada proceso, en cada país y en cada organización social. Como todo proceso de transformación histórica, la era de la información no determina un curso único de la historia humana. Sus consecuencias, sus características dependen del poder de quienes se benefician en cada una de las múltiples opciones que se presentan a la voluntad humana.”

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En la actualidad es moneda corriente hablar de redes sociales y la  importancia de las TIC en todas las esferas de la vida. Sin embargo, pocos autores han realizado un examen riguroso de la complejidad de este hecho social y en sus múltiples dimensiones, además desde una perspectiva comparada que involucra casos de (casi) todo el planeta. Así, en La sociedad red: una visión global, obra editada por Manuel Castells y publicada en español en 2006 presenta estudios de caso sobre internet y globalización, algunos en coautoría, referidos a Silicon Valley y Finlandia; a China, Rusia e India;  o Cataluña y Detroit. A temas como educación, descentralización y salud. Y  a las transformaciones en la política, la identidad y los movimientos sociales. Es una indagación acerca de la sociedad post-industrial o, en sus términos, “sociedad informacional”. Este último atributo es decisivo en su pensamiento sociológico porque Estado-red y Sociedad-red se caracterizan por el predominio del informacionalismo, esto es, una forma de organización de lo social basada en la generación, procesamiento y transmisión de información como “fuentes fundamentales de la productividad y del poder, merced a un cambio radical en las condiciones tecnológicas”. No es solamente la “sociedad de la información” que algunos pretenden sintetizar en las TIC. Es algo más importante. El informacionalismo es un modo de desarrollo: “un paradigma tecnológico basado en el aumento de la capacidad de procesamiento de la información y la comunicación humana, hecho posible por la revolución de la microelectrónica, el software y la ingeniería genética”.

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Es evidente que es un tema crucial para discutir el perfil de un modelo de desarrollo alternativo, sobre todo en países –como Bolivia- que tienen que emprender tareas de industrialización llevando a cuestas la herencia primario-exportadora. Más aun en una fase del capitalismo caracterizada por las dudas respecto al sentido de la globalización después del Brexit y su impacto en la Unión Europea y del ascenso de Trump a la presidencia en Estados Unidos.  Precisamente ese es el tema que expondrá Manuel Castells en su visita a La Paz: “¿Es reversible la globalización?” No es la primera vez que visita nuestro país. Lo hizo a principios de los años noventa en contacto con un centro de investigación cochabambino (CERES) y también fue nombrado, en 1998, Doctor Honoris Causa por la UMSA. En esta oportunidad, su visita cobra singular importancia por la coyuntura internacional y por el proceso de transformaciones que vive el país desde hace más de una década.

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Referendos en Bolivia: democracia directa y participativa

Hace varios años, con Benjamín Rodríguez, mi amigo aurorista y colega sociólogo, escribimos un libro que versaba sobre la disputa entre el presidente Evo Morales y los prefectos de la denominada “media luna”. Una pelea que se dirimió en 2008 con un inédito referendo por revocatoria de mandato. Fueron los años de “gobierno dividido”, “proceso constituyente” y “pugna vertical de poderes”. Por circunstancias que no vienen al caso mencionar, los resultados de aquella investigación quedaron archivados. Una pena, puesto que era (y es) el único estudio dedicado a ese peculiar evento de aquel intenso momento de polarización política. Por suerte, el Órgano Electoral Plurinacional desempolvó ese texto y el libro fue publicado en diciembre de 2015 con el título: Democracia participativa y crisis política.  Análisis de los resultados del Referéndum Revocatorio de Mandato Popular 2008.

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Un par de meses después, a principios de 2016, se realizó el  primer referendo para una reforma constitucional parcial. Su emblema: 21F. Los resultados de esa consulta definieron el curso del proceso político y plantearon nuevos desafíos investigativos: “control contramayoritario”, “democracia intercultural” y “redes sociales digitales”. Con Benjamín (el tiempo es circular, dizqué) escribimos otro libro para analizar esa consulta. También fue a instancias del Órgano Electoral Plurinacional, que lo publicó con el título Urnas y democracia directa. Balance del Referendo Constitucional 2016.

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Ahora los comparto en PDF para su atenta y generosa lectura.

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