Manuel Castells visita Bolivia

Texto publicado en Animal Político de La Razón, 12 de febrero 2017 

A principios de este siglo, se publicó un libro cuyo título podría ser parte del candente debate actual y, además, extendido a todos los rincones del planeta. Su título era provocativo (y es) porque se preguntaba: ¿Es sostenible la globalización en América Latina? (FCE-PNUD-Bolivia/FCE, Santiago, 2003). Es un libro que contiene ensayos de intelectuales de varios países de la región y que fueron compilados por Fernando Calderón en dos volúmenes. No solamente ensayos, también presenta debates de los autores con un invitado especial: Manuel Castells, renombrado sociólogo español. En ese diálogo participaron varios colegas locales: Gustavo Fernández, Natasha Loayza, Hugo José Suárez, Roberto Laserna, Armando Ortuño y Alicia Szmukler. Esta obra se inicia con un Prólogo escrito por Manuel  Castells y concluye con unas –nunca tan pertinentes- Inconclusiones bajo el título: “América Latina en la era de la información: cambio estructural, crisis, actores sociales, procesos de transformación”. Ese balance es un diálogo vibrante entre Fernando Calderón y Manuel Castells y concluye de manera tajante: “Habrá que analizar antes que buscar consignas”. Una consigna cuya vigencia es innegable en estos días.

¿Por qué  resalto esa conversación entre un sociólogo boliviano y un sociólogo español? Porque Manuel Castells visitará Bolivia a mediados de marzo y es una estupenda noticia porque se trata de uno de los intelectuales más importantes del pensamiento sociológico, junto con Anthony Giddens, Jurgen Habermas y Alan Touraine.  Si usted lector(a) tiene interés en conocer su trayectoria y saber que se trata del autor más citado en el mundo en temas de comunicación social puede husmear en Internet. Y también se enterará que hizo su doctorado con Alain Touraine y tanto se destacó que a los veinticinco años fue profesor en la Universidad de París e, igual que el sociólogo francés, puso su mirada en América Latina. Y también puede conocerlo en otra arista si busca en Youtube, por ejemplo, un par de entrevistas que le hizo Pablo Iglesias en el programa español “Otra vuelta de tuerca”. Proporciono estas pistas para visitar sitios y redes porque a ese tema nos acercamos, un tema que está indisolublemente asociado a la obra de Castells.

En los años setenta hizo contribuciones significativas a la sociología urbana desde una perspectiva marxista renovando el debate sobre el espacio citadino y la acción de los movimientos sociales. En nuestro medio universitario se sigue asociando su nombre a esa vertiente de análisis. Sin embargo, en la segunda parte de la década de los años noventa del siglo XX,  Manuel Castells publicó una trilogía que constituye una referencia teórica ineludible para reflexionar la época actual… y el futuro. Esa trilogía titulada: La era de la Información.  Economía, sociedad y cultura fue publicada en español  en 1999 y los subtítulos de cada volumen son por demás demostrativos: La sociedad red (volumen 1), El poder de la identidad (volumen 2) y Fin de milenio (volumen 3). Por cierto, en el segundo tomo dedica un capítulo a Conciencia de Patria (CONDEPA), ese fenómeno socio-comunicacional y político que cimbró la democracia boliviana a fines de los años ochenta.

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A partir de esta trilogía, traducida a más de veinte idiomas y cuya importancia fue comparada con Economía y sociedad  de Max Weber, varios términos usados por Manuel Castells se convirtieron en parte del sentido común para explicar la realidad social. Por esa razón es importante rescatar su visión que caracteriza nuestra época como La Era de la Información:

“Es un periodo histórico caracterizado por una revolución tecnológica centrada en las tecnologías digitales de información y comunicación, concomitante, pero no causante, con la emergencia de una estructura social en red, en todos los ámbitos de la actividad humana, y con la interdependencia global de dicha actividad. Es un proceso de transformación multidimensional que es a la vez incluyente y excluyente en función de los valores e intereses dominantes en cada proceso, en cada país y en cada organización social. Como todo proceso de transformación histórica, la era de la información no determina un curso único de la historia humana. Sus consecuencias, sus características dependen del poder de quienes se benefician en cada una de las múltiples opciones que se presentan a la voluntad humana.”

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En la actualidad es moneda corriente hablar de redes sociales y la  importancia de las TIC en todas las esferas de la vida. Sin embargo, pocos autores han realizado un examen riguroso de la complejidad de este hecho social y en sus múltiples dimensiones, además desde una perspectiva comparada que involucra casos de (casi) todo el planeta. Así, en La sociedad red: una visión global, obra editada por Manuel Castells y publicada en español en 2006 presenta estudios de caso sobre internet y globalización, algunos en coautoría, referidos a Silicon Valley y Finlandia; a China, Rusia e India;  o Cataluña y Detroit. A temas como educación, descentralización y salud. Y  a las transformaciones en la política, la identidad y los movimientos sociales. Es una indagación acerca de la sociedad post-industrial o, en sus términos, “sociedad informacional”. Este último atributo es decisivo en su pensamiento sociológico porque Estado-red y Sociedad-red se caracterizan por el predominio del informacionalismo, esto es, una forma de organización de lo social basada en la generación, procesamiento y transmisión de información como “fuentes fundamentales de la productividad y del poder, merced a un cambio radical en las condiciones tecnológicas”. No es solamente la “sociedad de la información” que algunos pretenden sintetizar en las TIC. Es algo más importante. El informacionalismo es un modo de desarrollo: “un paradigma tecnológico basado en el aumento de la capacidad de procesamiento de la información y la comunicación humana, hecho posible por la revolución de la microelectrónica, el software y la ingeniería genética”.

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Es evidente que es un tema crucial para discutir el perfil de un modelo de desarrollo alternativo, sobre todo en países –como Bolivia- que tienen que emprender tareas de industrialización llevando a cuestas la herencia primario-exportadora. Más aun en una fase del capitalismo caracterizada por las dudas respecto al sentido de la globalización después del Brexit y su impacto en la Unión Europea y del ascenso de Trump a la presidencia en Estados Unidos.  Precisamente ese es el tema que expondrá Manuel Castells en su visita a La Paz: “¿Es reversible la globalización?” No es la primera vez que visita nuestro país. Lo hizo a principios de los años noventa en contacto con un centro de investigación cochabambino (CERES) y también fue nombrado, en 1998, Doctor Honoris Causa por la UMSA. En esta oportunidad, su visita cobra singular importancia por la coyuntura internacional y por el proceso de transformaciones que vive el país desde hace más de una década.

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Referendos en Bolivia: democracia directa y participativa

Hace varios años, con Benjamín Rodríguez, mi amigo aurorista y colega sociólogo, escribimos un libro que versaba sobre la disputa entre el presidente Evo Morales y los prefectos de la denominada “media luna”. Una pelea que se dirimió en 2008 con un inédito referendo por revocatoria de mandato. Fueron los años de “gobierno dividido”, “proceso constituyente” y “pugna vertical de poderes”. Por circunstancias que no vienen al caso mencionar, los resultados de aquella investigación quedaron archivados. Una pena, puesto que era (y es) el único estudio dedicado a ese peculiar evento de aquel intenso momento de polarización política. Por suerte, el Órgano Electoral Plurinacional desempolvó ese texto y el libro fue publicado en diciembre de 2015 con el título: Democracia participativa y crisis política.  Análisis de los resultados del Referéndum Revocatorio de Mandato Popular 2008.

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Un par de meses después, a principios de 2016, se realizó el  primer referendo para una reforma constitucional parcial. Su emblema: 21F. Los resultados de esa consulta definieron el curso del proceso político y plantearon nuevos desafíos investigativos: “control contramayoritario”, “democracia intercultural” y “redes sociales digitales”. Con Benjamín (el tiempo es circular, dizqué) escribimos otro libro para analizar esa consulta. También fue a instancias del Órgano Electoral Plurinacional, que lo publicó con el título Urnas y democracia directa. Balance del Referendo Constitucional 2016.

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Ahora los comparto en PDF para su atenta y generosa lectura.

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Democracia (im)pactada

En octubre de 2016 se presentó el libro de José Luis Exeni Rodríguez: Democracia (im)pactada.  Coaliciones políticas en Bolivia 1985-2003. Tuve el placer de escribir el prólogo. Lo comparto. Como se dice, y lo digo en serio, es una lectura necesaria.

Democracia ( im) pactada

PRÓLOGO/  Fernando Mayorga

La victoria de Evo Morales con mayoría absoluta en diciembre de 2005 cerró un ciclo político que se había inaugurado en 1985 bajo el signo de los acuerdos congresales para definir la titularidad del poder mediante la formación de coaliciones parlamentarias y/o de gobierno. Fue la primera vez –desde la transición democrática en 1982– que un candidato presidencial accedió de manera directa al poder obteniendo la mayoría absoluta de votos y su organización política –Movimiento al Socialismo, MAS– ganó más de la mitad de los escaños en disputa. Una ecuación que se repitió en dos oportunidades y extendió la permanencia de Evo Morales al mando del gobierno por quince años. Antes, en el lapso transcurrido entre 1985 y 2003, la democracia boliviana tuvo como rasgo decisivo un esquema de multipartidismo moderado que se tradujo en un presidencialismo de coalición sustentado en alianzas parlamentarias que eligieron mandatarios –en segunda ronda– y apuntalaron la gestión gubernamental con el control del poder legislativo. Ese esbozo político e institucional fue definido como democracia pactada; su hechura y los avatares de su decurso constituyen el tópico central de este libro. Su intelección como proceso y las peculiaridades de su funcionamiento en cada configuración gubernamental –tomando en cuenta escenarios, actores, estrategias, discursos y reglas, entre otros aspectos– es un valioso aporte para la comprensión de la democracia boliviana en ese período. Y para reflexionar sobre su decurso en el siglo XXI.

La generalidad de las interpretaciones acerca de la primera victoria de Evo Morales alude a la crisis de ese esquema político –democracia pactada y presidencialismo de coalición–, sin embargo los argumentos esgrimidos son de carácter genérico o se justifican por el posterior decurso de la disputa electoral y política. Un decurso que se caracterizó por la supremacía electoral del MAS en tres eventos sucesivos (2005, 2009 y 2014) y se ha traducido en la configuración de un sistema de partido predominante, no obstante el peculiar formato organizativo del “instrumento político” del oficialismo y la levedad de los partidos opositores que ponen en cuestión la pertinencia del concepto de sistema de partidos. Con todo, esa caracterización –esbozada en la tipología de Giovanni Sartori, Partidos y sistema de partidos, Alianza Universidad, Madrid, 1992– es correcta puesto que su elemento distintivo es la existencia de competencia electoral aunque no hubo competitividad por la debilidad de las fuerzas política que ocupan el campo opositor, cuyas siglas y candidatos presidenciales variaron en los sucesivos comicios. De esa manera, el multipartidismo moderado fue desplazado por el predominio oficialista en el ámbito legislativo y el presidencialismo de coalición fue sustituido por un presidencialismo mayoritario. Sin embargo, el MAS –y es un aspecto crucial– tuvo que enfrentar un nuevo mapa institucional de reparto y ejercicio del poder político puesto que en aquel domingo de diciembre de 2005 no solamente se produjo la primera elección presidencial directa, también ocurrió otro hecho inédito: la elección de prefectos departamentales mediante voto popular. Es decir, se inauguró la distribución vertical del poder, una faceta que se formalizó con la incorporación del régimen de autonomías territoriales en la Constitución Política del Estado Plurinacional y la consiguiente elección directa de gobernadores e instauración de gobiernos autónomos departamentales. Así empezó a esbozarse un escenario político/institucional más complejo puesto que, hasta entonces, la disputa se limitaba a la distribución horizontal del poder, es decir, a las relaciones entre el poder ejecutivo y el parlamento, precisamente los nexos que caracterizaron a la democracia pactada. Y este es uno de los rasgos que distinguen la democracia pactada y el proceso de cambio, vocablos manidos para designar/distinguir los ciclos políticos –y fases estatales- que tienen como momento de inflexión la huida del último presidente de la democracia pactada y el ascenso del líder del proceso de cambio.

Es evidente que cada época elabora mitos y sus protagonistas pretenden proporcionar un nuevo sentido al acaecer histórico mediante la elaboración de una narrativa verosímil que proporcione legitimidad al orden estatal vigente. La democracia pactada es el pasado de un proceso político que, en 2005, ingresó en una nueva etapa, empero ese vocablo sigue operando como un ideologema del discurso sobre la democracia.  Algunas visiones normativas asocian este vocablo al pluralismo, a la alternancia y al Estado de derecho, y lo promueven como alternativa al presidencialismo mayoritario y como rechazo al sistema de partido predominante. Ideologema que, sin embargo, oculta las diferencias y diluye los matices existentes entre los gobiernos que se conformaron entre 1985 y 2003 porque la democracia pactada no fue abordada como un objeto de estudio sino esgrimida como un modelo por sus epígonos o estigmatizada por sus detractores. Aparte de la caracterización genérica de democracia pactada –y sus símiles: presidencialismo parlamentarizado o parlamentarismo híbrido– no existen indagaciones teóricas ni balances de gestión política para auscultar las razones de su debacle, tampoco se realizaron análisis comparados para escudriñar sus diversas facetas en las gestiones gubernamentales que corresponden a ese ciclo político. Este libro compendia esas necesidades y proporciona una brújula para recorrer el pasado y evaluar enseñanzas. Un avezado intelectual señaló que “el punto de vista crea el objeto” pero quizás olvidó precisar que un punto de vista es resultado de un proceso intelectual que presupone una mezcla de capacidad reflexiva, destreza metodológica y rigor conceptual. Precisamente, este libro es un ejemplo de virtuosa combinación.

Escrito en 2003 y defendido, con todos los honores, como tesis para optar al Doctorado en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO/sede México), el texto de José Luis Exeni reflexiona sobre la democracia pactada prestando atención a las coaliciones políticas que la caracterizaron y  que, a juicio del autor,  son “acaso el resultado mejor logrado del proceso de democratización y de reforma político-institucional en Bolivia pero constituyen, al mismo tiempo,  el eslabón más débil para la consolidación y persistencia del régimen democrático”. Este libro expone un balance de casi veinte años de vigencia de un modelo político que es evaluado con la perspectiva que proporciona su agotamiento, la antesala de su derrumbe; porque el autor inicia su investigación con los hechos dramáticos del denominado “febrero negro” de 2003 –enfrentamientos entre policías y militares, movilizaciones sindicales, ataque de manifestantes a edificios públicos y destrozo de sedes partidistas– que, por entonces, representaba “el momento más crítico y vulnerable del régimen boliviano desde que, en 1985, se iniciara un prolongado período de estabilidad política y construcción institucional con atractivo  nombre: democracia pactada”.

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Con la crisis de la democracia pactada se devaluaron algunos parámetros de la reflexión académica y ciertos referentes para la acción política como, por ejemplo, la gobernabilidad.  Justamente, en una obra escrita en 2000 y publicada en 2005, José Luis Exeni realizó una intelección sobre la noción de gobernabilidad enmarcada en la compleja relación entre medios de comunicación masiva y orden democrático que contiene una afirmación inquietante: “la palabra gobernabilidad es una palabra fea” (MediaMorfosis. Comunicación política e in/gobernabilidad en Democracia, Ediciones FADO y Plural editores, La Paz, 2005: 127, cursivas del autor).  Similar búsqueda parece haber guiado su lectura sobre el proceso político y las interacciones partidistas porque, en este caso, el objeto de sus disquisiciones teóricas es la democracia pactada que se convirtió en una “mala palabra” en el léxico político local; sobre todo después de la victoria de Evo Morales con mayoría absoluta, en diciembre de 2005, que volvió innecesario el procedimiento parlamentario para definir la titularidad del poder que, desde mediados de los años ochenta, parecía formar parte de la naturaleza de las cosas.

La mirada convencional sobre la democracia pactada empezó a cambiar desde fines del siglo pasado porque fue emparentada con el mero cuoteo de espacios de poder y el uso del “rodillo parlamentario”; así, el pacto político se convirtió en sinónimo de prebenda y corrupción, de pragmatismo y negación de principios; en radical contraste con las valoraciones previas que exaltaban sus logros y la concebían como una vía adecuada para la estabilidad política –la gobernabilidad, precisamente– y la reforma institucional –de tipo incremental. Las diversas interpretaciones acerca de la democracia pactada son susceptibles de simplificarse –utilizando una percepción ya convencional– en la antinomia: “apocalípticos” o “integrados”, es decir, entre posturas que hincaban el diente con similar entusiasmo en los aspectos rescatables o cuestionables de los pactos y/o alianzas; aunque es importante destacar que las definiciones o valoraciones se referían a diversos momentos del proceso político y/o privilegiaban distintos factores por razones metodológicas. Las evaluaciones positivas de la democracia pactada apuntaban a resaltar: estabilidad política, modernización institucional, formación de gobiernos estables y consenso en torno a la política económica; por su parte, las evaluaciones negativas incidían en: interés pragmático, intercambio clientelar, ausencia de pluralismo ideológico y déficit de representación política. “Integrados”, que veían en las coaliciones partidistas el compendio de las virtudes del sistema político. “Apocalípticos”, que las concebían como un instrumento que atentaba contra la democratización y solamente servían para reproducir el poder político y económico.

Un par de citas ilustran esta disyunción:

“Considero que el pacto político es el elemento esencial de la modernización del  sistema político boliviano porque… responde de manera eficaz a los problemas derivados de un sistema de partidos que excluye la posibilidad de mayorías absolutas… Este sistema combina, por lo tanto, la institución del presidencialismo con un sobresaliente sesgo parlamentarista que obliga a acuerdos parlamentarios para la conformación de gobiernos sólidos” (René Antonio Mayorga, “Gobernabilidad: la nueva problemática de la democracia”, en ¿De la anomia política al orden democrático?, CEBEM, La Paz, 1991:263).

“Se ha configurado una especie de oligopolio político de cinco partidos parlamentarios que rotan en coaliciones variantes en el ejecutivo, gobernando el mismo proyecto político-económico. En la medida que todos ellos participaron y participan en el ejecutivo y en el ejercicio del negociaciones por cuotas y espacios de poder políticos… Las mismas elecciones son un momento de renovación y ajuste del oligopolio, en las que no están en juego desde hace rato posibilidades poder político del estado y la administración, se cubren entre sí… Esto forma parte de las de elección de programas, proyectos, modelos de desarrollo, incluso candidatos” (Luis Tapia, “Subsuelo político”, en Pluriverso. Teoría política boliviana, Muela del Diablo, La Paz, 2001).

Sin duda, lecturas parciales pero no equívocas; la tarea pendiente era una evaluación sesuda de sus múltiples facetas e implicaciones. La interpretación de José Luis Exeni pone las cosas en su lugar porque Democracia (im)pactada. Coaliciones políticas en Bolivia 1985-2003 evalúa los claroscuros del proceso político que transcurre entre 1985 y 2003 resaltando los aportes y las limitaciones de una fórmula política utilizada para definir el acceso al  poder gubernamental -y el manejo estatal- mediante la conformación de coaliciones mayoritarias parlamentarias y/o de gobierno. Una tarea que el autor encara con rigor y precisión adoptando una perspectiva teórica que deshilvana el objeto de su indagación a partir de delimitar los modelos de coalición, sus lógicas prevalecientes y los cálculos estratégicos de los actores relevantes. Su punto de partida es la inevitable disquisición acerca de la mejor forma de gobierno, en el plano teórico, y el interminable debate sobre el presidencialismo latinoamericano y los supuestos riesgos que conlleva si se combina con un sistema multipartidista fragmentado y/o polarizado. En ambos casos, el autor revisa, ordena y juzga la producción académica sobre los temas en cuestión y concluye con una serie de criterios cuya actualidad es pertinente para sondear el decurso de la democracia boliviana; sin posturas normativas, con recomendaciones certeras.

Las sugerencias son consecuencia de su balance porque no es suficiente un presidencialismo con multipartidismo moderado y sustentado en coaliciones mayoritarias, también es preciso que las coaliciones políticas sean estables, eficaces en la gestión gubernamental y, también, capaces de concertar con otros actores relevantes. Estos criterios guían el análisis de las cinco coaliciones que sustentaron, de manera sucesiva, a los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989), Jaime Paz Zamora (1989-1993), Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), Hugo Banzer Suárez-Jorge Quiroga Ramírez (1997-2002) y Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) y permiten entender la trama general de ese ciclo político, así como conocer la peculiaridad política de cada gestión gubernamental.

En la mirada comparativa de los cinco gobiernos de presidencialismo de coalición es necesario poner de relieve uno de los aportes sugerentes de este libro. Se trata de la distinción entre las diversas modalidades que adoptó la democracia pactada entendida, también, a partir de una lógica de cooperación entre actores estratégicos que contrasta con la enemistad que caracteriza su comportamiento cuando existe una situación de polarización ideológica. Esa lógica de cooperación se  impuso al compás de la implementación de una reforma estatal que enlazó democracia representativa y neoliberalismo económico propiciando una tendencia centrífuga en el sistema de partidos que, adicionalmente, fue incentivada por reglas constitucionales –como el Artículo 90 que establecía que, ante la ausencia de fórmula ganadora con mayoría absoluta en las urnas, el congreso debía elegir entre los candidatos más votados– y pautas de cultura política –por ejemplo, el “trauma de la ingobernabilidad” provocado por la experiencia del primer gobierno de la transición democrática que culminó con la renuncia del presidente y la convocatoria anticipada a elecciones generales en 1985.

Sobre la base de esa convergencia centrípeta, la democracia pactada se manifestó en tres ámbitos o bajo tres modalidades con la presencia de distintos actores políticos y la adopción de diversas pautas de interacción entre los partidos con presencia parlamentaria, también en las relaciones entre el ámbito político y la sociedad. Así, José Luis Exeni distingue entre pacto, concertación e intercambio. Entre el “pacto” que caracterizó la conformación de las coaliciones parlamentarias y/o de gobierno; la “concertación” referida a los acuerdos parlamentarios entre oficialismo y oposición; y, finalmente, el “intercambio” que involucró al sistema de partidos y actores de la sociedad civil en asuntos relativos a políticas públicas. Obviamente, los objetivos y consecuencias de cada modalidad de interacción política fueron disímiles, así como los procedimientos adoptados en cada coyuntura crítica. En el primer caso, los pactos implicaban negociaciones entre socios partidistas que controlaban el parlamento y el poder ejecutivo; en el segundo caso, los acuerdos entre oficialismo y oposición se realizaron mediante la organización de encuentros cupulares entre jefes de partidos relevantes; y, en el tercer caso, la definición o revisión de políticas públicas se dio a través de la organización de espacios de diálogo entre actores sociales y partidos políticos.

Esta distinción permite evaluar de manera apropiada las distintas facetas y gamas de la democracia pactada. Gamas y facetas que también resultan útiles para evaluar las características que adoptó la gobernabilidad democrática en la última década. Por ejemplo, en el primer gobierno de Evo Morales (2006-2009) se produjo una situación inédita por la conjunción de una situación de gobierno dividido –por el control de la cámara alta por parte de una coalición opositora– y una figura inédita de división vertical de poderes –con la presencia de una mayoría de prefectos adversos al presidente–. Esta combinación provocó una aguda polarización en el proceso político que, después de muchos avatares, concluyó con la aprobación de un nuevo texto constitucional en 2009 que, entre otras cosas, establece la elección presidencial directa con mayoría absoluta en primera vuelta –o relativa, si hay una diferencia de diez puntos porcentuales entre el primero y el segundo más votados– o en segunda vuelta en las urnas. De esta manera, la  lógica de pactos partidistas en el ámbito parlamentario fue remplazada por la eficacia del voto ciudadano en la elección de las autoridades políticas.

Así, el balance de José Luis Exeni acerca de la democracia pactada permite distinguir las experiencias positivas y negativas del pasado para encarar el desafío permanente de la ampliación de la democracia sin debilitar su cualidad hegemónica, aquella que la convierte en la mejor forma de gobierno. Una idea que se refuerza con la interpretación que el autor propone sobre un período político mediante un recorrido analítico matizado con claridad conceptual, precisión metodológica y exquisito estilo narrativo. Un libro que invita a reflexionar críticamente sobre la democracia y estimula una lectura placentera del análisis político.

Cochabamba, 15 de agosto 2016

Democracia en América Latina 2016

El número 109 de revistausp (Universidade de São Paulo) está dedicado a  La democracia en América Latina.
Comparto el índice y el PDF para ojear su contenido.

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Dossiê democracia na américa latina

Apresentação / Bernardo Sorj
Representação político-eleitoral no Peru: fragmentação e construção partidária (2001-2016)
/ Aldo Panfichi e Juan Dolores
Globalização, América Latina e os desafios para a democracia /Angelina Peralva
Democracia na América Latina: mudanças e persistências / Fernando Mayorga
Dilemas e desafios da democracia na América Latina. Deterioração ou renovação?/
/ Isidoro Cheresky
Encontros e desencontros: balanço do estado da prática democrática na América Latina
/ Javier Couso
Democracia na América Latina: da inovação institucional ao velho problema do equilíbrio
entre os poderes / Leonardo Avritzer
A democracia no México / Rubén Aguilar Valenzuela

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Un boliviano en Cambridge

Una noticia que nos alegra y conmueve. Un orgullo para la academia boliviana, sobre todo para el ámbito de la sociología. Comparto la entrevista que le hicieron en la UNSAM (!pero no encuentro las fotos de Hugo José Suárez en otra época!). Si quieren conocer su aporte al pensamiento social latinoamericano visiten este sitio y ojeen un excelente trabajo realizado por Sergio Villena, otro boliviano latino/centroamericano: http://sociologialatinoamericana.ucr.ac.cr/2015/11/06/fernando-calderon/

 

 

FERNANDO CALDERÓN FUE DESIGNADO TITULAR DE LA CÁTEDRA SIMÓN BOLÍVAR DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE

El sociólogo boliviano, que dirige el Programa Innovación, Desarrollo y Multiculturalismo (PIDEM) de la UNSAM, será profesor de la universidad inglesa durante el año académico 2016-2017. “Soy un latinoamericanista de cerebro y de alma”, asegura en esta nota.

Por Alejandro Zamponi | Fotos: Pablo Carrera Oser

El director del Programa Innovación, Desarrollo y Multiculturalismo (PIDEM) de la UNSAM, Fernando Calderón, fue elegido como titular de la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. El sociologo de la UNSAM es el segundo profesor de la Universidad distinguido con el cargo —el primero fue el politólogo Guillermo O’Donnell— que también ocuparon los premios nobeles de Literatura Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, el expresidente de Brasil y sociólogo Fernando Henrique Cardoso y la ensayista Beatriz Sarlo.

“Bolívar decía que Bolivia significaba ‘ansia inconmensurable de libertad’. Lo que más me fascina es que la cátedra se llame Simón Bolívar y esté en Cambridge”. Calderón, quien dictó clases en varias universidades de América Latina, Europa y Estados Unidos, dice: “Esto es muy especial porque la cátedra es en honor a Bolívar y yo soy bolivariano desde que nací, no sólo por boliviano, sino porque soy un latinoamericanista de cerebro y de alma”, asegura orgulloso el especialista, que estará vinculado a la escuela de sociología más importante de Inglaterra. Además de dar conferencias, preparará un libro y probablemente un seminario para jóvenes investigadores en el Centro de Estudios Latinoamericanos de esa Universidad.

“Esta invitación es el resultado del trabajo docente y de las investigaciones que he dirigido a lo largo de mi vida. El equipo al que pertenezco desde hace ya cuatro años está en la UNSAM, por lo que esta distinción es también un reconocimiento al rol de la Universidad y a la red latinoamericana de universidades con la cual hemos hecho una investigación en 11 países”, que será publicada bajo el título Navegar contra el viento. Latinoamérica en el informacionalismo.

La Cátedra Simón Bolívar de Estudios Latinoamericanos fue creada en 1968 por la Universidad de Cambridge. Una vez por año, recibe a un intelectual o artista destacado, propuesto por las unidades académicas de esa universidad más estrechamente vinculadas con el área de trabajo del candidato.

 

Una vida latinoamericana

La vocación latinoamericana de Calderón se origina en la admiración de su padre hacia la figura de Bolívar, pero fueron los sucesivos viajes y trabajos realizados en la región los que terminaron de forjarla. Finalizó su formación de grado en el Chile de Salvador Allende y permaneció allí hasta que el presidente socialista fue derrocado. Entonces, en 1974, emigró a la Argentina. Tras la muerte del presidente Perón, el joven sociólogo partió a México. “De varios lados me fui asustado, pero de ningún lugar como de la Argentina, porque vi lo que se venía”, relata. Ya de vuelta en Bolivia, obtuvo una beca de cuatro años y viajó a Francia, donde compartió un tiempo con la comunidad de intelectuales latinoamericanos exiliados. Allí realizó su doctorado con los sociólogos Alain Touraine y Manuel Castells. En México, trabajó en el libroRaza y clase en las sociedades post coloniales junto con otros investigadores destacados, como los mexicanos Roger Bartra Murià y Arturo Warman Gryj, el jamaiquino Stuart Hall y el británico John Rex.

Su visión de Latinoamérica se nutrió también de su experiencia como secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), asesor de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y asesor regional para América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), además de ser coordinador de varios informes de desarrollo humano de esta última institución.

“En términos de intensidad de sentimiento, mis viajes fueron más influyentes que la lógica estrictamente académica porque una cosa es charlar el drama argentino con un argentino y vivir en Buenos Aires, y otra cosa es leer un buen libro de un argentino como Juan Carlos Portantiero. Juntar el ejercicio intelectual con la experiencia de vida ha sido constitutivo”, sostiene desde su oficina ubicada en el segundo piso del edificio de Ciencias Sociales, en el Campus Miguelete.

Al conversar sobre los motivos que lo impulsaron a regresar a la Argentina Calderón aclara: “Tengo una vocación y una historia latinoamericana. Conozco un poco y he tenido la suerte de vivir y trabajar en varios países de la región y el Caribe. Mi señora es argentina, tengo un hijo boliviano-argentino y otros bolivianos-chilenos-españoles. Tengo un corazoncito argentino, pero en la medida en que soy latinoamericano, y sobre todo sin dejar de ser nunca boliviano”.

 

“Estamos viviendo el tiempo de la kamanchaca

Al analizar la situación de la región, Calderón plantea que “América Latina no aprendió a navegar contra el viento”. “No pudimos combinar innovación con producción y distribución. Es el drama de todos los países de la región: no hay ciencia y tecnología si no hay una base de equidad”, sostiene.

La conversación con el sociólogo boliviano remite constantemente a viajes y a amistades con intelectuales latinoamericanos, europeos o norteamericanos. Esos intercambios le dan otro peso a su palabra, que apela a la lengua andina para expresar la singularidad de su mirada: “Hoy estamos viviendo el tiempo de lakamanchaca. La palabra es quechua-aimara y significa ‘la niebla que baja y no deja ver’”, explica el sociólogo. Y continúa: “La kamanchaca es una niebla viva: si te mueves puedes tener serios problemas, pero, si no te mueves, también. Es un momento raro, kafkiano. Hace poco estuve en Chile y allí había una kamanchacacomplicada. En Brasil, ni les cuento. En Europa, no saben dónde están y no solo por los atentados; perdieron la brújula. Yo siempre digo que hay que estudiar sur-sur, pero ahora hay que volver a analizar qué pasa en Europa. Están en un momento de cambio histórico y no encuentran salida. Estados Unidos tiene otro piso porque ha podido salir de la crisis capitalista-financiera, aunque con un costo social brutal. Y todo esto afecta América Latina”.

Al indagar sobre el trasfondo conceptual sobre el que se construye esta afirmación, Calderón se refiere a la complejidad creciente de las sociedades contemporáneas: “Hay una crisis generalizada de credibilidad en el sistema político y una crisis de la democracia. Esto tiene que ver con la complejización de la sociedad, que no alcanza a expresar su naturaleza en los sistemas políticos, salvo en la forma de los movimientos, que de todos modos no están institucionalizados y no son suficientes para reemplazar el sistema de democracias representativas (que, por su parte, tienen serios problemas de ejercicio de sus propios mandatos liberales). Ese divorcio es el que produce esta kamanchaka”.

Calderón se apoya en las conclusiones de su trabajo más reciente —que produjo desde el grupo de investigación en la UNSAM— para afirmar que “el capital financiero informacional, que ha subordinado la economía real, es parte de esa crisis porque no construye legitimidad política para su poder y está más deteriorado que nunca. Si uno le preguntara a la opinión pública norteamericana cuánto confía en el Morgan, que es uno de los cinco bancos más importantes, constatará que nadie cree en él. Han perdido credibilidad, pero han reganado poder”.

Fernando Calderón y equipo

La idea de que estamos ante una crisis puede rastrearse desde los sociólogos clásicos en adelante. Sin embargo, consultado acerca de si es la primera vez que el mundo experimenta esta ‘niebla que baja’, Calderón afirma: “Cuando cayó Allende, sentí que era la kamanchaca total; cuando se murió Perón, también. No es solo incertidumbre, son espíritus que gozan con el riesgo de la gente. El tema es qué queda una vez que se va la kamanchaca. Por eso la academia es tan importante, para pensar esto que estamos viviendo, aunque son más rápidos los cambios que nuestra capacidad para interpretarlos. Pero, además, la kamanchaca no es uniforme, es desigual, se vive de una manera aquí, de otra manera allá. Entre los medios de comunicación y el capital financiero internacional hay que ver qué se encuentra”.

Consultado sobre los proyectos de investigación que el PIDEM lleva adelante hoy, Calderón cuenta: “Hemos pasado del bosque al árbol. Antes estudiamos la región, ahora estamos estudiando empresas concretas en cada país. Queremos ver cómo funcionan algunas firmas paradigmáticas de la Argentina y de otros cinco países latinoamericanos, sus procesos de transformación productiva e innovación, cómo se vinculan con la comunidad, la ecología, el Estado. Buscamos analizar en detalle el árbol y sus raíces, algo que no resulta fácil. Para eso, fue de mucha utilidad la lectura de un clásico estudio de Alain Touraine y Torcuato Di Tella que se llamaSindicato y comunidad”.

En este sentido, Calderón resalta que, en momentos fuertes de cambio, es importante mirar críticamente tanto a los clásicos como a las experiencias históricas más radicales.

 

 

Referendos en Bolivia

Comparto un artículo de Pablo Antezana Quiroga. Fue publicado en el Suplemento Animal Político, La Razón, domingo 10 de julio 2016

Insumos para analizar la experiencia de los Referendos en Bolivia

Con el fin de profundizar la reflexión colectiva, el análisis crítico y el debate plural; el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) presentó en las pasadas semanas los libros Urnas y democracia directa. Balance del Referendo Constitucional 2016Democracia participativa y crisis política. Análisis de los resultados del Referéndum Revocatorio de Mandato Popular 2008, ambos escritos por los investigadores Fernando Mayorga y Benjamín Rodríguez en coordinación con dicha institución.

TSE presentará dos publicaciones sobre Democracia Directa y Democracia Participativa

Estas publicaciones constituyen valiosos aportes para la reflexión sobre el fortalecimiento y el ejercicio de las democracias en el país. Ambas analizan momentos cruciales de nuestra historia política en los que el voto de la ciudadanía decidió directamente sobre la propuesta de reforma parcial de la Constitución Política del Estado (CPE), en el primer caso, y encausó un momento de aguda crisis político institucional en el segundo, según los autores. El horizonte de ambas investigaciones está proyectado por la ampliación de la democracia como aspiración de todas y todos los bolivianos y, fundamentalmente, por la efectividad del voto para decidir de modo soberano asuntos cruciales de la vida política del país.

Urnas y democracia directa. Balance del Referendo Constitucional 2016

El primer libro de Mayorga y Rodríguez presenta un balance riguroso e informado de esta experiencia inédita en la democracia boliviana: el Referendo Constitucional 2016. Esta fue la primera ocasión en que las y los bolivianos decidimos directamente sobre la reforma parcial de la CPE que, en este caso, buscaba habilitar al Presidente y al Vicepresidente para que se postulen nuevamente en las elecciones de 2019.

De los varios tópicos que abordan los autores para evaluar el impacto del Referendo Constitucional 2016 en la calidad de la democracia y en las perspectivas del oficialismo, uno de los más significativos es el análisis de las articulaciones producidas ente los diferentes órganos de poder público que intervinieron en el proceso, ya que fue manifiesta su necesidad de coordinación y, asimismo, la importancia del rol ejercido por el OEP. En relación a este último punto, a decir de los autores, cabe destacar la regulación de las campañas y de la difusión de la propaganda electoral gubernamental que llevó adelante el OEP mediante la aprobación de un conjunto de reglamentos que alentaron la deliberación democrática y el debate como elementos centrales de la democracia participativa.

Asimismo, hacen un recuento íntegro de las  diferentes aristas y complejidades que se presentaron durante el proceso que, a momentos, evidentemente adquirió un acento plebiscitario debido al rol protagónico que tuvieron los titulares del poder ejecutivo en la campaña. Así, a tiempo de destacar la trascendencia política e histórica de la consulta en la perspectiva del fortalecimiento de las democracias en el país, la investigación se adentra en el desarrollo de las campañas por parte de quienes apoyaban la reforma constitucional y de quienes se oponían a la misma, e interpreta los resultados y sus consecuencias en el marco de una eventual recomposición del escenario político boliviano.

Otros aspectos que caben destacar, además del análisis del novedoso campo electoral que configuraron las redes sociales digitales, son los referidos a una supuesta re-polarización de la sociedad –situación que los autores parecen no magnificar como otros análisis– y el hecho de que los resultados no arrojaron ganadores ni perdedores absolutos. Esto último se plantea tomando en cuenta la fragmentación que exhiben las fuerzas de oposición en el país contrastada por la base sólida y unida que sería el sostén de los primeros mandatarios. En ese marco, quizás una de las lecciones más importantes que deja el referendo es que la voluntad de la ciudadanía que acudió a votar demanda una renovación política a gran escala en el sistema político con todos los desafíos que ello implica.

Democracia participativa y crisis política. Análisis de los resultados del Referéndum Revocatorio de Mandato Popular 2008

La investigación analiza a fondo la primera y única experiencia de revocatoria de mandato de autoridades políticas que tuvimos hasta el momento en el país. Aquel 10 de agosto de 2008, tal como señalan los autores, las y los bolivianos fuimos convocados a las urnas no como resultado de la implementación de una nueva institucionalidad democrática, sino para  zanjar en derecho la compleja crisis política que atravesaba el país y se expresaba en nuevas aspiraciones sobre el funcionamiento de la democracia.

De ese modo, siendo partícipe la ciudadanía de una nueva fase de ampliación democrática por medio del mecanismo del referendo, los actores en conflicto recuperaron parte de su legitimidad –aquellos que fueron ratificados en el cargo– y tuvieron que reconocerse como adversarios políticos legítimos de aquéllos que se les oponían a su mandato. Además, como se analiza en el libro, la votación de las y los bolivianos fue decisiva para avanzar posteriormente hacia la constitucionalización de la democracia directa y participativa por medio de la adopción de cuatro mecanismos para la deliberación y la toma de decisión que fueron incluidos en la Constitución Política del Estado: la revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta previa –al igual que el reconocimiento pleno de la democracia comunitaria.

 

En ese marco, la lectura del libro permite comprobar una de las principales tesis del estudio: que la ruta del cambio en el país es un camino que se construye en base a movilizaciones en las calles, negociación política in extremis y una masiva participación en las urnas. Y, consecuentemente, esta sería la fórmula que permitió ampliar progresivamente la democracia, tanto en sus contenidos como en su ejercicio efectivo.

Así, este libro ofrece al lector un balance equilibrado y completo del “año que vivimos en peligro”, enfocándose en la dinámica compleja del sistema político, en el relacionamiento de los partidos políticos al interior del parlamento, en la conflictiva dinámica entre el gobierno central y las prefecturas gobernadas por líderes opositores y en la confluencia de estos factores en el marco del proceso constituyente que vivió el país.

Desde esa perspectiva, la lectura de esta investigación le permitirá al lector evaluar las consecuencias de los resultados electorales en la configuración del escenario político de aquel entonces y, por otra parte, permitirá comprender los efectos institucionales de la aplicación de la revocatoria de mandato en el marco de nuestra democracia. En ello radica la demodiversidad en ejercicio: en el esfuerzo por complementar la democracia representativa con los mecanismos de la democracia directa y participativa.

Sin duda, el análisis riguroso y debidamente fundamentado que Fernando Mayorga y Benjamín Rodríguez nos proponen en ambas investigaciones sobre la experiencia de los Referendos en Bolivia, será un aporte fundamental para la deliberación, ejercicio y fortalecimiento de las democracias en el país. Quedan, pues, todas y todos invitados a su lectura.

*Pablo Antezana Quiroga, investigador del Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (SIFDE), dependiente del OEP

 

Gran aceptación de libros sobre democracia en el interior del país. Se vienen presentaciones en La Paz y Santa Cruz

 

También comparto el prólogo de  Urnas y democracia directa, escrito por Isidoro Cheresky. Fue publicado en Página Siete, domingo 10 de julio 2016

Este estudio ofrece un análisis riguroso, informado y reflexivo sobre el referendo efectuado el 21 de febrero de 2016. En él se detallan e interpretan los resultados en el nivel nacional así como en los departamentos y comunidades, y las consecuencias de los resultados en una eventual recomposición de la escena política.

La información e interpretaciones que nos ofrece la elaboración de Fernando Mayorga y Benjamín Rodríguez aporta significativamente al entendimiento de un gobierno que ha postulado una refundación nacional con trazos específicos, y que en consecuencia lo diferencian de otros que en América Latina aparecen asociados a una reconfiguración de las instituciones y la vida democrática.

Bolivia ha experimentado en la última década cambios significativos, cuyo paradigma en lo que hace a la concepción de la democracia es la de Estado Plurinacional y, en consecuencia, la articulación de tradiciones de legitimidad que remiten a la representación, la participación y la comunidad.

La decisión por referendo de la posibilidad de permanencia en el poder para las personas gobernantes pone en juego intereses y concepciones variadas, y las respuestas en diferentes países democráticos son distintas. Pero lo que tienen en común las diversas regulaciones es que requieren el pronunciamiento conclusivo de lo que los ciudadanos consideran razonable para preservar la democracia como régimen del bien común; y por cierto que los gobernantes no permanecen en el poder de por vida porque la figura del poder como un lugar ocupado solo transitoriamente por un individuo es lo que caracteriza a un régimen en el que el poder está depositado en un pueblo que delibera atravesado por la tensión entre sensibilidades y opiniones diversas y, en consecuencia, es fluctuante en sus decisiones, aunque se reconoce en los principios constitutivos y en su historia.

Como nos lo recuerdan Mayorga y Rodríguez, la Constitución boliviana alude a esa disociación en la práctica de la soberanía que “reside en el pueblo en forma directa y delegada”. Se habilita de este modo la posibilidad de una democracia de ejercicio, siendo que el acto electoral otorga una legitimidad de origen pero los actos de gobierno o las iniciativas provenientes de los individuos o actores colectivos nutren una deliberación continua que condiciona e incluso, en ciertas circunstancias, veta las decisiones ejecutivas o legislativas. El referendo, considerado en este contexto, es una expresión amplia de la reemergencia del depositario de la soberanía pues convoca a todos, los más activos e informados y aquellos más alejados de la vida pública.

TSE presentará dos publicaciones sobre Democracia Directa y Democracia Participativa

Los autores de esta obra presentan, entonces, una excelente ilustración del ejercicio democrático en Bolivia, con la convergencia que acarrean los temas de controversia sobre lo que era propio de la consulta, así como de los litigios permanentes de la política nacional.

Es cierto que ese referendo —como también se afirma en esta obra— fue adquiriendo un tono plebiscitario favorecido por la intervención de los titulares del Poder Ejecutivo en la campaña. Pero, aun teniendo en cuenta esta circunstancia, está por verse si el voto que ha limitado temporalmente el ejercicio del poder a la actual cúspide gobernante tiene implicancias para el resto de su actual mandato y para el futuro del oficialismo.

*Isidoro Cheresky , destacado politólogo argentino, autor de El nuevo rostro de la democracia, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2015.

El Nuevo Rostro De La Democracia, Isidoro Cheresky

Los dilemas del MAS

Los dilemas del MAS boliviano: atrincheramiento o renovación

Fernando Mayorga, sociólogo e investigador boliviano, analiza los procesos de institucionalización que se desarrollaron con los gobiernos nacional-populares a la luz del giro político que vive la región. En breve publicará su libro sobre el referendo boliviano de febrero de este año, que anula la posibilidad de que Evo Morales se postule nuevamente como candidato presidencial en 2019. Nuevas configuraciones políticas y un panorama incierto para Bolivia en un contexto político y económico inestable

Mayo 2016

Los dilemas del MAS boliviano: atrincheramiento o renovación

Entrevista realizada por Julia Goldenberg

En virtud de la crisis de los gobiernos progresistas ¿considera que se terminó un ciclo político en América Latina y, en tal caso, a qué atribuye este desenlace?

Estamos en un momento de inflexión. El giro a la derecha en Argentina es evidente por el tipo de políticas económicas y sociales que ha adoptado el gobierno de Macri en escasos meses en el ejercicio del poder. Los otros casos, por ahora, presentan procesos políticos abiertos y el desafío central que enfrentan los gobiernos progresistas o nacional-populares es el agotamiento de un ciclo de disponibilidad de excedente económico que le daba centralidad al Estado en la economía. Ese es un primer tema que hay que resolver. En algunos casos, como el boliviano y el ecuatoriano, lo están encarando con cierta flexibilidad y adoptando políticas heterodoxas. Es decir, no manifiestan una postura reduccionista en términos estatales sino que expresan, por el contrario, una búsqueda de acuerdos y cooperación o de convenios con inversión extranjera y poderes económicos locales. En este punto, es posible ver más viabilidad en Bolivia y Ecuador que en Venezuela. Una segunda dimensión es el rol del líder. Todos estos procesos políticos han sido articulados en torno a liderazgos carismáticos muy fuertes. Alcanza, de hecho, con observar y analizar el papel actual de Lula en el Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil o lo que sucede en Argentina cuando se buscaba un candidato sustituto de Cristina Kirchner. Esos liderazgos carismáticos fuertes son, justamente, los que permiten articular las fuerzas. En el caso venezolano se ve la debilidad del gobierno de Nicolás Maduro, producto del vacío dejado por Hugo Chávez, mientras que en Bolivia se produjo la apuesta por la modificación constitucional para habilitar a Evo Morales a una nueva gestión, lo cual ha culminado en una derrota del oficialismo. Seguramente el MAS va a optar por un camino al estilo del PT, es decir, buscará un candidato para la siguiente elección con el objetivo de retornar en 2024. Es una forma de rutinización del carisma obligado por una derrota electoral (N. del E.: actualmente en el MAS surgen voces que piden repetir el referéndum y declaraciones de Morales sobre un «segundo tiempo» en el partido por la reelección). Finalmente, en Ecuador, Rafael Correa, que inicialmente optó por el camino de elegir un candidato para la próxima elección y retornar él en una subsiguiente, acabó planteando la posibilidad de un referéndum. Todos estos procesos que menciono exhiben a las claras que los procesos del progresismo y la izquierda nacional-popular latinoamericana han tenido un fuerte grado de dependencia del liderazgo carismático y esto, lógicamente, expresa problemas, ya que estos procesos no se han institucionalizado en movimientos políticos. Si las distintas experiencias no logran resolver esa situación corren el riesgo de debilitarse de manera muy rápida, como ha ocurrido en Venezuela.

¿Qué lugar ocuparon las elites bolivianas en estos últimos años?

En Bolivia, en los últimos diez años, se han producido una serie de transformaciones económicas, políticas y socioculturales. Una de ellas es, justamente, la sustitución de las elites políticas en el manejo del Estado y un mayor protagonismo del Estado en la economía, que se ha traducido en una reducción de la influencia política y económica de las elites tradicionales. En este proceso habría que exceptuar, sin embargo, al sector más poderoso que es el de la agroindustria de la zona oriental de Bolivia, específicamente de Santa Cruz, el cual ha conseguido en los últimos dos años establecer un acuerdo con el Estado para una relación de mutuo beneficio. Cabe destacar, también, que en estos años se han mantenido altas ganancias del sector bancario privado.

Además de un liderazgo carismático que presenta limitaciones, ahora hay una derecha organizada e impulsada por diversos intereses económicos…

Después de una década de repliegue ante un avance político de sectores populares, lo que se observa ahora es una recuperación, por parte de este sector, de la iniciativa política. Ese avance de la derecha se produce aprovechando este debilitamiento de los gobiernos progresistas que no resolvieron el tema de la sucesión o la continuidad política y también, por sus dificultades en la construcción institucional bajo nuevas pautas constitucionales. En el caso boliviano encontramos muchos problemas y limitaciones, lo que provoca una fuerte dependencia del liderazgo de Evo Morales. Ahora hay que ver qué hace el MAS en los próximos años para resolver este tema a partir de una mirada estratégica que implique los tres desafíos fundamentales. El primero es la propia institucionalización del movimiento político. Es decir, cómo esta coalición de actores indígenas campesinos -la coalición nacional-popular- puede permanecer en el tiempo sin que dependa de un liderazgo personalizado. El segundo desafío es mantener la política económica sin que los avatares del mercado internacional afecten de manera decisiva la reproducción de este modelo centrado en el Estado. Y el tercer desafío es construir la nueva institucionalidad del Estado plurinacional que tiene un componente de descentralización a través de autonomías nacionales.

¿Cómo se organiza este panorama en relación con las bases sociales?

En una mirada comparativa con los gobiernos de izquierda de los últimos diez años, el caso boliviano es el único en el que se produce un liderazgo que emerge de la base sindical. Nace a partir de una trayectoria dirigencial de Evo Morales durante más de veinte años. El MAS es una coalición de organizaciones sindicales, campesinas, indígenas. Esto lo distingue de Ecuador, donde Correa organiza Alianza País desde el Estado, o con la revolución bolivariana, donde el movimiento político de apoyo a Chávez se articula también desde el aparato estatal y desde las Fuerzas Armadas. Son, para decirlo figurativamente, experiencias de construcción desde arriba de legitimidad del poder. En el caso boliviano esa construcción se produce desde abajo. A esto se suma el componente identitario, puesto que el liderazgo de Evo Morales tiene un elemento adicional y es que no solo representa intereses objetivos, materiales e instrumentales, sino que también presenta y refuerza las pautas identitarias que en el caso boliviano tuvieron consecuencias en términos de una reinterpretación de la historia. Hay, además, otro grado de democratización social, no solo por la movilidad socioeconómica y por la inclusión política sino también por los aspectos de discriminación y racismo: hoy se perciben mayores grados de tolerancia, de aceptación e inclusión. Esto se vincula directamente con la presencia de Evo Morales y la dirigencia campesina indígena en el ejercicio del poder.

 

¿Considera que existen configuraciones institucionales más consistentes que en otros países?

La propia noción de Estado plurinacional tiene, en el corazón de su visión, el reconocimiento de derechos colectivos de aquel sujeto que la Constitución boliviana define como naciones y pueblos indígenas originarios. Es decir, hay un sistema de derechos que no se limita a los derechos individuales, a los convencionales, sino que integra derechos colectivos. Son básicamente derechos territoriales e implican una relación distinta entre ciertos grupos sociales con rasgos identitarios y el Estado. Ese es un primer elemento. El segundo se vincula con la democracia intercultural, que es el término que pretende dar cuenta de la combinación de tres formas de democracia: la democracia representativa, la democracia participativa y la democracia comunitaria. Esta última es la novedad. Si uno compara los regímenes políticos, o los modelos democráticos de Bolivia, Ecuador y Venezuela, encontramos que solo en el caso boliviano se reconocen formas de participación y formas de elección de autoridades y representantes mediante usos y costumbres y mediante normas y procedimientos propios de los pueblos indígenas.

¿Cómo se expresa?

Hay un 5% de diputados elegidos por los pueblos indígenas (N. del E. además de los indígenas elegidos en las listas partidarias), bajo la lógica de la democracia representativa, pero a partir de este factor identitario específico. A esto se suma la existencia normativa, escasamente implementada, del reconocimiento de las autonomías indígenas. Es decir, los 339 municipios, que constituyen la unidad básica de gobierno subnacional, pueden acceder a través de un referéndum a la posibilidad de convertirse en autonomías indígenas. Desde 2010 a la fecha, de quince municipios que hicieron ese intento, solamente dos llegaron hace meses a concluir la redacción de sus estatutos autonómicos que son, para decirlo con claridad, una suerte de pequeñas constituciones que recuperan las modalidades, costumbres y prácticas indígenas. Estos dos proyectos de autonomía indígena tuvieron desenlaces distintos: solamente uno aprobó su estatuto y en el otro caso el estatuto fue rechazado.

¿Esto qué quiere decir?

Que por ahora, en Bolivia, solo hay una autonomía indígena: en el departamento de Santa Cruz. Se trata de la autonomía indígena de Charagua que numéricamente es irrelevante pero vale la pena destacar que se trata del municipio más grande de Bolivia: 20% del territorio de Santa Cruz está comprendido en esa autonomía. El hecho de que sea sólo una autonomía indígena hasta la fecha se vincula directamente al aspecto central de la pregunta. Una reconfiguración institucional requiere un periodo de tiempo extenso para que vaya asentándose, materializándose, adoptando formas específicas de gestión de lo público, de organización del poder político para que incida en las prácticas políticas. La participación política campesina provocó esta reconfiguración institucional, pero el diseño y la construcción del nuevo Estado es un proceso lento.

¿Cómo analiza los dichos del nuevo ministro de relaciones exteriores de Brasil, José Serra, quien ya ha anunciado que pretende refundar el Mercado Común del Sur (Mercosur)?

Considero que una reconfiguración en este sentido afectaría de forma leve a Bolivia porque el principal intercambio comercial está basado en la venta del gas y eso difícilmente sea motivo de revisión. Por ejemplo, los presidentes de Argentina y Bolivia se han encontrado y pronto tendrán otro encuentro motivado por un interés mutuo en el gas. Hace muchos años, Serra hizo comentarios muy desaprensivos sobre el gobierno de Evo Morales, vinculando la historia del MAS a denuncias sobre el narcotráfico. Pero eso fue en el marco de la campaña que hacía Serra contra Lula. Por lo tanto, puede considerarse como un hecho anecdótico. Además, hasta el momento, no ha habido una declaración oficial sobre la relación con Bolivia. Independientemente de las orientaciones ideológicas que predominan en Brasil y en Argentina, es necesario no apresurarse y dejarlo como un tema abierto hasta tanto haya una declaración oficial al respecto.

¿Cómo se configuró la oposición que se enfrenta al MAS tras el referéndum de febrero pasado y cómo piensa el oficialismo boliviano su continuidad para disputar la presidencia en 2019?

El balance que yo hago del referéndum es que hubo ganadores y perdedores relativos. Se abren oportunidades tanto para el oficialismo como para la oposición. El desafío del MAS es que no se instale una rutinización del carisma de su líder, es decir que continúe su proyecto sin la presencia de Evo Morales. Esto implica un debate interno y una definición de nuevas figuras con miras a las elecciones presidenciales de fines del 2019. Paralelamente, esto exige una modificación en el estilo de gestión que le de un mayor peso a la transparencia de actos gubernamentales y a la exigencia de la gestión pública. Es claro que Evo Morales, si sale del poder, seguirá siendo el conductor del partido, al estilo de Lula en Brasil, como una especie de garante político. En el caso de la oposición también hay oportunidades interesantes, puesto que el referéndum del 23 de febrero muestra una diversificación del campo opositor. El campo opositor estaba circunscripto al ámbito parlamentario con la presencia de tres partidos de centroderecha, enraizados en los partidos históricos. Durante el referéndum se organizaron plataformas ciudadanas y se movilizaron fuerzas regionales en el caso específico del departamento de La Paz que, desde posiciones de izquierda, criticaron al gobierno. El único acto de cierre de campaña lo realizaron colectivos ciudadanos que tenían un discurso de crítica al MAS desde posiciones más bien programáticas. Tanto el gobernador, como el alcalde de La Paz, que son los distritos más importantes en términos electorales, son de un partido político de oposición que no tiene presencia parlamentaria. Con esto quiero decir que lo que surgió el 21 de febrero fue una oposición extraparlamentaria, que tiene hacia 2019 posibilidades de forjar una candidatura opositora al MAS pero sin vínculo con los partidos parlamentarios. En los dos casos, sobre todo en el caso de la oposición parlamentaria, el problema es el siguiente: ante la ausencia de Evo Morales como rival electoral todos los partidos creen que pueden ser vencedores en 2019. Entonces, es muy improbable que existan acciones para forjar un frente único al estilo venezolano. Esa fragmentación, que lleva diez años, puede ser favorable al MAS incluso si Morales no es el candidato.

¿Cree que el MAS podrá superar el liderazgo de Evo Morales?

Hay una amenaza externa, que durante diez años no enfrentó el MAS, que es la de la desaceleración económica. Esto, sin dudas, puede provocar descontento y el retorno de una fase de conflictividad. Un proceso así podría minar parte de las bases sociales de apoyo al MAS. Uno de los desafíos es, justamente, cambiar el estilo de gestión y buscar mayor eficiencia para que el riesgo de inestabilidad económica no provoque inestabilidad política. Lo que ocurra en los próximos tres años va a depender mucho de los movimientos del MAS. Puede optar por dos vías: refugiarse en una postura meramente de rechazo a sus detractores, apelando al pasado, acusándolos de neoliberales y alertando sobre conspiraciones norteamericanas o apelar a una renovación. Lo mismo vale para la oposición. Las condiciones político institucionales están dadas, se abre un mayor margen de acción para los nuevos actores políticos. Hay que esperar y ver cómo se desarrolla todo esto.